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El goleador que le ganó una pulseada al destino

A Manuel Abentín la vida lo puso ante una dura prueba. Después, brilló en Ferro, ascendió a la Primera Nacional con Ciudad de Bolívar y hoy es la máxima figura de Estudiantes.

Foto: Claudio Stular

 

Las mayores dudas que tiene Manuel Abentín son con el Registro Civil, que no le permite confirmar si su apellido se debe escribir con “b” larga como su padre y con “v” corta como su tía. Frente a los arcos no duda y así se fue convirtiendo en uno de los delanteros más temibles de la región.

 

 

Pero antes de disfrutar de lo que el fútbol le ha dado, como trascender las fronteras de su Henderson natal, pelear por el ascenso al Federal “A” con la camiseta de Ferro, ser convocado por Ciudad de Bolívar para subir a la Primera Nacional, ponerse frente a frente con River en una Copa Argentina y ser hoy una de las máximas figuras del fútbol de Olavarría, la vida lo puso ante una prueba brava.

 

 

Allá por septiembre de  2019 aún jugaba en Juventud Unida de Henderson (el mismo club de los comienzos de Claudio Paul Caniggia) y lo que era una práctica como tantas otras derivó en una situación inesperada.

 

 

“Estaba entrenando en mi club y me mareé. Justo estaba una médica que es de Buenos Aires y su esposo es del pueblo, me tiró en la camilla del hospital y me iba diciendo ‘levantá las manos’, ‘apretá los dedos’. Yo pensé que me iban a tomar la presión y listo, pero como en Henderson no tenemos tomógrafo me mandaron a hacer una tomografía en Pehuajó. Sesenta kilómetros en una ambulancia; yo no entendía nada. Cuando volví me dijeron que en la tomografía se veía un puntito blanco” contó “Chuky”.

 

 

El estudio reveló la presencia de un cavernoma, un tipo de malformación benigna compuesta por pequeños vasos sanguíneos anormales en el cerebro, con aspecto de "frambuesa", que pueden no presentar síntomas o causar convulsiones, dolores de cabeza o sangrados menores.

 

 

De un entrenamiento rutinario en su club Manuel derivó al hospital de alta complejidad “El Cruce” de Florencio Varela. “Me hicieron más estudios, me dieron el alta y me dijeron ‘andate, no hagas nada y la semana que viene volvé que te esperamos’. Yo estaba sólo, sin teléfono, lejos de mi pueblo; en la cama de un lado tenía un pibe internado por consumos problemáticos y al otro lado un pibe al que le había dado un botellazo en la cabeza a la salida de un boliche y los familiares que lloraban” contó. 

 

Casi 7 años después, recuerda que nunca entró en pánico: “Yo siempre cuento que nunca tomé dimensión de lo que me estaba pasando. Me internaron y una enfermera me dijo ‘te voy a cortar un poquito el pelo’. Jamás me imaginé que me iban a cortar el cráneo para operarme”.

 

 

La recuperación y la reeducación de algunas partes de su cerebro terminó de concretarse durante la pandemia. “Al principio me entrenaba con un profe en un gimnasio. Me tiraba una pelotita y no tenía nada de fuerza en las manos para tomarla. En medio del Covid empecé a trabajar en el equilibrio, la fuerza, la coordinación. Me acuerdo de que cuando me dieron el alta y le pregunté al cirujano si iba a poder volver jugar me dijo ‘cuando te saques los puntos podés hacer lo que se te da la gana’ y al año volví a jugar en el campeonato de la Liga de Pehuajó ” repasó Manuel.

 

 

Un incidente reciente  puso a prueba aquellas palabras del cirujano, en el polémico choque con Bonavetti, el arquero de Embajadores (porque unánimemente se pidió penal).

 

 

“Lo único que me acuerdo es que Nicola (Orsatti, ayudante de Mauricio Peralta) me decía ‘respirá, respirá’ y el doctor de Embajadores (Sebastián Lombardo) me decía ‘tranquilo que está todo bien’. Me hicieron una tomografía y estaba todo en orden” acotó.

 

 

“Venimos de ganar una final”

 

Esta vida que lo puso a prueba, hace dos semanas lo recompensó con la llegada de Lorenzo, su primer hijo, la gran razón de haberse establecido en Olavarría. “Mi pareja es de acá y yo no tenía ganas de andar por un lado y la familia por el otro” confesó.

 

 

También le dio el privilegio de participar en aquella eliminatoria de Copa Argentina con Ciudad de Bolívar frente a River. “No jugué ese partido, pero para mí fue algo increíble. ¿Si cambié la camiseta? No porque soy hincha de Boca (risas). Me quedé con el pantalón de Meza” reportó Chuky.

 

 

Algunas semejanzas que vio entre Estudiantes y el club que es dueño de su pase fueron la clave para su segundo ciclo en Olavarría, con otra camiseta. “Me gusta el club, es un estilo Balonpie. Es ordenado, cuenta con un equipo de trabajo que viene desde hace mucho tiempo, con Mauricio (Peralta) al frente” marcó.

 

 

El hoy propone una definición nada menos que con Racing. “Venimos bien, porque jugamos una especie de final anticipada contra El Fortín, que había ganado casi todos los partidos, aunque no se había cruzado con ningún equipo fuerte, porque nosotros, Embajadores y Racing llegamos por otro lado. Creo que en los dos partidos golpeamos en los momentos justos y a ellos les vino mal perder el primero en nuestra cancha y recibir un gol antes de los cinco minutos en la revancha ” analizó Manuel. 

 

 

La final propiamente dicha empezará este domingo. “Me parece que se va a poder jugar, que vamos a tener espacios los dos equipos. Nosotros tenemos jugadores rápidos, ellos van para adelante. Después veremos quién lo hace mejor” anticipó.

 

 

Para cerrar hizo alusión a la camiseta que lo proyectó más allá de los límites de su pueblo: “Menos mal que Racing ganó la otra semi, porque no me hubiese gustado tener que enfrentar a Balonpie en la final. Es el club que me dio la gran oportunidad en el fútbol”.

 

 

 

 

 

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