Astrid Pikielny es periodista y politóloga y junto a Andrés Malamud escribieron el libro “Operación Argentina”, editado recientemente por editorial Planeta.
El sábado 27 de junio presentarán la obra en Olavarría, en la sede del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, en Rivadavia 2461, desde las 11:30 horas.
Antes, Pikielny, que publica asiduamente sus notas en el diario La Nación, dialogó con Verte sobre el libro y las reflexiones que ofrecen a los lectores. “A días de la asunción de Javier Milei, en 2023, la editorial nos convocó a pensar los 40 años de democracia. En un principio íbamos a poner el énfasis en comparar las experiencias de mercado, Menem, Macri y Milei, pero luego pensamos que era más fértil recorrer las distintas experiencias de los últimos 40 años a la luz del presente”, detalló.
“Y como bien dice Carlos Pagni, el libro que se esconde detrás del libro es un libro sobre Milei. Recorremos los distintos períodos a la luz de una anomalía y de un fenómeno extraño, un laboratorio atípico como es el laboratorio Milei”, explicó.
Ambos politólogos, Pikielny y Malamud, se organizaron para tener conversaciones semanales e ir gestando la conversación que luego sería libro. “Tratamos de cumplir rigurosamente a pesar de los husos horarios y las distancias”, aclaró, ya que ella vive en Buenos Aires y él en Lisboa, Portugal.
“Hay varios movimientos o, podría decir, varias operaciones detrás de ‘Operación Argentina’. Por supuesto hay una operación de ir hacia el pasado y volver al presente, o sea, hay un trabajo de perspectiva histórica con las continuidades y las rupturas. O sea, qué se mantuvo y qué cambió en estos 40 años”, apuntó.
“Hay perspectiva comparada, de manera que esa mirada hacia lo que sucede en Argentina también trata de abarcar el vecindario, la región y el mundo, sobre todo con el fenómeno Milei que no es un fenómeno barrial y tampoco un fenómeno verbal, solamente”, ironizó.
“Y la tercera operación, que creo que es la que más nos inquietaba, fue intentar pensar y analizar y decir algo sobre lo que está ocurriendo en el presente”, admitió.
“Hay recaudos que uno tiene que tener en cuenta cuando se intenta pensar el presente, por prudencia, para no ser irresponsable ni pensar que cuestiones que pueden parecer definitivas, son transitorias”, analizó.
“Nos pareció atinado pensar qué es estrépito, qué es ruido y qué es una una transformación o podría ser una transformación más de fondo. Y eso fue algo que tuvimos muy presente. Andrés (Malamud) es como un atleta de alto rendimiento, capaz de ir, venir, pensar en todo”, repasó.
¿Cuáles son las otras experiencias mundiales con las que dialoga Milei? “Andrés recorre los liderazgos de derecha, de extrema derecha, la internacional reaccionaria y compara qué cosas tienen en común y cuáles las diferencian. Analiza la experiencia de Jair Bolsonaro y lo que pasa con las extremas derechas europeas y ahí hay un juego y un trabajo analítico”, detalló.
“Entre estos miembros de una familia hay parecidos y diferencias. Milei es más globalista y Trump, más nacionalista. Eso está explícito en el libro y me parece interesante. Y otra operación que hace es comparar a Menem, Macri y Milei. La mirada comparativa es un entrenamiento que tiene absolutamente incorporado”, contó.
Sobre el método de análisis, Astrid aportó: “Andrés piensa los fenómenos por oposición, por contraste o por similitudes. Y ese juego está presente a lo largo del libro para pensar distintos temas”.
Si uno tuviese que explicar producto de qué cosa llega Milei al gobierno, ¿qué dirías? “Es producto de un hartazgo de la sociedad frente a los sucesivos fracasos económicos que nos trajeron hasta acá”, respondió.
“En 1930 se rompió la política y la economía, la política por el golpe de Estado y la economía cuando quedamos afuera por la crisis mundial”, repasó.
“En 1983 Alfonsín recupera la política y deja una democracia que sobrevive a su mandato y de la que todavía gozamos”, evaluó.
Sin embargo, observó: “Queda pendiente arreglar la economía. Ahí el aporte de Andrés, que es bastante provocador, es que la misión de Milei es reparar la economía y que se logre que la estabilidad económica sobreviva a su primer mandato”.
“¿Cuál podría ser su legado?, se preguntó. Una democracia fiscalista, que viene quedando pendiente, porque Argentina ha tenido a lo largo de los años la mayor cantidad de default y de recesiones del mundo y, al mismo tiempo, mantuvo por impericia, incapacidad o por lo que fuera un fenómeno que es una anomalía en el mundo: la inflación”.
“Entonces, la mirada de Andrés es que Milei debería ser el Alfonsín de la economía”, concluyó.
“¿Qué reformas? ¿Con qué profundidad? ¿A qué velocidad? ¿Con qué tipo de recortes? Hay todo un debate respecto de qué es lo que queremos que deje esta experiencia de gobierno”, reconoció.
“En todo caso, pareciera que hay un nuevo consenso y es que había un Estado sobredimensionado, que parecía presente y no lo era del todo. Además, colonizado por intereses corporativos, camarillas, mafias, si bien algo de eso también perdura”, aclaró.
¿Hay preocupación en el libro sobre lo que podemos llamar la tentación autoritaria? “Cuando uno le pregunta a Andrés cuál es la relación de Milei con la democracia, suele decir que Milei es predemocrático, pero que no es antidemocrático porque se somete a la voluntad de la mayoría”.
“O sea, que no tiene convicciones democráticas ni antidemocráticas, que soporta a la democracia, pero no la ama”, detalló.
“Ahora bien, me pregunto, si no ama la democracia, ¿qué riesgo corremos con una eventual reelección?”, añadió.
“Y por otro lado hay signos que tienen que ver con la erosión de la democracia y son alertas que hay que tomar en cuenta. El hostigamiento a la prensa, a la libertad de expresión, el no cumplir leyes que están promulgadas y ratificadas por el Congreso”, enumeró.
“La mirada de Andrés es si Milei tiene un mandato está bien, si tiene dos, hay inquietud”, resumió.
Ser periodista en tiempos de Milei
Astrid Pikielny se manifestó un tanto dubitativa ante la consulta y observó: “Me pregunto si el periodismo profesional no estuvo siempre bajo asedio, bajo presiones externas y hostigamiento. Las presiones externas son inherentes al oficio bien ejercido y el poder siempre presiona con mejores o peores modales”.
“El periodismo profesional incomoda. Sí creo que hay novedades porque vivimos en un mundo con líderes disruptivos, en algunos casos outsiders, como pueden ser Milei, Trump o Bolsonaro. Son políticos trolls, no hay una cultura del argumento, una pedagogía del argumento. Hay una cultura del grito, del insulto, del bullying, de la provocación permanente”, reconoció.
“Además, esto se mezcla con difusión de datos falsos, manipulación de la información y con el acoso permanente verbal y digital a la prensa y a los líderes de los medios de opinión”, repasó.
“Y también es cierto que mercaderes, traficantes, ensobrados, ha habido siempre y hay gente que no está a la altura y que no dignifica su trabajo”.
“También es cierto que el periodismo desde hace ya muchos años padece una crisis de reputación, de confianza, de audiencia y que también es una obra de vanidades. Por supuesto hay excepciones”.
“Hay periodistas que salen a la calle, son reconocidos, se vuelven locos, los maquillan en un canal y ya creen que la meta es convertirse en celebridades, usan las redes para sumar seguidores, haciendo posteos que no serían publicados con su firma en ningún medio serio. Hay una confusión, ¿no?”
Igual, separó: “La mayoría de los colegas están trabajando precarizados y tienen que reunir tres o cuatro trabajos para llegar a para llegar a final del mes”.