En Argentina, el 21 de junio se celebra el Día del Apicultor con el objetivo de promover la actividad que no sólo produce miel, sino también una variedad de productos como cera, polen, propóleos y jalea real.
Las abejas contribuyen a la biodiversidad de los ecosistemas naturales y tienen además, una relación directa con la mayoría de los alimentos que consumimos. Con la polinización de las flores, favorecen la producción de más cantidad y mejor calidad de frutas y hortalizas: café, sandía, melón, uva, frutilla, frambuesa, frutas de carozo y pepita, naranja, almendras y cerezas, entre muchas otras.
El color, olor, sabor, aroma y consistencia de la miel están asociados con su origen geográfico y botánico. Es decir, de las distintas fuentes de flores y plantas visitadas por las abejas, se obtendrá el néctar. El color es una característica de importancia comercial, puede variar prácticamente desde una casi incolora hasta distintos matices de amarillo, ámbar y café.
La consistencia de la miel puede ser líquida o cristalina; la mayoría de las mieles cristalizan con el tiempo. El origen botánico de las mieles y la temperatura definen la mayor o menor facilidad de estas a cristalizar. Por debajo de 14 °C se acelera el proceso de solidificación.
El Senasa realiza controles de los productos en los establecimientos inscriptos con el fin de establecer su trazabilidad y verificar que no contengan sustancias químicas sintéticas o naturales.
En cuanto a sus propiedades saludables, el Senasa considera que "en el hogar o en el trabajo siempre son buenos lugares para tomarse un momento para consumir miel, un producto con propiedades y beneficios para la salud ya que es eficaz para tratar heridas de la piel; la tos y alergias; reduce el colesterol; previene problemas del corazón y el estreñimiento; ayuda a la digestión y a bajar de peso; sustituye el azúcar como endulzante y contiene pequeñas cantidad de antioxidantes, vitaminas y minerales".
Fuente: La Voz del Interior/25 Digital