Economía doméstica en tiempos de crisis

Economía doméstica en tiempos de crisis

Dentro de un contexto de crisis económica, nuestros ingresos tienden a disminuir, los gastos a aumentar y la posibilidad de cubrir el desequilibrio financiero incrementando el endeudamiento, con un costo cada vez más caro, puede desembocar en una situación crítica y en ocasiones muy difícil de revertir. En esta nota te presentamos algunas recomendaciones para afrontarla de la mejor manera posible.

Desde hace un tiempo, por lo menos en el ámbito de la economía doméstica, podemos decir que comenzamos a sentir los impactos de la crisis que azota al país, en términos macroeconómicos desde principios de año.


Esta realidad se va deslumbrando poco a poco, con el correr de los meses, y sin darnos cuenta sufrimos sus consecuencias, a veces sin poder anticipar las mismas y con la invariable pérdida de oportunidades para atenuar o evitar sus efectos indeseados. Para esto, en tiempos de inestabilidad económica, la primero que se genera es la incertidumbre sobre cómo se van a comportar las variables económicas del sistema general, que tarde o temprano terminarán irrumpiendo en la economía y finanzas personales y familiares. 


En todo esto, habrá cuestiones que no podremos evitar que sucedan, pero no obstante con alguna cuota de precaución y organización, seremos capaces de evitar que nuestra situación económica  y financiera se agrave un tanto más. 


La devaluación de la moneda nacional hace que el poder adquisitivo de nuestros ingresos se vea deteriorado a medida que avanza el proceso inflacionario. Esto erosiona en términos reales la capacidad de compra de nuestros ingresos, por lo que en el tiempo podemos considerar que los mismos disminuyen. Por otra parte, el incremento sostenido en el precio de los bienes y servicios, hace que el monto disponible -luego de afrontar los gastos corrientes habituales- sea cada vez menor. Este panorama cuando se presenta, hace que podamos caer en serios desequilibrios económicos y  financieros en nuestra economía doméstica.

 

Gran parte de estas situaciones harán colapsar el presupuesto doméstico si continuamos con desmanejos en las finanzas. Por ello es fundamental asumir que dentro de un contexto de crisis económica, nuestros ingresos tienden a disminuir, los gastos a aumentar y la posibilidad de cubrir el desequilibrio financiero incrementando el endeudamiento, con un costo cada vez más caro, desemboque en una situación crítica y en ocasiones muy difícil de revertir. Para evitar este tipo de crisis se requiere de una especial disciplina en el presupuesto de ingresos y gastos.
Con el objetivo de preservar la buena salud de nuestras finanzas domésticas, algunas cuestiones a tener en cuenta para incorporar en nuestros hábitos son:

 

•    Ingresos con expectativas realistas

Los ingresos en situaciones de crisis tienden a estancarse en términos nominales y disminuir en términos reales en el futuro.  En el momento de prever ingresos futuros debemos ser cautos en no estimar incrementos irreales en los mismos, a fin de evitar realizar gastos o tomar deudas que llegado el momento de abonarlos no vamos a contar con dichos ingresos.

 

•    Presupuesto de Ingresos y Gastos

Contar con una previsión de ingresos y gastos mensuales nos va a permitir organizar un presupuesto. Esto nos dará una clara perspectiva de los gastos fijos y variables y de los recursos con los que verdaderamente contamos para afrontar la totalidad de pagos mensuales.

 

•    Revisión de gastos fijos

Una vez que detallamos los gastos fijos, es importante detenernos a analizar la necesidad de contar con ellos conforme a la situación actual, replanteándonos la posibilidad de dejar de lado gastos superfluos o innecesarios que, hasta ahora, por tener capacidad de pago los sosteníamos en nuestro presupuesto mensual. En caso de que notemos incrementos significativos en gastos imprescindibles (como la luz, el gas, etc.),  es importante analizar la disminución o supresión de otros gastos fijos para compensar el incremento de aquellos gastos centrales o insustituibles.

 

•    Vamos por los gastos hormigas

En caso de registrar los gastos que efectuamos, el análisis de los mismos nos va a permitir detectar aquellos gastos hormigas que nos generan un egreso de dinero, pero que no los tenemos en cuenta en la previsión de gastos fijos y variables en nuestra economía doméstica. Estos gastos, generalmente, son menores, habituales, no planificados, y que solo tienen incidencia en la economía de la casa si los podemos identificar y sumar. Una vez identificados, vamos por ellos.

 

•    Organizar las deudas

El detalle de los compromisos de pagos con sus fechas de vencimientos, plazos de pagos (meses) y el monto de cada uno, hace que nos permita ver más en detalle qué posibilidades tenemos de asumir nuevas deudas, evitando la acumulación de vencimientos en el tiempo por sobre nuestras posibilidades efectivas de pagos. Además hace posible la planificación del orden de cancelación de las mismas (teniendo en cuenta el costo financiero y plazo de cada una).

 

•    La regla del 70/30

Hay una regla general en la economía doméstica que aplica en una realidad de crisis, donde nos tenemos que volver extremadamente cuidadosos en la asignación de nuestros ingresos a los gastos:
El 70% del ingresos debemos asignarlos a gastos de vivienda (cuota de la hipoteca o alquiler), educación (cuota y gastos de escuela), salud y transporte; Y el 30% asignarlo por partes iguales a la cancelación de deudas y ahorros/esparcimiento. Una vez cancelada la deuda, destinar el 20% del monto al ahorro.

 

•    Ahorros en tiempo de crisis

En un contexto donde los ingresos se ajustan y los gastos crecen excesivamente, el margen de ahorro se ve muy disminuido, no obstante con un ajustado presupuesto puede quedar alguna parte de los ingresos que podemos ahorrar con algún objetivo específico. Para llegar a buen puerto con el objetivo propuesto, es importante considerar que el medio en el que vamos a ahorrar nos permita conservar el poder adquisitivo de la moneda. Alguno de los destinos de estos ahorros pueden ser en divisas extranjeras (dólares o euros) o en metales preciosos (oro), entre otros. En caso de optar por colocaciones financieras, las mismas deberán tener un rendimiento superior al de la inflación esperada para el período de inmovilización.

 

•    Tarjetas de créditos

Lo mejor que podemos hacer es guardarlas y olvidarnos dónde para evitar la tentación de utilizarlas en tiempos de crisis. El costo de la utilización de la tarjeta de crédito y su acumulación en el tiempo, nos puede meter en una situación muy compleja de salir. Por ello, es importante que ese “crédito” que tenemos sea como la rueda de auxilio del automóvil, que nos permite acudir a su uso en casos extraordinarios. Los gastos fijos y variables habituales de cada mes deben financiarse con los ingresos habituales. Caso contrario, corremos el riesgo de comenzar a gastar más de lo que tenemos.
La tarjeta de crédito tiene un costo implícito y otro costo financiero explícito. Vamos a analizar el primero, el que “no se ve a simple vista”. Cuando compramos algo en cuotas, al precio de venta pactado se le agrega un porcentaje mayor (por ejemplo un 20%). Del resultante, se estipulan las cuotas, por lo cual el precio que compramos con la tarjeta pasa a ser un 20% más caro que el precio de contado. Por su parte, el costo explícito surge con el colapso de nuestras finanzas domésticas, cuando nos vemos imposibilitados de abonar la suma total del resumen y optamos por pagar el mínimo. El mayor costo financiero que actualmente azota a la economía doméstica, son las altas tasas de interés de las tarjetas de créditos.

 

En conclusión, para transitar momentos de crisis donde nuestra economía doméstica se ve amenazada, es fundamental enfocarnos en mantener un ajustado equilibrio entre nuestros ingresos y gastos; y estar atentos a los “gastos extras no planificados”, y con qué los afrontaremos, para que nuestra realidad económica de todos los días transcurra sin sobresaltos.

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