Cada dos domingos al mes, de 15 a 20, distintos espacios de la ciudad reúnen a emprendedores locales que ofrecen productos de diferentes rubros. Las fechas de las ferias se establecen con anticipación para todo el año y solo se modifican cuando las condiciones climáticas impiden su realización.
En la Feria Rustikera participan alrededor de 55 emprendimientos, mientras que en La Roberta el número llega a unos 60. El valor de los puestos depende de la dimensión del stand y los precios van desde $29.500 hasta $32.500.
Para quienes participan, la feria no representa su principal fuente de trabajo, sino un complemento dentro de una actividad que muchas veces se sostiene de manera independiente. “Hoy es un complemento, no se puede vivir del emprendimiento”, explicó una de las emprendedoras consultadas.
Esta situación también aparece reflejada en los datos publicados por la Coordinación de Economía Popular de la Secretaría de Desarrollo Económico y Productivo del Municipio, señala que el 68,8% de las personas registradas considera a su emprendimiento como un ingreso complementario, mientras que para el 31,2% constituye su principal fuente de ingresos.
Informe del registro de emprendedores y trabajadores de la economía social y popular del partido de Olavarría. Elaborado por la coordinación de Economía Popular del Municipio.
La situación económica también se refleja en la facturación de los emprendedores. “Las ventas vienen flojas, como a todo el mundo. Pero siempre, siempre algo se vende”, contó una de las feriantes. En ese contexto, el objetivo inicial es alcanzar a cubrir el costo del puesto. “Sí, se recupera el costo que es lo mínimo”, señaló.
El dato se relaciona con otra de las dificultades que aparecen en el relevamiento municipal, el 22,8% de los trabajadores de la economía popular identifica la falta de regularidad en las ventas como uno de los principales problemas para comercializar sus productos, mientras que un 19,1% señala una demanda insuficiente.
Sin embargo, vender no siempre significa obtener una ganancia inmediata. Detrás de cada producto hay horas de producción, compra de materiales, organización y difusión. Aunque los artículos encuentren compradores, el volumen de ventas puede ser menor al esperado y recuperar el costo del puesto no necesariamente significa obtener una ganancia.
Las ferias ocupan, además, un lugar importante dentro de las formas de comercialización de los emprendimientos locales. Según el registro municipal, el 36,5% de las personas relevadas utiliza las ferias para vender sus productos. Le siguen la comercialización desde el domicilio particular, con un 23,1%, y WhatsApp, con un 15,5%.
Algunos emprendimientos llevan varios años participando de estos espacios y cuentan con compradores que regresan a buscar productos que ya conocen. “Tengo gente de hace mucho, desde los comienzos te vas haciendo tu público que viene a comprar”, relató la emprendedora.
Además de funcionar como espacio de venta, las ferias permiten mantener el contacto con otros emprendedores y con los clientes. En este sentido, WhatsApp se convirtió en una de las principales herramientas para organizarse. Un grupo de difusión reúne a más de 600 emprendedores locales y concentra información vinculada con las ferias de la ciudad y la zona.
Las formas de pago también cambiaron, cada vez son más habituales las transferencias entre quienes compran en estos espacios. “Hoy la transferencia es esencial para vender, es el método de pago que más eligen”, sostienen algunos testimonios de los emprendedores.
Según el último informe municipal señala que el 85,8% de los emprendimientos relevados son unidades productivas individuales y que el 67,6% de las personas realiza sus actividades productivas en su propio domicilio. En muchos casos, una misma persona se encarga de producir, comprar materiales, promocionar, vender y administrar el emprendimiento.
A esto se suma que una parte importante de los trabajadores tiene dificultades para calcular cuánto genera con su actividad. El relevamiento indica que el 40,4% declara una facturación mensual hasta $66.000, mientras que el 28,2% manifiesta no saber cuánto factura. El propio informe señala que esta situación puede dificultar el cálculo de los precios de venta y del valor de la hora de trabajo.
En este contexto, las ferias funcionan como uno de los espacios donde los emprendimientos pueden acercarse directamente a sus consumidores, probar sus productos y generar nuevos clientes. Pero también representan un gasto que debe ser recuperado antes de pensar en una ganancia.
Así, detrás de los stands de cada feriante hay mucho más que una venta de domingo, se transforma en una oportunidad para promocionar el emprendimiento y para generar un ingreso extra. La feria se convierte en un espacio en donde se construyen vínculos entre emprendedores con la esperanza de que las ventas aumenten.
(*) Esta nota fue realizada por la estudiante de Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales (Unicen) Victoria Brauton en el marco de las Prácticas Profesionalizantes.
