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De Olavarría a empresarios industriales en Neuquén

Sergio Zabala y María Elena Schwindt se establecieron en Rincón de los Sauces a finales de los 80. En la actualidad tienen una empresa familiar de más de 30 años de trayectoria en petróleo y gas.

Foto: Río Negro

 

Sergio y María Elena llegaron a la provincia de Neuquén desde Olavarría en 1988. El sueño de trabajar de manera independiente los acompañaba desde hacía tiempo. Los miedos y las inseguridades también formaban parte del proyecto. Apostaron por Rincón de los Sauces, una ciudad que recién comenzaba a crecer, y esa decisión marcó el inicio de su camino. Hoy se consolidan como una empresa familiar con más de 30 años de trayectoria en la industria del petróleo y el gas.

Sergio Zabala era ingeniero civil. María Elena Schwindt estudiaba Ingeniería Química. Se casaron en Olavarría en 1988 y, desde entonces, la idea de emprender su propio camino empezó a tomar forma. Armaron las valijas y comenzaron un recorrido que los llevó por distintas ciudades. “Pasamos por varios lugares: Zapala, Cutral Co, Huincul, Neuquén, siendo dependientes, hasta encontrar uno que nos permitiera emprender", cuenta Zabala. Ese lugar fue Rincón de los Sauces, muy distinto al que se conoce hoy.

 

Llegaron con su hija mayor de un año. En ese momento, Sergio trabajaba en una compañía que incluso le ofreció regresar a Buenos Aires. “Nos quedamos acá”, recuerdan. La apuesta no fue sencilla: “Faltaban muchos servicios. Era el año 92, había muy poco, de hecho no había pavimento para llegar”, recuerda Zabala. Para acceder a la localidad había que recorrer cerca de 170 kilómetros de ripio.

Con muy pocos recursos, dieron sus primeros pasos en la actividad. Comenzaron realizando antepozos para equipos de perforación, en un contexto de fuerte crecimiento petrolero. “Empezamos muy de abajo. Él era operativo, iba al campo con la gente, y yo era administrativa”, cuenta Schwindt. Ella había dejado de estudiar Ingeniería Química para formarse en administración de empresas.

Teníamos una camioneta, un camión alquilado y una hormigonera alquilada. Así juntábamos el árido para poder trabajar”. La actividad no tardó en intensificarse: “Entre Chihuidos y Lomitas había 47 equipos. Era un boom”, rememora Zabala. La empresaria agrega: «No nos olvidaremos de nuestros primeros clientes: Zille SRL, SADE y Contreras Hnos».

El crecimiento fue gradual y prudente. No se trató de una expansión acelerada, sino de avanzar paso a paso. “Siempre fuimos muy conservadores, nunca nos largamos a hacer cosas que no pudiéramos sostener ”, afirma Schwindt.

Con el tiempo, la empresa fue ampliando su alcance dentro del sector. “Empezamos haciendo obras en la industria petrolera, gasífera y también eléctrica, con trabajos de hormigón armado. Después fuimos creciendo, incorporamos equipos viales y pasamos a hacer movimiento de suelos y obras industriales de hormigones estructurales”, explica Zabala.

 

Hoy cuentan con su propio equipo e infraestructura que les permite autoabastecerse en sus obras y proyectos. Alrededor del 2012, incursionaron en hotelería, como un proyecto familiar en la zona, y recientemente comenzaron a dedicarse a desarrollos inmobiliarios acompañados por sus hijos.

El crecimiento también estuvo marcado por personas claves. Zabala destaca especialmente a uno de sus primeros colaboradores: «Nuestro jefe de obra, Fausto Guzmán, fue un artífice de nuestra empresa. Fue capataz general y una persona fundamental desde el inicio”. Aunque aclara que el desarrollo fue colectivo: “Toda la gente que se fue incorporando hizo que CISA creciera”. Para él, la clave es clara: “Una empresa sin buena gente no es una buena empresa”.

Actualmente, la compañía sostiene a unos 600 empleados, lo que implica una gran responsabilidad. “Detrás de la empresa hay 600 familias. Cuando uno se transforma en empresario, también asume una responsabilidad social”, destaca. En ese sentido, el valor humano se convirtió en el eje central del proyecto.

A lo largo de más de tres décadas, atravesaron distintos momentos críticos del país. La crisis de 2001 y la pandemia fueron algunos de los más difíciles. “Hubo que sostener al equipo. Sabíamos que no era solo lo netamente económico, la trayectoria… era el personal que había que sostener”, recuerda Schwindt. En esos contextos, la decisión fue decisiva: priorizar a quienes forman parte de la empresa.

«Hicimos el esfuerzo conjunto», dice Schwindt. «Trabajamos con determinados clientes que también nos dieron una mano para atravesar estas crisis y hoy sigue esa fidelidad», expone la empresaria. «AESA e YPF son nuestros principales clientes, nos han permitido crecer y generar empleo», agrega Zabala.

Con el paso del tiempo, la empresa mantuvo su esencia familiar, aunque con una estructura más amplia y profesionalizada. La esencia se mantiene: crecer sin perder el control ni el equilibrio. “No somos partidarios de crecer desmesuradamente. Preferimos saber hasta dónde podemos llegar y hacerlo bien”, sostiene el empresario.

La apuesta por Rincón de los Sauces fue, desde el inicio, una decisión estratégica. “Vimos que había un futuro, un horizonte. Estar ahí, presentes y al servicio del cliente, significaba dar un paso hacia el crecimiento».

De cara al futuro, el panorama es alentador, impulsado por el desarrollo energético de la región. Sin embargo, el foco no está únicamente en lo económico. “El desafío hoy es el recurso humano. La clave sigue siendo la gente”, concluye Zabala.

A más de tres décadas de sus inicios, la empresa fundada por Sergio Zabala y María Elena Schwindt en un Rincón de los Sauces que recién comenzaba a crecer, continúa en manos de la misma familia, consolidando una trayectoria marcada por el crecimiento sostenido, la calidad y el valor del trabajo.

Fuente: Río Negro

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