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Ayer cuchas y cadenas, hoy familia multiespecie

Los cambios que se han producido en la relación entre los animales de estimación -mal llamados mascotas- y los seres humanos y las cuestiones de su esencia biológica que no se deben perder de vista. 

 

Nunca fueron ajenos o seres extraños en el hogar, pero los tiempos han cambiado, las formas de relacionarse también y hasta el lenguaje quiere empezar a cambiar: dejar de lado el término “mascota”, que muchos consideran inapropiado, para empezar a referirse a ellos y ellas como animales de estimación.

Mascota -dicen los especialistas- se trata de la derivación de “mascot” una palabra del idioma francés que refiere a un amuleto, un fetiche.

Hoy se habla de “familias multiespecies”. El gasto en los animales está en auge, no sólo para lo esencial como la atención veterinaria, sino también para golosinas, juguetes e incluso viajes, otra muestra de la tendencia a tratar a los perros como miembros de la familia, merecedores tanto de protección como de cariño.

Hay un mercado inmenso -en las grandes urbes sobre todo- que favorece cada vez más una actitud de humanización (peluquerías, salones de fiesta, boutiques y diseñadores de ropa, restaurantes y hoteles pet friendly). 

Se identifican especialmente en este nicho social a mujeres que postergan la maternidad y hombres la paternidad por proyectos personales; parejas que eligen no tener hijos; mayores de 30 años que se suman al universo de hogares unipersonales; adultos que sienten el “nido vacío” y la densidad de la soledad de sus hogares.

Los etólogos y veterinarios señalan que estas conductas pueden ser nocivas para los animales porque no respetan necesidades de movilidad, vinculación con otros animales y territorialidad de la propia especie.

Muchos profesionales de la veterinaria rechazan en este contexto el neologismo que habla de “perrhijos” y lo asignan a una cuestión “muy porteña”.

El vínculo no es nuevo. Hace décadas o siglos que al perro se lo consideró “el mejor amigo del hombre”, con todas las connotaciones semánticas de aquel tiempo, sin embargo no pocos ubican un antes y un después en la pandemia está la cuestión sentimental.

Bernarda Ballesteros es una autoridad para hablar del tema. Médica veterinaria, docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Unicen en el área de Epidemiología y directora de proyectos de extensión vinculados a la temática de la gestión pública de las poblaciones caninas y felinas en municipios bonaerenses.

“Es un fenómeno social. Claramente hoy día ya no es un hecho aislado y uno lo puede ver en personas de su entorno. La vinculación hoy día tiene más que ver con una forma de conformar el grupo familiar, es casi -entre comillas- como uno más de la familia, sobre todo en los centros urbanos más dinámicos en términos de sus características poblacionales” identificó la docente.

Cuanto más lejos de las grandes urbes, menos se notan estas tendencias. “En las zonas rurales estas características no son tan marcadas. Yo entiendo que este fenómeno se acompaña de los cambios en los estilos de vida en general: grupos familiares más pequeños, personas solas” dijo.

“Los animales, gracias un poco también a los cuidados y a la sanidad, han extendido mucho sus posibilidades de vida, entonces no es para nada infrecuente tener un gato o un perro de 15 años. De hecho, existe en el campo de la veterinaria la gerontología, que antes no tenía tanta relevancia, justamente porque las condiciones de vida hacían que los animales en promedio vivieran menos” añadió.

La médica veterinaria ató estos datos a la esfera familiar: “Eso también obliga a pensar en incorporar al núcleo familiar (que no necesariamente es la imagen de la familia tipo que tenemos, sino al hogar donde puede haber una persona sola, una familia con chicos o no, una persona mayor) ese animal que va a convivir con nosotros muchos años, lo cual implica que a veces hay que replantearse si el estilo de vida está acorde con lo que ese animal de algún modo va a demandar”.

Una relación que obliga a tener en cuenta otras cosas. “Cuando es un cachorro está todo bien, o es entretenido. Después el animal va teniendo otras conductas, va siendo adulto, ya de mayor va a tener más limitaciones, va a demandar más tiempo y ahí este fenómeno tiene su lado bueno, pero también nos demanda reflexionar sobre muchas otras cosas que hacen a la convivencia” advirtió.

“Yo creo que esto de las limitaciones o de los estilos de vida nuevos -que no son tan nuevos-, son muy notorios en la última década. Esta convivencia con los animales siempre estuvo, pasa que en muchos casos ocupan un rol que no era el que conocíamos de antes. Que no quiere decir que esté mejor necesariamente, ni peor en términos absolutos; cada época y cada estilo de convivencia humana - animal tiene sus luces y sus sombras” consideró.

Aparece entonces el tema de humanización de los animales hogareños. “A mí me parece que es algo sobre lo que hay que trabajar. Empezando por reconocer que, aunque hoy se hable de familias multiespecie y por más que sea una especie que está domesticada hace ya mucho, y por mucho que responda a pautas de las personas donde el animal está, sigue siendo una especie diferente, sigue teniendo un comportamiento que por más etología y por más estudio del comportamiento canino y educación canina, adiestramiento incluso, hay ciertas conductas del animal que deberían permitírseles” sostuvo.

En este sentido, la veterinaria Ballesteros aportó que “muchas veces se espera que el animal responda en un 100% a todo lo que esperamos de ese animal y si no lo hace decae el interés en que esté conviviendo con nosotros. A la primera de cambio, si el animal no se adapta de inmediato no es infrecuente que ese animal empiece a tener un derrotero de abandono, nuevo hogar, nuevo abandono, y eso nos complica”.

Esta relación familiar con los animales hogareños llamó a consultar sobre el tipo de alimentación: la específica, la que se vende en los pets shops o las sobras del almuerzo o la cena.

“Hoy día existen dos grandes formas de alimentación: una es a través del alimento ultra procesado, que es el balanceado seco o húmedo” indicó.

“A veces ante ciertos problemas del animal suele recurrirse a algún alimento húmedo, pero el otro gran campo -que está haciendo cada día más estudiado afortunadamente- es una forma de alimentación que tiene diversas denominaciones y conocemos como dieta BARF (Biologically Appropriate Raw Food), que consiste en alimentar a perros y gatos con alimentos crudos: 60-80% huesos carnosos, carne y vísceras y 20-40% frutas/verduras” acotó.

“Así como surgió en las personas que hoy día también es más común encontrar gente que no come carne, veganos, lo ultra procesado empezó a ser cuestionado por las personas, pero también en relación a la alimentación de los animales, porque dentro de lo ultra procesado hay un montón de calidades y los buenos suelen ser inalcanzables para el bolsillo” remarcó.

Algo así como “lo viejo funciona” vendría a ser. “Lo que estamos haciendo ahora es repensar algunas de las prácticas que se han tenido durante todos estos años en relación con la alimentación y al tipo de convivencia” valoró Bernarda.

Pero aclaró que la dieta BARF no es darle lo que sobró del almuerzo o la cena. “Es una dieta muy estricta, que responde a las características de los alimentos que se les da. En general van respondiendo a lo que de base es el animal. El gato es carnívoro y si le damos alimento balanceado en croquetas no tiene mucho que ver con su aparato digestivo original”.

“Lo bueno es asesorarse. Hoy día hay un montón de profesionales, sobre todo jóvenes, que se están formando en esta otra corriente de alimentación” recomendó la docente de la Unicen.

“Hay un montón de variantes. Por ahí no es la dieta BARF estricta y de manual, pero sí la posibilidad de incorporar progresivamente al animal otros nutrientes que no los tiene el alimento balanceado, claramente” sumó.

La vestimenta es otra cuestión en la que -planteó- hay que tener mucho cuidado con trasladar conductas o modas humanas a los animales: “A veces por omisión se está haciendo algo que termina siendo contraproducente, como la cuestión de la vestimenta, porque el animal tiene una cierta forma de cuerpo, de pelaje y por ahí no lo necesita, ni que le pongan una estufa al lado. Lo que muchas veces se ve como cuidado termina siendo algo que no atiende demasiado a la idiosincrasia y las necesidades del bienestar animal”.

 

 

 

 

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