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“El desafío más grande es contar que detrás de toda la tragedia hubo un proyecto político”

Leandro Lora es Licenciado en Antropología Social y habló sobre cómo fue el proceso de elaboración de la memoria colectiva sobre la dictadura en Olavarría. La justicia, una protagonista que ingresó tardíamente en la escena. 

 

Se cumplen este martes 50 años del inicio de la última dictadura militar y el significado que la sociedad le ha otorgado a ese período sigue siendo, aún, motivo de tensiones y debates. 

 

De acuerdo con una investigación publicada recientemente, titulada “Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después”, que combinó una encuesta nacional de 1.136 casos y ocho grupos focales en distintas regiones del país, el 71% de los argentinos tiene una visión negativa de la dictadura. 

 

Esas miradas tienen que ver con los distintos acontecimientos que se dieron durante los años posteriores y que marcaron cómo las generaciones contemporáneas a ese período y las que vinieron después podrían interpretar lo ocurrido y nombrarlo. 

 

Hubo situaciones que tuvieron alcance nacional, como el llamado Juicio a las Juntas o el informe de la Conadep, por citar dos hitos. Pero antes, durante y después de ese lapso que va del ‘76 al ‘83 también en cada punto de la geografía argentina se tejieron sentidos particulares, específicos, sobre ese momento histórico. 

 

Justamente para conocer cómo fue en Olavarría ese proceso de elaboración de la “memoria colectiva”, dialogamos con Leandro Lora, Licenciado en Antropología Social (Facso). 

 

“La realidad es que si uno mira específicamente a Olavarría ve que se destaca en el trabajo que se ha hecho sobre la memoria y creo que el balance es positivo en función del sostenimiento de la historia local”, comenzó.

 

“Creo que tiene relación con el aporte colectivo y la insistencia y la tenacidad que tuvieron y tienen todos los actores implicados en la temática”, deslizó.

 

 

“Es para resaltar el aporte que llevaron adelante Familiares de detenidos por razones políticas en una primera etapa. Ellos atravesaron la realidad que le pasó a sus familias al tiempo que debieron enfrentar el miedo a la hora de denunciar esa situación”, apuntó.

 

Lora consideró que fue muy importante esa posición de no claudicar, insistir, reclamar y demandar y, sobre todo, tratar de sostener la historia de lo que había pasado durante la dictadura en Olavarría. 

 

Contó que “durante estas últimas semanas hemos estado repasando con los integrantes de la Comisión por la Memoria y otros actores toda esa historia y hay mucho de ese trabajo sostenido que Familiares hizo como pudo, porque cuando se toma dimensión de la escala local es mucho aún más difícil comparado con los grandes centros urbanos”.

 

Lora trata entonces de situarse en aquella década de los años 70, cuando el golpe de Estado atravesó la vida cotidiana de los argentinos. “En la misma ciudad en la que estaban los represores, estaban las familias de las víctimas y era una localidad con una complejidad muy grande en términos de la infraestructura represiva”.

 

“Se puede pensar en el Centro Clandestino de Detención de Monte Pelloni como el lugar emblema, pero tuvimos también la comisaría Primera, el Regimiento y una represión que comenzó con los trabajadores fabriles y una siguiente oleada de represión que tiene que ver con la militancia juvenil, estudiantil”, precisó.

 

Lora propone imaginar la situación represiva en la escala local, donde todos, de alguna manera u otra, se conocían. “Creo que hay un puntapié que dan los familiares para sostener esta historia, tal como hacía Pareja en su imprenta, insistiendo en sostener lo que pasaba  y se ocultaba”(se refiere a la familia de José Alfredo Pareja, desaparecido en 1977). 

 

“Después hay que pensar lo que vino luego, una intencionalidad política disfrazada de una pretensión de reconciliación con las leyes de Obediencia Debida y Punto final” y más adelante los indultos” repasó Lora caracterizando lo sucedido a fines de los años 80 y principios de los 90.

 

“Todo eso generó un retroceso a escala local también que, sin embargo, se resistió cuando en el año 2000 se formó la comisión investigadora dentro del Concejo Deliberante y se gestó lo que puede ser considerado un emblema en eso de insistir, ahora desde la esfera política”, recordó.

 

Se refiere Lora a que al año siguiente se publicó el libro titulado “Informe de la Memoria” que recopila las historias de las personas desaparecidas que eran oriundas de Olavarría. 

 

“Eso es importante porque genera un producto que sigue siendo utilizado hasta el día de hoy como material de consulta, de revisión y que contribuye con la tarea de sostener la historia viva”, apuntó.

 

El Licenciado en Antropología Social se situó luego en los años 2000 y el cambio que se dio en materia de juzgamiento, ya que eso habilitó a continuar en esa búsqueda por revelar la verdad, por contar la historia con otras herramientas. “Creo que Olavarría en ese aspecto se fortaleció muchísimo”, opinó.

 

“Acá, ¿no pasó nada?”

 

Lora analizó entonces el período que vino luego, con la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (2005). 

 

“Si uno se pone a pensar incluso en el plano específicamente jurídico, Olavarría aparece mencionada en cinco procesos judiciales importantes, que además dan el sustento para decir que los delitos que se cometieron aquí además, fueron juzgados”, puntualizó.

“Tenemos el Juicio por la Verdad (2006), después el juicio por el secuestro y asesinato del abogado laboralista Carlos Moreno (2012), los dos procesos judiciales que tienen como epicentro a Monte Pelloni y el último juicio de La Huerta” (en el que se juzgaron delitos de lesa humanidad cometidos en 14 centros clandestinos de detención en la zona del centro de la provincia de Buenos Aires), detalló.

 

Siguió: “Entonces hay cinco procesos judiciales que involucran a Olavarría y le dan sustento ya no solo histórico, sino jurídico también para sostener la lucha y la historia. Así que creo que hay un balance positivo en Olavarría en relación a cómo se sostuvo esa historia”.

 

Lora acepta que hay dos hechos que pueden ser considerados hitos en este proceso, y que ambos ocurrieron en 2014. 

 

Por un lado la realización del juicio denominado Monte Pelloni 1 y lo que fue la realización de la prueba de ADN  quién resultó ser Ignacio Montoya Carlotto.

 

 

“Son dos situaciones importantes y poderosas para la historia olavarriense, sobre todo porque contrastan con la frase y la idea de que ‘acá no pasó nada’, que acá no había pasado nada en Olavarría”, apuntó.

 

“Eso también tiene que ver con las lecturas sobre la comunicación, la información y cómo leemos la historia de otros lados en relación a lo que pasa en los grandes centros urbanos en Argentina y especialmente detrás de la comunicación porteño centrista, si se quiere”, siguió. 

 

“Olavarría, de repente, del decir ‘acá no pasó nada’, se encontró con un proceso judicial en plena ciudad que duró 3 meses que fue muy importante con nombres y apellidos de acusados, juzgados y condenados y además con la recuperación de una identidad”, marcó.

 

“Esos dos eventos son muy fuertes para contrastar con el ‘acá no pasó nada’, acá pasó y pasó de todo y no hay mejor ejemplo como el que se nos presentó en el 2014”, consideró.

 

Y dijo: “Lo más lamentable de toda esta historia sigue siendo el pacto de impunidad, que es el que nos sigue manteniendo en una lucha activa. Porque hay delitos que se juzgaron, que se llevaron a la justicia pero hay otros delitos que siguen produciéndose mientras no se recupere la identidad de todas aquellas personas que aún permanecen con una falsa identidad, esos delitos continúan vigentes”.

 

Lora apuntó: “E impiden una vía de reconstrucción de esas complicidades que se encuentran, en nuestro caso en Olavarría. Nosotros tuvimos un caso de apropiación, pero no sabemos si tenemos más”. 

 

“Ese pacto de impunidad sigue vigente, incluso se traduce en una expresión muy poderosa: ‘Que digan dónde están’. Uno podría decir que eso podría ser un eslogan de la década del ‘80 pero no, sigue vigente”, analizó.

 

“Porque efectivamente no solo no dicen adónde están los nietos sino que tampoco dicen dónde están aquellas personas que fueron desaparecidas y hasta el día de hoy no sabemos dónde están sus restos, sus cuerpos, qué pasó con sus vidas, qué hicieron. Eso es un delito perpetuo que también mantiene la necesidad de insistir con esta historia”, reconoció.

 

Pasen los que siguen

Consultado sobre cuáles son los desafíos para transmitir la historia reciente a las nuevas generaciones, Lora apunta: “Contarlo abre un desafío interesante y una oportunidad porque creo que la historia tiene sus momentos también”. 

 

“Los protagonistas, las víctimas, los familiares, también van haciendo el proceso de animarse a contar qué es lo que les pasó, ya que estamos hablando de una historia que arrancó con miedo y ese miedo no fue fácil de abandonarlo. Ni siquiera sé si es fácil aún hoy abandonarlo”, describió.

 

Lora recordó que “muchas veces hemos asistido a audiencias, hace pocos años, en las que  las personas no podían contar todo lo que lo que habían vivido”.

 

“Creo que el tiempo pasado entre los hechos y la actualidad, da esa ventaja de que el miedo se vaya perdiendo, y también de sumar nuevos recursos y otras informaciones para contar lo sucedido”, planteó.

 

“Me parece que el desafío más grande es contar que detrás de toda la tragedia hubo un proyecto político. Eso es fundamental porque también permite ver cuáles son los límites que tienen algunos proyectos para pretender imponerse en la construcción de determinados modelos de sociedad”, explicó. 

 

“Eso es parte de la discusión que hay que dar porque la dictadura no actuó de esa manera porque un día se levantaron y decidieron secuestrar, asesinar, desaparecer cuerpos y robar bebés por pura maldad. Tenían un plan que los impulsaba y tenían por detrás la ejecución de un gobierno con una clara identidad política y un claro modelo económico que pretendía moldear y modificar la constitución social de Argentina”.

 

“También tenemos que considerar que Olavarría es un Partido con una producción industrial fuerte, con una importante organización laboral y sindical, con su universidad. Sobre todo eso la dictadura avanzó y hay ejemplos de eso”, indicó.

“Creo que hay que pensar de qué manera revelamos los intereses de los proyectos que actúan con el uso de todo el poder represivo del Estado para pretender imponer una agenda a la sociedad fuera de sus propios intereses”, cerró.

 

 

 

 

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