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Huertas sustentables: cómo plantar franjas de flores para evitar daños por plagas

Desde 2022, un establecimiento de Entre Ríos implementó el uso de franjas florales para el control biológico de insectos en huertas con cultivos de repollo. Entre otros beneficios, permite reducir el uso de insumos. 

La producción agrícola busca con más frecuencia alternativas sustentables de manejo. Además de los insumos biológicos, se exploran opciones novedosas y que tienen en cuenta los ciclos biológicos, con aplicaciones importantes en las huertas.

 

Un ejemplo de esta tendencia lo comparte el establecimiento hortícola “La Marta”, en la provincia de Entre Ríos. Desde 2011, se encuentran en transición agroecológica y en este contexto, a partir de 2022 apostaron al uso de franjas florales para el control biológico de plagas en cultivo de repollo.

 

El trabajo de los productores se articula con el INTA Concordia y según detallaron los técnicos de esa experimental, esta modalidad presenta una serie de ventajas. Además de la regulación natural de los insectos plagas, reducen el uso bioinsumos y aprovechan el valor estético y comercial de las flores, que luego venden como ramos de aromáticas frescas y de flores comestibles.

 

“El control biológico por conservación es una estrategia cuyo objetivo es proteger e incrementar los ensambles de las comunidades de enemigos naturales para maximizar el impacto colectivo sobre las plagas”, destacaron.

 

La base de esta estrategia es plantar flores junto a hortalizas, para atraer insectos benéficos que controlan las plagas de forma natural. Esto  implica una reducción en el uso de bioinsumos, que repercute en la protección del medio ambiente.

 

Flores en la huerta: primeros pasos

 

Beatriz Díaz -especialista del INTA y responsable de la experiencia- detalló que, en una primera experiencia, se evaluó sumar un cultivo de servicio -en la primavera de 2022- con el propósito de incrementar el control biológico y la polinización en cucurbitáceas.

 

En una segunda instancia, a comienzos de otoño de 2023 y con los primeros resultados, diseñaron una franja floral con múltiples funciones. Entre ellas, la principal fue el fortalecimiento del servicio de regulación natural de las plagas en cultivos de repollo a los que iba a asociarse.

 

“Para la elección de las especies constituyentes de la franja floral se consideró la factibilidad de su comercialización, dándole así un valor económico a esta tecnología de proceso”, indicó Diaz.

 

Y agregó: “También se consideró su valor estético, como servicio cultural y su impacto positivo sobre las personas que trabajan y viven en el establecimiento”.

En cuanto a la instalación de la franja floral, la especialista indicó que, con 50 metros cuadrados, se situó adosada al exterior de un invernadero, para minimizar la ocupación de superficie productiva.

 

Al momento de su armado, se incluyó especies vegetales de cuatro familias botánicas con diferente funcionalidad, que respondieron a la siguiente combinación:

 

  • Plantas insectario: (45%), que les proveen recursos alimentarios, principalmente polen y néctar, a los enemigos naturales
  • Plantas trampa: (30%), cuya función es la de atraer y retener a las plagas con el objetivo de reducir el daño sobre el cultivo principal
  • Plantas repelentes: (25%) debido a las sustancias químicas que emiten

 

 

Las especies vegetales seleccionadas como plantas repelentes fueron diferentes aromáticas como tomillo, orégano, albahaca perenne, salvia, curry, manzanilla, lavanda y tres variedades de menta.

 

La caléndula se utilizó principalmente como planta trampa, mientras que las plantas insectario elegidas fueron especies ornamentales tales como aliso (Lobularia marítima), dos variedades de centaurea (Centaurea cyanus y C. imperialis), orlaya (Orlaya grandiflora) y Glandularia Alba INTA con una fenología de floración escalonada para asegurar una provisión de recursos a los insectos benéficos desde el otoño hasta el verano.

 

Biodiversidad y nuevos negocios

 

Al inicio del invierno, las especies comenzaron a florecer alcanzando el pico de floración en los meses de septiembre y octubre, cubriendo los requerimientos de alimento y brindando refugio a los enemigos naturales.

 

En este punto, Diaz indicó que, tanto en las observaciones visuales como en las muestras tomadas por aspiración de las flores, se evidenció la presencia de insectos depredadores y parasitoides de las plagas de los cultivos asociados.

 

 

La profesional aseguró que, en esta experiencia, además de impulsar la biodiversidad, permitió generar negocios. En concreto, empezaron a comercializar ramos de aromáticas frescas y de flores comestibles de caléndula y centaureas.

 

En esta línea, Rosa Milera -productora y responsable del establecimiento “La Marta”- destacó: “No sabíamos que la implementación y comercialización de las franjas florales tenía tanto éxito. Es una muy buena puerta para explorar, trabajar y aprender. Y nos gusta porque es innovador”.

 

Fuente: Infocampo

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