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Emotivo recuerdo a la docente Marta Knoll

No recuerdo muy bien el momento exacto en el que conocí a Marta Knoll, es de esas personas que conocés “desde siempre”. Allá por la década del 90, cuando empecé el jardín, Martucha ya era toda una institución dentro de la escuela. Ya era ese personaje único, una gloria de su querida Escuela Normal, de nuestra querida Escuela Normal.

Ayer me tocó comunicar su fallecimiento. Con los ojos llenos de lágrimas escribí la noticia. “Hay noticias que nunca queremos dar” es una frase cliché dentro del periodismo, pero representa lo que me pasó. Una no pensaba que Martucha se podía ir algún día, supongo que pensábamos que viviría para siempre. De todas maneras, aunque ya no esté físicamente, es eterna.

Recuerdo que cuando iba al primario, Marta me parecía que medía dos metros, era gigante. Era gran parte de la autoridad de escuela. Pero ahí está la clave, Martucha generaba un respeto que en mi vida vi con otro docente, pero lo hacía desde la ternura, desde el amor por “sus chicos”, porque siempre seremos sus chicos.

A veces jugábamos al gato y al ratón. Ella ponía cara de mala si te mandabas alguna y te retaba. Nosotros le seguíamos el juego y discutíamos con respeto, porque nadie le faltaba el respeto a Martucha. Pero eran grandes actuaciones, todos sabíamos que Marta era más buena que el pan.

Escribo estas palabras y la veo en el aula parada al lado del escritorio con su guardapolvos a cuadros con cara de enojada. Mientras tanto, alguna profesora nos reta por alguna macana que habremos hecho. Ella está ahí, no dice nada pero dice todo. Y a la vez, tenía los gestos más tiernos con los estudiantes, era la más comprensiva de todas.

Recuerdo alguna que otra vez que lograba escaparme de una clase y lo peor que me podía pasar era ver a lo lejos, allá en el fondo esas galerías interminables que Marta andaba dando vueltas. No me daban los pies para salir corriendo o esconderme en algún patio para que no me agarrara y me devolviera al aula.

Llegando a la mitad de esta nota me pregunto si debería ser yo quien escriba estas palabras. Hay otras personas que la conocieron mejor y de seguro tendrán grandes anécdotas para contar. Al fin y al cabo yo la conozco solo de la Escuela Normal.

Y creo que ahí encontré la mejor manera de describirla a Marta, Martucha es la Escuela Normal. Martita dejó algo diferente en cada uno de los que entramos a esas aulas gigantes. Ella quedó para siempre en nuestro recuerdo. Ella es una parte enorme de nuestra infancia y nuestra adolescencia.

No sé si hay alguna forma de explicar en palabras lo que fue Marta, lo que es y seguirá siendo. En más de cinco décadas de trabajo, cientos, miles de chicos la conocimos. Chicos que ya somos adultos, algunos son abuelos, pero siempre tendremos una sonrisa al recordarla.

Hace algunos años la crucé en una feria. Con sus ya setenta y pico estaba un domingo trabajando para una de sus escuelas. Cuando la saludé me miró de arriba abajo y me reconoció. Porque a ella no se le escapaba nada. Ahora me entero que seguía siendo la Jefa de Preceptores. Supongo que no hay mejor homenaje poético que haya partido sin jamás haber dejado su querida Escuela Normal.

No me gusta hablar por otras personas, pero me lo voy a permitir y supongo que nadie se ofenderá. ¡Te queremos Martucha!

Yamila Cazabet, Promo ´07

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