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Vive en Olavarría y tiene una colección de carteras única en el mundo

Su colección, que está resguardada en la caja de seguridad de un banco, incluye ejemplares casi imposibles de conseguir.

Miguel Alberto Cides Castro tiene 78 años, vive en Olavarría, tiene una empresa vial y una actividad que cultivó con pasión durante casi toda una vida: es coleccionista de carteras. Pero no de cualquier clase de carteras, se trata de una colección de carteras de malla metálica que es única en Latinoamérica. Con ella ganó múltiples premios y menciones tanto en el país como en el mundo, y en esta oportunidad habló con Infoeme sobre esta actividad de toda una vida.           

Hace más de cincuenta años que empezamos con esto, y justamente por la ayuda que mi mujer me dio en toda una vida fue que le puse el nombre de ella, la colección se llama “Colección de Carteras de Malla Tejida Delia Francisca Voltarel Cornaglia, única en Latinoamérica”, nos dice Miguel, que empezó a juntar sus primeros ejemplares cuando era muy joven, casi se podría decir que por una deuda que tenía -o aún tiene- con su mamá.      

Yo tenía ocho años y vivía en un pueblo que se llama Plaza Huincul, en Neuquén, que es donde yo nací, y mi mama tenía dos carteras que habían pertenecido a mis abuelas, que eran de plata, y agarré una para jugar con un camioncito de madera, en la vereda de mi casa. La cargaba arriba del camión, le llevaba hasta la esquina, la volvía a cargar, para mí la cartera era la carga del camión, y un día un hombre que yo conocía pasó y miró lo que yo estaba haciendo y al rato volvió a pasar y en un descuido mío la agarró y se la llevó. Cuando le voy a avisar mi mamá lo que me había pasado me terminó de mortificar, porque no me retó, lo único que me dijo fue ´Miguelito, acostumbrate a cuidar las cosas de la familia´, a mí eso me marcó, entonces y quise recuperarla, creyendo que iba a hacer fácil, porque dije ´trabajo y le compro una´, pero lamentablemente yo no conocía la historia de estas carteras y no había manera de comprarlas”, contó Miguel , que luego creció, se casó y, para devolverle la cartera perdida a su madre, empezó a buscar hasta conseguir la primera. De esto hace más de cincuenta años.

“Pensé que con eso ya estaba cubierto lo que le debía a mi mamá, pero no. Empecé a moverme por todo el país, por el trabajo, y entonces eso llevó a que la gente se fuera enterando lo que yo buscaba y algunos que no las querían o no le daban la importancia que realmente tenían me iban dando sus carteras antiguas, y qué pasó: que una se transformaron en diez. Ahí vi la veta, sentí que no había que perder ese material porque era un material espectacular, y me dediqué ya definitivamente a eso, ahí arranca la colección”     

Ahora, después de sesenta años como coleccionista, Miguel  llegó a juntar casi 100 carteras, un número muy alto teniendo en cuenta que son artículos de lujo, de los que no existen muchos ejemplares en el mundo.

Tengo ochenta carteras en exposición y cerca de veinte que tengo que reparar y restaurar. Ese número quiere decir que no junte más de una y media por año, o sea que no fue tan fácil juntar la colección. Se trata de carteras metálicas que en ese tiempo fueron introducidas por los inmigrantes, no existía en ese tiempo importación, todas las familias que llegaba las traían como articulo personal, en lo baúles, las sacaban como sacaban los anillos o los relojes”, contó el coleccionista, y precisó que todos los ejemplares que componen su colección son del periodo de tiempo que va del siglo XIX a 1930. “Todas pertenecen a ese periodo, cuando el país se estaba haciendo con la inmigración”   

Pero, como bien se sabe, la tarea del coleccionista no sólo se trata de conseguir ejemplares, sino que va mucho más lejos, conlleva una tarea de documentación e investigación que Miguel ha cultivado pacientemente durante más de medio siglo.

A mí esto me fue llevando a estudiar cómo se fueron haciendo los primeros morrales y demás, el primero que uno una cartera en la historia fue el hombre, el hombre llevó un morral, que era como la cartera de hoy, y eso tenía un compartimento en donde iban las cosas de la mujer, pero la llevaba el hombre, la mujer no llevaba nada… Así arranca el tema dela cartera. Yo creo que ningún hombre debe saber que el primero que uso cartera fue él”, explicó Cides, que también se vio de alguna manera obligado a aprender de orfebrería para poder hacerse cargo de la restauración de mucho de los artículos que agregaba a su colección.         

Tuvimos que aprender a hacer orfebrería, tenemos los elementos, los hilos de plata, los hilos de bronce, todo, porque no todas venían en buen estado. Yo fui aprendiendo con un orfebre amigo y después me largué solo. Una vez que te metés en el tema es apasionante. Acá en Olavarría, hace dos días, me trajeron dos carteras para que las vea y me dijeron que si las quiero incorporar a la colección me las venden, realmente increíble encontrar dos carteras de golpe en una sola casa, solamente las encuentra el que ama este tema”.  

    

Hoy en día, esas ochenta carteras que ha ido adquiriendo y uniendo a su colección -y que mantiene numeradas y resguardadas en una caja de seguridad en un banco- no sólo son el testimonio de una parte de la Historia argentina -principalmente la de los inmigrantes europeos que arribaron a nuestras costas- sino que  también son el testimonio de una vida macada por un ímpetu coleccionista que Miguel conserva aún a sus setenta y ocho años.

“Tengo hasta dos carteras para bebes, porque se usaban para suvenir también, una francesa, grande, que mide veinticinco centímetros de largo por doce de ancho, tengo algunas que me han mandado con mensajes, una vez una chica me mandó una diciéndome que esa cartera era la que su bisabuela usaba cuando iba a alguna función importante en el teatro Colón”   

Entre las muchas satisfacciones que esta actividad le trajeron a Miguel, se cuentas múltiples premios y menciones nacionales e internacionales, exposiciones en una infinidad de lugares -como en la Noche de los Museos, en Córdoba- y el ser declarado ciudadano destacado de la Ciudad de Villa María.

 

“Tengo cinco premios internacionales, mandamos un video que yo hice y con eso ganamos la mención de honor en la Super Colecciones Europeas que se organizaban en Cadi, España. Ellos me invitaron porque desde ahí invitaban a los ganadores de cada país, y yo tenía el segundo premio en  la Competencia Nacional de Supecolecciones 2013 del Museo Dardo Rocha de la ciudad de La Plata, después tenemos la mención especial realizada en los festejos del día de la madre  de la Biblioteca Municipal Mariano Moreno de la ciudad de Villa María, ahí me dieron una mención especial y la colección fue declarada de interés municipal por el consejo deliberante” relató Cides, que, después de sesenta años de coleccionista, tiene un extensísimo repertorio de vivencias y anécdotas producto de su actividad.  

“En una internacional que se hizo, al lado mío había un hombre que tenía mil destapadores, de diferentes partes del mundo, y uno no puede creer como un objeto tan elemental como ese puede tener tantas variaciones. Y pasa lo mismo con las carteras, no hay una igual a la otra”, cuenta Cides, que puede explicar al pie de la letra las particularidades y rasgos característicos de cada uno de sus ejemplares

      

En el tablero número uno hay una cartera que, por el peso, la forma, y la constitución, debe ser una de las más antiguas que han venido, tiene el forro original todavía, a esa la miro con mucho cariño, porque cuando vos la mirás te preguntás quién habrá sido el primero que la tuvo, cuántos años en un baúl o en un cajón de medias habrá estado. Hay otra que tiene una bolsillo cuadrado con el cierre pellizco, como el de los monederos, ahí era donde iba el rosario y la mantilla de las mujeres, entonces yo, en ese compartimento, hoy tengo el rosario con el que mi esposa tomó la primera comunión, todos esos detalles, que los conozco yo nomas y mi señora, me llegan. ¿Habrá imaginado mi señora que su rosario iba a quedar en exposición ante tanta gente después de todos esos años?”, relata Cides, que afirma no saber en cuánto dinero está valuada su colección, ya que, para él, es invaluable.    

  

Hace cinco o seis años un señor extranjero me ofreció un millón y medio de pesos para comprare la colección completa, pero me negué, porque para mí es invaluable, porque, a pesar de que ahora nadie mire el patrimonio nacional, esto es un patrimonio histórico importante, muestra lo generoso que fuimos como país al recibir tantos inmigrantes”, expresa Miguel, que afirma que la satisfacción de su actividad “pasa por otro lado”.       

Que una ciudad tan docta como Córdoba me premie y me lleve a la Noche de los Museos, a estar toda una noche exponiendo y te mencionen como la mejor colección del año, es increíble, y eso es lo que yo valoro para no venderla, esta colección es de los argentinos”, afirma el coleccionista con orgullo.  

  

“La última vez que gané el Premio a la Mejor Colección y a la Mejor Presentación en el Dardo Rocha, al final todos los expositores que había votaban de forma interna cuál era la mejor colección de todas, y fue unánime: todos votaron la mía. El reconocimiento de mis pares, en donde estaba, por ejemplo, el señor este de los mil sacacorchos, es algo hermoso”, explica Cides, que, al día de hoy, a sus setenta y ocho años, según cuenta, se sigue haciendo la misma pregunta que se hizo algún tiempo atrás, en un escenario, después de uno de los múltiples reconocimientos que le fueron otorgados: “la duda, la pregunta que a mí aun me queda, es personal: me pregunto si realmente soy coleccionista o si es que todavía sigo buscando la cartera de mi mama”.

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