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El único olímpico olavarriense

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Walter Minor - walterhistorias@gmail.com

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Desde la instauración de los primeros juegos olímpicos en Atenas 1896, la sana costumbre de repetirlos cada cuatro años fue el gran incentivo que tuvieron los atletas para darse a conocer.

Este período fue interrumpido por primera vez durante la primera guerra mundial en 1916. La ciudad elegida para ese año había sido Berlín, pero al no haber tregua, esta justa se canceló y volvió a repetirse recién Amberes, durante 1924.

Después siguieron los juegos de París 1924; Amsterdam 1928; Los Angeles 1932 y Berlín 1936. Para la Edición de 1940 se había designado a Tokio, pero al renunciar esta, Helsinki fue oficializada para organizarlos.

Lamentablemente, otra vez un gran conflicto se interpuso en el camino. Esta vez se trató de la segunda guerra mundial, que pospuso durante 12 años. La reanudación se produjo recién en 1948 en Londres.

Hasta allí, Argentina había competido y logrado varios resultados importantes, siendo el boxeo el que mayor cantidad de medallas le había suministrado. En los demás deportes también se conseguían resultados, pero el apoyo al deporte no estaba entre las principales acciones de aquellos gobiernos de turno.

Así llegamos al lugar que nos interesa: Londres 1948 es el escenario donde Olavarría puso por única vez a un deportista cien por ciento local en el más alto nivel competitivo.

EL ATLETISMO EN OLAVARRÍA

El atletismo era una práctica extraña e indefinida que había comenzado en la primera década del siglo XX como relleno de actos deportivos y kermeses, en los que eran actores principales el ciclismo y las carreras de sortijas. A estas variables se le agregaban disputas de salto en largo, alto y carreras de 100 a 400 metros. Algunas veces, estas fiestas eran condimentadas con alguna curiosidad, como la “carrera de lentitud”. La mezcla popular era reconocida en principio como “competencias atléticas”.

Paulatinamente, estos distintos deportes se fueron puliendo -en el ámbito local - y adquiriendo una identidad propia, hasta independizarse totalmente en la segunda década del siglo XX.

El pedestrismo era la única rama atlética que poseía un cierto grado de popularidad y seriedad, llegándose, incluso, a fundar un ente rector llamado “Club Pedestre Olavarriense”. Las carreras de calle tuvieron como principal impulsor a Rafael Lamarque, exitoso fondista conocido como “El misto”, que a partir de 1930 difundió la especialidad e hizo conocer a Olavarría en diversos puntos de la Provincia de Buenos Aires, representando al Racing Atlétic Club primero y más tarde al Club Atlético Estudiantes .

Pero el atletismo propiamente dicho, con todas las variables que hoy se conocen, recién llegaría a su maduración en la década del 40 tras el advenimiento de Juan Domingo Perón al gobierno. Allí se fiscalizarían con mayor acierto y seriedad las pruebas de pista a través de Instructores Provinciales de Educación Física, quienes más allá de estar capacitados para supervisar estos eventos atléticos, estaban habilitados para homologar registros.

ESTUDIANTES: PIONERO DEL ATLETISMO DE PISTA

Esto ocurrió hasta 1941. Ese año, un entusiasta dirigente que formaba parte de la subcomisión de atletismo del Club Estudiantes comienza a impulsar mediante proyectos y gestiones particulares, la realización de torneos de pista y logra que muchos socios de la institución se entusiasmen con la idea. El dirigente en cuestión se llamaba Fabio Canelo, futuro competidor y pieza clave del engranaje que activó la maquinaria productora en una etapa inolvidable dentro del atletismo olavarriense, muy generosa en figuras y resultados.

Avalos ganador. Una imagen repetida.

Racing y Loma Negra toman de pronto la iniciativa de formar un plantel atlético competitivo. En menor medida San Martín y Ferro se suman, provocando el entusiasmo que se trasladaría a las vecinas localidades de Azul, Coronel Suárez, Laprida, Lamadrid y Bolívar. Algunas más interesadas que otras, pero con interés al fin.

LA GESTACIÓN DE FIGURAS

Con el establecimiento de los profesores de educación física en las diversas localidades, muy pronto empiezan a aparecer los resultados en todas partes y Olavarría descubre valores como Armando Toloza, Víctor Ginés Salías, Raúl Bricka; Feliciano Ciancio; Salvador Barresi y Guillermo Avalos.

No mencioné al “Misto” Lamarque porque lo de él fue distinto, tan diferente como que se trató, sin duda alguna, del padre del atletismo local.

Estas figuras tuvieron actuaciones descollantes y cada uno aportaba un talento diferente. Armando Toloza era un fondista natural que compitió pocos años pero venciendo a figuras como Lamarque, Salías y al olímpico Armando Sensini. Los vaivenes del deporte y la necesidad laboral hicieron que se perdiera este gran atleta.

El caso de Raúl Bricka fue distinto. Era el más sacrificado de todos y compitió en la mayoría de las especialidades atléticas de pista, siendo llamado por el club Independiente de Avellaneda para defender sus colores.

En el barco hacia Londres. 30 días de viaje.

Feliciano Ciancio era “el mas vago” de todos. No le interesaba el atletismo, sin embargo, no encontré otro atleta que ganara todas las carreras de fondo que realizó, ante oponentes de buen nivel.

Salvador Barressi es el único caso en Olavarría de un deportista que practicó tres deportes de alto rendimiento a la vez y con singular éxito: fútbol; básquet y atletismo.

Víctor Ginés Salías fue un fondista de excepción. Con muy poco entrenamiento salió segundo entre muchos atletas en una maratón que organizaba la revista “El Gráfico”, por culpa de un tranvía que lo detuvo.

Tanto fue el asombro que causó que de inmediato lo reclutó el club Independiente de Avellaneda, conquistando pocos años después la victoria que se le había negado anteriormente. Aquel primer puesto en la Maratón de EL GRAFICO en 1946 lo inmortalizó definitivamente.

Por último, llegamos al personaje principal de nuestra historia. El único que consiguió darle a Olavarría una representación Olímpica: Aníbal Guillermo Avalos.

DE ESTUDIANTES A LONDRES

Nacido en 1923 en el incipiente barrio “El Provincial, Guillermo Avalos, ó “Tato” como le decía su familia, comenzó con la práctica del atletismo en 1941 en Estudiantes, curiosamente, como corredor de fondo.

Al poco tiempo se hizo especialista en 800 metros, donde solo perdería una carrera de todas las que realizó en su campaña y eso se debió a un entrenamiento deficiente.

Mientras el atletismo se diluía en nuestra ciudad, a Guillermo le corresponde realizar el servicio militar obligatorio. El destino por sorteo fue la base Naval de Punta Alta y nuestro atleta, además de tomar las armas se puso el equipo deportivo de Tiro y Gimnasia de aquella localidad y lo representó en varios torneos.

Las actuaciones en ese medio fueron brillantes, batiendo incluso records que fueron superados muchos años después y sobre pistas más veloces.

De regreso a Olavarría bate el record de 800 metros y cuando ya pensaba en alejarse de las pistas, es llevado por Víctor Ginés Salías a Independiente de Avellaneda.

Allí realiza una campaña espectacular que le permite en poco tiempo ser representante argentino en los panamericanos de Río de Janeiro, constituyéndose en figura importante del equipo que ganó ese evento luego de 12 años de frustraciones.

LONDRES 1948

Las Olimpíadas de Londres fueron las primeras que se realizaron luego del enfrentamiento bélico (segunda guerra mundial) y fue notoria la situación postguerra.

Avalos hizo historia en Londres 1948.

Alemania y Japón estuvieron excluidos de estos XIV juegos y la situación económica de los países no era la óptima. Mientras el pueblo Británico era racionado, el gobierno no renunció a la organización, gestándose una cierta resistencia a los mismos. Por esa causa se lo denominó "los juegos de la austeridad"

En la inauguración, asistieron al estadio de Wembley 59 países con 4000 deportistas. Ese día se soltaron 7000 palomas en símbolo de paz.

Como no había dinero, la villa olímpica estuvo compuesta por los barracones utilizados por el ejército. La única construcción que se hizo fue una piscina olímpica.

Se trató de los primeros juegos olímpicos televisados.

Paradójicamente, como contrapartida a este ahorro, Argentina envió la mayor delegación de su historia olímpica hasta hoy. La misma estuvo integrada por 312 personas y fue la tercera en volumen detrás de la de Gran Bretaña y Estados Unidos

AVALOS EN LONDRES

Los Juegos dieron comienzo el 29 de julio de 1948 y nuestro Guillermo Avalos no pudo estar en la misma por tener que competir al día siguiente.

Lamentablemente, la falta de un apoyo económico (que no le permitió dejar la barraca en la que trabajaba) y luego la lejanía entre la villa olímpica y la pista de entrenamiento en Londres, hicieron que Avalos llegara mal preparado y no pudiera clasificar el día 30, habiendo logrado el ganador, un registro bastante inferior al que el olavarriense tenía como marca.

Expreso lo de la falta de apoyo, porque a los atletas de otros países se los licenciaba por 60 días en sus trabajos para que tuvieran en mente solo los Juegos, mientras tanto, el gobierno se hacía cargo de los sueldos.

REGRESO Y FINAL

A partir de Londres, la carrera de Avalos ya no tuvo el brillo logrado hasta allí, aunque volvió a ganar una medalla en el sudamericano de Perú durante 1949.

Reverso de postal enviada a su madre desde Londres.

Durante su trayectoria fue también campeón argentino en 800 metros y récord sudamericano de postas.

LIBRO “EL OLIMPICO”

Estos datos, mas todas las carreras en Olavarría, casi la totalidad de la campaña en Independiente y los resúmenes completos de sus actuaciones en sudamericanos y Juegos Olímpicos, están detallados en el libro “EL OLIMPICO” que forma parte de la colección historias de Olavarría y que será presentado el jueves 20 a las 20 horas en la confitería del club Estudiantes.

Tapa del libro que relata la historia.

En el mismo también se describe el desarrollo del atletismo en Olavarría, la importancia del apoyo que le dio el Club Estudiantes en su momento y el resumen de carreras con fechas, lugares y tiempos.

Aníbal Guillermo Avalos: la historia de nuestro único olímpico. Un ejemplo a imitar.

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