Enzo Russo / Infoeme
Tener quince años y ser jugador de la selección nacional no es cosa de todos los días. Jeffrey Merchant Rigo convirtió ese sueño en realidad, se dio un gusto reservado para pocos al vestir la camiseta de Argentina en el torneo internacional U16 de básquetbol que se disputó en Turquía y le dejó esas enseñanzas que son imborrables para un deportista.
Este martes al mediodía, el “Negrito†recibió a Infoeme en su casa para contar las experiencias, que fueron muchas. De a poco y con una chocolatada de por medio se fue soltando en el lugar donde más cómodo se siente con la compañía de su mamá Claudia, el tío José y su amigo (base de Pueblo Nuevo) Gastón Di Salvo.
Primero fue el turno para hablar de lo deportivo. “Jugar este torneo fue muy importante porque grandes jugadores de la NBA cuando tenían mi edad también lo hicieron. Tomy Parker fue uno de ellosâ€, contó.
Con clara humildad y casi a la fuerza tuvo que reconocer que “jugué partidos buenos pero otros no tanto. Los alemanes me marcaron muy bien. Lo que me lamento es que por seis puntos no pudimos meternos en los cuartos de final. Perdimos los primeros tres y después ganamos cinco al hilo. Creo que en los partidos iniciales nos costó adaptarnos al cambio de horario, había cinco horas de diferencias con Argentinaâ€.
Jeffrey y su mamá, cada cual con su camiseta
Pero lo deportivo puede quedar en un segundo plano. Vivió muchas historias enriquecedoras para conocer cosas más allá de la pelota naranja. El torneo se desarrolló íntegramente en la ciudad turca de Sakarya, a unos 140 km de la ciudad de Estambul.
“Conocer la capital de Turquía era lo que queríamos pero la seguridad se reforzó cuando llegamos. Nosotros entramos al hotel el 31 de enero y el 1 de febrero atentaron contra la embajada de los Estados Unidos en Estambul y no pudimos viajar. Una lástima porque queríamos comprar zapatillas de básquet y otras cosas. Además la ciudad donde vivíamos no podíamos salir porque había villas muy cercasâ€, contó Jeffrey.
Otro tema imposible de no abordar fue la atención en el hotel y las comidas donde “nos atendieron diez puntos. El hotel era cinco estrellas. El desayuno era tipo americano, muy rico. Después nos daban carne que no era como la que comemos acá, arroz… pero siempre el primer plato era sopaâ€, recordó entre risas.
Para Olavarría se trajo la camiseta 10 con la que se lució en Turquía, pero ya no se encuentra más en su poder. “Se la regalé a mi mamá porque ella me pidió que juegue con ese número y me fue mejor que con la nueve. Espero que alguna vez me la presteâ€, dijo Jeffrey mientras la madre cebaba unos mates y se mostraba orgullosa del gesto de su hijo.
Gastón, el amigo que asiste a Jeffrey en Pueblo Nuevo. Esta vez juntos para un asado
Y la parte más graciosa fue al mostrar la casaca del equipo chino. Ante la consulta para saber qué le había dado a los orientales a cambio reconoció que tuvo que hacer una trampa. “Les hicimos creer que mi tío era Ginóbili, yo tenía un pantalón que me compró mi mamá para entrenar de la selección y le dijimos que era de Manu. Me dieron tres camisetas por el pantalón cortoâ€, reconoció en lo que fue un “negocio redondo†para el jugador de Pueblo Nuevo.
Y así se fue la charla, pensando en el próximo objetivo que es jugar el premundial que será en junio en Punta del Este y el tío José preparaba ese asado que pidió casi a gritos luego de las 19 horas que tardó en su regreso a Capital Federal.
Jeffrey Merchant Rigo, ese pibe simpático de 15 años y 1.97 de altura, continúa cumpliendo sueños y promete nunca renunciar a lo que más quiere, poder vivir de eso que lleva en la sangre y se llama básquet.
