La investigación que se sigue por el robo a la Escribanía Fal no deja de aportar datos sorprendentes. Las últimas pruebas recogidas fortalecen la hipótesis de un robo sumamente planificado, con fuertes vinculaciones delictivas a nivel local y en otras provincias del país.
El primer dato que dio pistas de esta compleja trama, surgió tras la detención de uno de los tres asaltantes a la escribanía de calle Alsina, luego de la cinematográfica persecución por el centro de la ciudad. El delincuente atrapado, Manuel Alejandro Coronel, era evadido de una cárcel de la provincia de Neuquén y tenía un frondoso prontuario delictivo.
Al momento del robo, llevaba en su poder un arma Bersa Thunder 9 milímetros con cargador completo y balas con punta de teflón.
Pero lo llamativo se conoció en las últimas horas: el arma no posee pedido de secuestro activo en el RENAR y pertenece a un hombre vinculado al Servicio Penitenciario de la provincia de Neuquén.
El otro dato sobresaliente del caso se refiere a la conexión local – que habría facilitado la logística para perpetrar el hecho - y el polémico accionar policial durante los allanamientos realizados días después del asalto.
Es que en uno de esos domicilios allanados, habrían entregado a un abogado del propietario de la vivienda el teléfono celular de su defendido, elemento que era considerado de sumo interés para la causa.
Por ello, la Fiscalía interviniente llamó a declaración testimonial a los efectivos que participaron del procedimiento.
