Mauro Szeta, especial para Infoeme
Son tantos los casos de inseguridad que se pierde la cuenta. En la última semana, todos los días nos conmovimos con un asesinato en ocasión de robo. El colmo, fue el asesinato del ex juez de menores de Lomas de Zamora Raúl Donadío, en Glew.
Antes, hubo una seguidilla eterna. El lunes, un chofer de micros de larga distancia ejecutado en José C. Paz. El motivo: el intento de robo de su camioneta. El martes, le pegaron seis balazos a un empleado en Moreno para robarle una computadora pequeña y un rifle de aire comprimido. Por ahora, vive.
El miércoles fue por partida doble. Mataron a una abuela de 67 años en Virreyes para robarle la herencia. También ejecutaron a sangre fría en San Martín a un ex policía aeronáutico. El jueves, asesinaron a un plomero que quiso evitar un asalto en una peluquería de Don Orione. El sábado, asesinaron a un penitenciario federal que quiso evitar el robo a un cobrador de un frigorífico, en Lomas de Zamora.
Así, llegamos al sábado a la tarde cuando ejecutaron al ex juez Donadío en un robo común. Todos los casos tuvieron el mismo signo: la inseguridad pura.
A los delincuentes no les importó nada. Mataron primero y robaron después. En algunos casos, ni robaron. Pero hubo más. El sábado también asaltaron al juez en lo correccional de Lomas de Zamora, José Michelini. Le dispararon. La sacó barata. Los mismos ladrones que lo asaltaron a él son los que mataron dos horas después al penitenciario en la zona de Ingeniero Budge.
En Lanús, seis horas después del asesinato del ex juez Donadío, un policía de la Metropolitana mató a uno de los dos ladrones que lo asaltaron. El, terminó herido.
Lo peor del caso, es que los asesinatos que mencionamos son aquellos que se filtran al periodismo, una ínfima parte. Hay más, ni nos enteramos.
Lo dramático es la paradoja en el crimen del ex juez. Lo atacaron cuando salía de su casa para comprar unas hamburguesas. Los criminales son chicos de la misma edad de los que durante tiempo pasaron por su juzgado.
Hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero a Donadío. Una vez le quisieron robar el auto en la puerta de los Tribunales. Uno de los ladrones lo reconoció y le dijo: “Vaya tranquilo, tordo, con usted no nos metemosâ€. Esta vez, no lo perdonaron.
