Un Día de la Memoria conmovedor en el Teatro, pero también diferente: hubo Intendente y cierre con música

Por Redacción

-------------------
Los 32 años del golpe militar de 1976 tuvieron esta tarde una conmemoración atípica en el Teatro Municipal. Primero porque esta vez fue la primera con auspicio de la Municipalidad de Olavarría y con Intendente (José Eseverri) en el evento. Y porque después de una hora y media muy cargada de emociones, donde se recordó la vida y el final de los detenidos-desaparecidos olavarrienses, el evento cerró con música.

“El 24 de marzo es y será siempre el símbolo de un país que observó impasible cómo el régimen apuntaba de lleno su política de terror hacia el corazón de los trabajadores, de los estudiantes, de los que alzaban la voz, de todo aquel que asumía o había asumido un compromiso con la transformación social. La mayoría, jóvenes secuestrados en las oches de sus propios hogares”, dijo Carmelo Vinci, presidente de la Apdh, en su discurso de cierre, como parte del documento consensuado por la entidad.



El Intendente se mantuvo a respetuosa distancia: eligió sentarse en la
segunda fila del segundo cuerpo de butacas, y lejos del escenario.


Vinci y Rosana Cassataro, miembro también de la APDH, hicieron un enérgico reclamo, varias veces, por la “aparición con vida de Jorge Julio López”, el testigo del juicio al represor Miguel Etchecolatz que desapareció en La Plata luego de dar fe de las atrocidades cometidas por el torturador durante la dictadura vigente entre 1976 y 1983.

“Olavarría no estuvo al margen de este rostro aciago de la historia argentina. Entre el terror que avanzaba con sus pasos gigantescos en todo el país, también esta ciudad se vio invadida por los miedos y los peligros que hicieron que muchos de los militantes de aquellos años intentaran protegerse y resguardarse. No había forma. No la hubo. La prueba más contundente de eso está en los nombres, los apellidos, las edades, las historias que aún hoy siguen sin obtener justicia”, relató el dirigente de la APDH.

Ver en la pantalla esos rostros, esas historias y esos finales narrados por las voces de los actores locales Lucy Iguerategui y Julio Benítez fue el momento más fuerte de la noche. Antes, había sido leída una carta de Osvaldo “Cacho” Fernández a su hermano desaparecido y asesinado, Oscar “Bombita” Fernández, en otro de los pasajes tocantes de una conmemoración de la tragedia nacional que sólo puede hacerse desde el dolor más profundo.



La proyección de la foto, el nombre y la historia familiar de cada olavarriense
desaparecido fue conmovedor. La sala quedó estremecida, y en total silencio.


La tarde en el Teatro abrió con otro documento fuerte de la historia nacional y mundial: el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, el grupo que a través de las técnicas de la antropología física y de la arqueología busca las identidades de víctimas de genocidios y de ataques militares a poblaciones civiles en todo el mundo.

En la sala del Teatro se vio cómo el equipo ha hecho su trabajo no solamente en Argentina –desde el juicio las Juntas Militares de la última dictadura a la reconstrucción de desapariciones de ese período en investigaciones posteriores a la condena de los máximos jerarcas- sino también en Etiopía o El Salvador, restituyendo la identidad a víctimas de ataques masivos a poblados indefensos.

“Muchos de esos jóvenes fueron llevados al centro clandestino Monte Peloni, pasaron por comisarías locales, fueron trasladados a otros lugares como La Huerta de Tandil o concluyeron su periplo en chupaderos de La Plata o del Gran Buenos Aires”, leyó Vinci en otro de los pasajes del documento de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.




Muyinga ya le encontró la vuelta a los sonidos del Río de la Plata: "venimos a tocar
pero también a estar con los que padecieron esos años", saludó "Tuko" Aitala.


“Eran como cualquiera de nosotros que hoy estamos aquí, compartiendo estos momentos que hacen eje en la memoria. Porque no puede construirse un presente ni un futuro sin tener en claro cuál fue nuestra historia, cómo fueron los días pasados. No será así mientras haya un niño destruido, mientras un hombre o una mujer no tengan trabajo, mientras tantos hermanos sigan teniendo que cartonear para llevar un trozo de pan a la mesa de su casa”, apeló.

“Hay demasiado camino por delante. Hemos perdido demasiados rostros, tantas voces, risas, olores, amores, hermanos, amigos, compañeros de sueños, hijos, esposas, madres, padres, vecinos, compañeros de escuela”, resumió antes de reclamar “juicio y cárcel a los genocidas” y aparición de Jorge Julio López, que “primero fue víctima del terrorismo de Estado y doblemente víctima en democracia, al declarar el horror en el juicio contra uno de los represores”.

Después llegó “Muyinga”, ese grupo endiablado que está cada vez más cerca de la esencia del sonido rioplantense y llenó el Teatro de milongas, chamarras, tangos y polcas, para distender desde la música criolla un momento de alta emotividad, en el Día de la Memoria.