Daniel Lovano / Infoeme.com.ar
Cuando este sábado, por los 80 minutos de juego, se produzca alguna infracción menor en el fragor de la lucha entre Estudiantes y Los Toros de Ferro, con el sonido de su silbato Gabriel Panarace dará por terminado además del partido una carrera de 18 años como árbitro de rugby.
Si hay una palabra que engloba todo este tiempo es pasión por el arbitraje, desde el primer día hasta el último. “Disfruté a pleno de esta carrera, con el sacrificio que llevan las cosas cuando uno las emprende desde el Interior; pero cuando uno siente amor por lo que hace y le mete esfuerzo se pueden lograr cosas que ni imagina, y en mi caso sucedió así†confesó Panarace.
“Estuve en torneos internacionales, en giras de seven, en campeonatos argentinos, en los regionales pampeanos, en los intercambios con la URBA. Es una decisión que venía masticando desde hace un tiempo y hoy a mis 40 años creo que es el momento de hacer un alto, a pesar de que me siento muy bien y de que siempre fui muy jeringa con el cuidado de mi cuerpo†acotó.
No será una despedida del rugby, sino del compromiso de estar cada sábado de su vida a disposición del rugby. “¿Qué me faltó? Quizás tener alguna posibilidad mayor a nivel de torneos argentinos, pero pude estar en varias participaciones. Me hubiese gustado algún protagonismo mayor a nivel Unión Argentina de Rugby, pero no me quejo y he tenido reconocimientos a través de las Uniones a las que he representado†destacó.
Ahora habrá un pequeño descanso que impone la familia. “Esto me parece que no lo saben ni mis viejos, pero en el último viaje mi hijo más chiquitito se me colgó de los pantalones para que no me vaya, y me fui con lágrimas en los ojos; me hice un replanteo. Creo que cumplí un ciclo, siempre fui muy responsable, muy autoexigente, mi competencia fue con uno mismo y logré mis grandes objetivos. Pero lo más lindo que me llevo es una gran cosecha de amigos†apuntó.
En 2006 Gabriel vivió el momento más duro de su carrera, cuando era un promisorio árbitro en la Unión de Mar del Plata, y fue agredido por un jugador durante el clásico tandilense entre Cardos y Los 50. Hoy recuerda la fecha con exactitud (12 de agosto de 2006), pero prefiere no recordar el nombre del agresor.
“En mi vida hubo un antes y un después. Más allá de la lesión, que fue la fractura de tabique nasal, el dolor más grande fue en mi interior, que el dolor físico. Fue un instante, algo que no esperaba. Nadie merece, ni espera una situación como esa; menos en el rugby y pensaba que no lo merecía alguien como yo que le puso tanta pasión†lamentó.
“Fue un momento muy duro, yo estaba en un gran momento en Mar del Plata, que es una de las mejores competencias del interior. En 2008 renuncié a la Unión de Mar del Plata y me vine para acá. Dejé muchos amigos, pero ese segundo cambió mi vida 180 grados†señaló.
Este sábado cerca de las 17, Gabriel Panarace le pondrá punto final a su carrera de árbitro de rugby, que como cualquier índole de la vida habrá tenido altos y bajos, momentos buenos y malos, pero a la que nunca le faltó un gramo de pasión.
