Si no hay rivales, hay que inventarlos

Por Redacción

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Marcelo Oliván / infoeme.com

Es muy probable que el intendente José Eseverri vea cómo, en esta semana, se amplía aún más el arco de adversarios domésticos que de una u otra manera, con mayores o con menores pericia y diplomacia, administran sus enconos contra el mandatario. No se trata de rivales virulentos, que les disputen poder con saña, sino otra cosa bien distinta: han llegado a la vereda de enfrente más bien por imperio de las circunstancias, por fuerza mayor, y tal vez desearían, unos y otros, no haber sido lanzados a esos mares. Pero el destino es sordo a las explicaciones detalladas, y obra a trazos fatales.

Tanto el grupo de sindicalistas de la CGT que más cerca están del Intendente, como el presidente del Concejo Deliberante Julio “Chango” Alem, no han buscado la confrontación sino que la puja los encontró a ellos, cuando se pusieron las ropas que nunca creyeron perder: las de la defensa de puestos de trabajo, los primeros; las del continuador del estilo de Helios Eseverri, el otro.

Algo, es evidente, ha fallado, y el Intendente ha entrado en una etapa de construcción de su imagen pública –el gran reto de su gestión de cuatro años, como ya analizó este panorama el mes en que asumió- donde dejó atrás el estilo de consenso, y lo ha trocado por una marca de diferenciación de parte del grupo local que lo sustentó hasta ahora.

A saber.

Los muchachos peronistas

José Eseverri entró esta semana a la Quinta de Olivos como quien entra a la casa de un viejo amigo. En la reunión encabezada por el presidente del PJ, Néstor Kirchner, estuvo la diestra del ex mandatario y de Florencio Randazzo, armador K en la Provincia de Buenos Aires. Al día siguiente se reunió en La Plata con el jefe de Gabinete de Daniel Scioli, Alberto Pérez.

Para los justicialistas que estuvieron en Olivos, la definición es informal, pero contundente: “ese pibe es peronista; habrá crecido en el radicalismo por tradición familiar, pero hablás con él y estás hablando con un peronista: la lleva bien, es inteligente y tiene un apellido que pesa; siempre ha sido peronista, pero se debe haber encontrado con la posibilidad de mostrarlo ahora, de grande”, sintetizan los PJ que no lo conocían de antes, y que lo junan recién ahora, cuando preguntan quién es el pibe ése que viene del radicalismo y entra a las reuniones de los compañeros como Pancho por su casa.

Pero el hecho es que José no está afiliado y aunque se acerque mucho al peronismo, no lo ejerció de chico. En algún punto, esa proximidad se desarma, como sucede ahora.


Kette y Arena. La cercanía gremial que sacó de las casillas al Intendente.

El decreto que reemplaza en el Hospital a la vigilancia privada por policías de la Bonarense está tomando la dimensión de una bola de nieve. Pero aunque verlo de esta manera sea bien gráfico, es un poco burdo para explicar los factores que están incidiendo en un tema que se sale de caja.

José Eseverri está convencido desde el primer momento de que Miguel Arena (quien además de ser el titular de la CGT es la cabeza del gremio de seguridad y por ende tiene fluida relación con las empresas de vigilancia) le está jugando mal: “nunca, jamás, cuando reclamó que la cooperativa Lince dejara de funcionar se preocupó por los puestos de trabajo; ahora que saco a la Cooperativa pero no pongo a otra empresa hace los planteos”, le ha dicho a los suyos, en la intimidad, furioso porque se opone a gastar dos millones de pesos en vigilar los pasillos del “Héctor M. Cura”.

Además, José no está tranquilo por el frente político en el Concejo Deliberante. Cree ver en cada proyecto que Carola Patané presenta la mano culta de Arena, quien queda vinculado al Pro porque su referente nacional, Angel García, milita con Mauricio Macri.

Sobre la base de ese enojo pudo llamar a Alejandro Kette, para retarlo por ponerse del lado del sindicalista de seguridad, en lo que será recordado como una de sus pifiadas más claras desde que está al frente del Municipio.

Por dos razones. La primera, porque como se cuenta al inicio de esta columna, su persistencia en ser duro donde tal vez no deba le va dando cuerpo de adversario robusto a quien hasta ahora apenas si era un amigo escuálido.

La segunda es quizás más delicada. Tal como se vio este jueves en el Concejo Deliberante, todo el arco gremial –salvo el grupo del Cesso de Miguel Santellán- se pintó la cara contra el Ejecutivo, en una asonada que los referentes más cercanos a José Eseverri no pudieron parar.

La interna gremial de Olavarría –un tole-tole para entendidos- encierra dos factores más que debieran preocupar al Ejecutivo, porque lentamente comenzarán a desplazarse hacia el terreno donde puede salir herido: no el de armado de boletas (donde el Intendente es un maestro de la rosca) sino en el del reclamo social (donde no pisa tan fuerte y corre riesgos en la escena pública).


Garay (Soeco) quiere que la CGT termine revisando los contratos laborales del Municipio.


Un dato de estos días es fundamental, y fue marcado por infoeme.com el viernes: el ingreso del ceramista Pedro Garay y su grupo de Soeco –hasta hoy refractario a la CGT- en el área de influencia de la central obrera. El hecho de que los sindicalistas se hayan reunido en la sede de Soeco este viernes, donde recibieron al concejal Marcelo Urlézaga, es un indicador del plano de batalla: allí, en la sede ceramista, han hecho trinchera, hacen inteligencia militar y pronto cargarán la artillería.

Garay es uno de los más lúcidos sindicalistas del ala dura. Durante años se mantuvo alejado del rosqueo autista de la CGT y siempre les bajó a sus pares la misma consigna: “cuando s den cuenta de que nos usan para la política y quieran hablar de gremialismo en serio, no gremialismo light, me llaman”.

Ahora, se ve, lo llamaron. Como hablaron con Urlézaga, exigen definiciones: “no nos vengan con resoluciones pavas; saquen una ordenanza donde anulan el decreto de José Eseverri que pone a la Policía en el Hospital; menos que eso no sirve”, le dijeron a Urlézaga en la sede de Soeco.

Pero no es todo. De Garay escucharon todos los presentes cuál debe ser la estrategia dura si los sindicalistas deciden romper con el Ejecutivo: ir por la cabeza del delegado del Ministerio de Trabajo, Eduardo Cataldi, primero; y si a Garay le dan aval en la CGT está dispuesto a convocar al Cesso de Miguel Santellán, después.

La tercera de las etapas es metralla directa al Palacio San Martín: el ceramista explicó que en la etapa que se viene debe ser un objetivo clave de la CGT ir por la anulación de los contratos-basura en el Municipio: becarios, planes trabajar, pasantías, cooperativas y otras “formas del fraude laboral”, en las palabras del sindicalista.

“Si no hacemos eso, es sindicalismo light”, les repitió varias veces, cortando el aire a media altura con las palmas de las manos hacia abajo, mientras sus dedos se movían simulando olas leves de un mar calmo de medianía. Era, claramente, un discurso de alguien que el Intendente les declaró la guerra, tal vez porque considera que no tienen capacidad de respuesta.

Alem, otro paso más lejos

Cada semana, por si los hechos no fuesen convincentes, el Intendente y el presidente del Concejo Deliberante dan otro paso más del minué sin retorno que danzan día tras día.

Esta semana, Julio “Chango” Alem vio la respuesta de José Eseverri a su desembarco en la Sociedad Rural, en el acto del 23 de agosto organizado por los ruralistas. En ese predio, Alem no llegó a hablar con Jorge Macri (a quien le hubiera interesado cruzar unas palabras con el ex intendente local) pero sí comprobó que la carga de la asamblea era de clara connotación política, más que nada duhaldista.

A los pocos días, el Intendente se mostró a la derecha del ex presidente de la Nación y actual titular del PJ, como un peronista más. A Alem la foto le resultó difícil de digerir, pero no más que eso: está decidido a permanecer en la política partidaria y ya es consciente de que hay varios sapos más a tragar por el camino, en la medida en que quiera cristalizar en el ejercicio del poder y la gestión lo que cree ver cómo apoyo creciente en la gente.


Alem ha perdido referencia, y otros funcionarios están más cerca del Intendente.

No le será fácil. Y en estos días descubrió cuánto: la negativa a que Parque Norte lleve el nombre de Helios Eseverri, tal como había promovido él mismo al apoyar un proyecto de la Coalición Cívica, no le termina de cerrar. La decisión del Ejecutivo indica que “la familia” del ex Intendente, básicamente sus tres hijos (Ana, Stella y José) no quieren que “en este momento” se haga la denominación.

Pero lo que Alem ignora es que el Intendente está dispuesto a llevar más lejos esa diferenciación política y la reivindicación personal de paternidad. Es un hecho que está tomada la decisión familiar de elevar una nota al Concejo Deliberante, donde explicarán las razones por las cuales no quieren que el nombre de Helios Eseverri se use a instancias de ningún dirigente que lo solicite por fuera del grupo familiar.

Es, de hecho, es mayor costado político de una carga simbólica enorme. Los tres hermanos (que tienen heredada una notable capacidad de cálculo para los hechos de entidad pública, y elaborarán una nota contundente donde nada de lo que se diga será casual) deben definir varios aspectos de la misiva, pero es difícil que eludan en el texto el tono de sanción para “los que quieren colgarse del nombre de nuestro padre”, según ya meditan, enojados con la Coalición, pero también con “Chango”.

Alem deberá masticar el golpe en silencio, si es que sigue en pie su voluntad de no salirse del grupo a pesar de las decisiones de coyuntura que va tomando José.

Lo que no se podrá evitar, en esta semana, es que los adversarios que no han querido serlo mediten nuevas movidas, heridos también por la proximidad que hizo que el golpe fuera más duro.