Daniel Lovano / Infoeme.com
En una década de fútbol chaira en los máximos niveles del Consejo Federal hubo de todo: momentos lindos y feos, tristes y felices, buenos y malos, pero conmovedor sólo uno, y fue un domingo a la mañana de 2005.
Más precisamente el 23 de enero, cuando Racing -recién consagrado ganador del torneo “Aperturaâ€- recibía a Deportivo Santamarina en el inicio del torneo “Clausura†inmerso en una atmósfera muy particular.
En vísperas de otro nuevo choque entre olavarrienses y tandilenses el plantel salía de una consagración, pero atravesaba un momento muy duro por la muerte el último día de 2004 de Santino, el hijito de Alejandro Sepúlveda de apenas ocho meses.
En una de las primeras participaciones de esa mañana Sepúlveda tomó una pelota en media cancha. Había llegado de un saque largo de Senzacqua y posterior peinada del “Tati†Saavedra; corrió unos metros, dejó el tendal y cuando enfrentó el área grande miró para el arco que da a la avenida Sarmiento, y sacó un terrible zurdazo que castigó el ángulo derecho de Ijurco y se metió.
La multitud se conmovió: llorando, Alejandro Sepúlveda salió corriendo y le dedicó el gol a su esposa, que se encontraba en la tribuna lindera a la platea techada. Un nudo se atravesó en la garganta de un par de miles de espectadores, que de pie compartieron su drama con un aplauso que se extendió por más de un minuto y medio.
“Uno con el tiempo aprende a convivir con el dolor. En ese momento estaba mi señora en la cancha y la fui a buscar porque ella estaba sufriendo igual o más que yo por la pérdida de nuestro hijo. En ese momento sentí que no sabía de dónde había sacado fuerzas para patear, porque la verdad que era bastante lejos y pegarle al arco desde ahí no era lo más apropiado†confesó Sepúlveda.
“Recuerdo mucho las palabras de ese loco lindo que era Hernán Pedraza antes de entrar a la cancha; me miró a los ojos, miró a todos mis compañeros y dijo ‘vamos a hacerlo por Ale, que vino a poner la cara por nosotros en un momento muy difícil’. De esas palabras me acuerdo como si fuese hoy, y me llenan de orgullo, porque significa que mis compañeros entendían mi situación†agregó.
“Son momentos que a uno lo marcan; quedó la sensación de haber hecho lo correcto. Cuando uno integra un grupo debe responder a ese grupo, y yo sentía la necesidad de estar dentro de la cancha a pesar de lo duro de mi situación. Si no hubiese existido un grupo tan unido habría resultado muy difícil para mí afrontar ese momento†recordó, casi siete años después de aquel episodio.
Un año estuvo Alejandro Sepúlveda en Racing, pero su recuerdo con la camiseta diez quedó indeleble. “Es reciproco el afecto, porque yo también siento un gran aprecio por la gente de Racing; quedó mucha buena gente, amigos, que uno tiene siempre presentes†destacó el zurdo que hizo delicias en las canchas bonaerenses.
Una de las frases favoritas de Alejandro es “la vida te quita y la vida te daâ€. Hoy los ojos de la pareja son Abril de 5 años y Joaquín de un año y medio. “Vivo como en un sueño; cada día que pasa uno trata de afianzar más las redes familiares y disfruto de una familia hermosa†señaló.
Racing - Santamarina fue el dato para este recuerdo. “Sigo a Racing y no esperaba volver a verlo en el Argentino A, pero se lo merecen porque siempre trataron de mejorar y de ir para adelante. En la vida uno comete más errores que virtudes, pero deportivamente siempre intentaron hacer las cosas bien y este año primero lograron revertir una posición incómoda en el Argentino B y ahora se están dando los resultados en el Argentino A. Ojalá Racing algún día pueda concretar el sueño de lograr el ascenso al Nacional B, porque se lo merece y porque la Ciudad está en condiciones de tener un equipo en ese nivelâ€, aseveró.
Sólo diez meses jugó Alejandro Sepúlveda en Racing, pero cuando hay tanta calidad humana en el medio la dimensión temporal para nada condiciona la fuerza del recuerdo.
