El libro que narra la historia de un conde húngaro en Olavarría | Infoeme
Martes 28 de Abril 2026 - 17:18hs
16°
Martes 28 de Abril 2026 - 17:18hs
Olavarría
16°

El libro que narra la historia de un conde húngaro en Olavarría

El texto ordena la evolución de la dinastía Szechenyi y la vida de Geza Szechenyi, quien llegó a la Villa Von Bernard en 1948 escapando de los horrores de la post guerra, las persecuciones y la hambruna.

El martes 12 de mayo a las 19 será presentado en el Centro Cultural San José “Lazos del tiempo”, el libro escrito por Juan Carlos Revelante, que transita la historia de una dinastía de la realeza húngara y en especial un miembro de ella que se radicó en Olavarría, trabajó en Calera Avellaneda y formó familia en la Villa Carlos Von Bernard: Geza Elemer Szechenyi, -descendiente directo de Ferenc Szechenyi-, quien sobrevivió de los más terribles momentos de la guerra.

 

Las persecuciones, la hambruna y las pocas posibilidades lo obligaron a reiniciar su vida en Argentina en 1948, llegó a Olavarría y se instaló en la desaparecida villa.

 

La historia ordena cronológicamente la evolución de la dinastía Szechenyi, en un periodo de más de doscientos años, que une con sus aportes, sus experiencias, sus anécdotas, sus relaciones familiares, políticas y sociales a las distintas generaciones.

 

Desarrolla en cada capítulo, la esencia de cada personaje, las penurias y las vicisitudes de la época, la particular esencia de la villa de calera Avellaneda, con una descripción desmenuzada del entorno social y cultural, con la escenografía propia de cada etapa de tiempo, y sobre todo analizando los conflictos emocionales que cada momento les presentaba.

 

Geza era descendiente directo del conde Esteban Széchenyi de Sárvár-Felsővidék, un político y escritor húngaro, apodado “el más grande de los húngaros”.

 

A su vez, Esteban era hijo del conde Ferenc Széchényi, fue el fundador del Museo Nacional de Hungría y de la condesa Juliana Festétics de Tólna, ambos miembros de dos de las familias aristocráticas más importantes del reino húngaro en su época.

 

A través de sus 380 página el libro rescata la figura fundacional de Istvan (Esteban) Szechenyi cuando “imaginó su Hungría, vio un pueblo feliz, en libertad y con ansias de un futuro promisorio”.

 

“Provenía de un linaje aristocrático, signado con privilegios que el mismo entendía que no se los había ganado, pero que estaba dispuesto a luchar por su patria desde sus ideas, desde sus valores, desde la libertad del pueblo y de la igualdad de oportunidades, para devolver lo que Hungría le había dado a lo largo de los años” dice la sinopsis del libro que será presentado en Olavarría por el autor del libro y uno de los hijos de Geza, Sandor, actualmente radicado en Neuquén.

 

Esteban, acota, “entregó hasta su vida por la causa, quedando el mote de ‘El más grande de los húngaros’, como un rasgo distintivo de los valores personales, culturales y universales. Principios que permitieron guiar los comportamientos y decisiones de sus sucesores y de una sociedad abierta a los cambios necesarios”.

 

La idea de Istvan de unir Buda y Pest con un puente estructurado con sendas cadenas, representaba además sus deseos de una Hungría unida con eslabones de pertenencia, de valores íntegros, de amor a la patria, y de contenido social y cultural. 

 

La historia narra los orígenes del apellido Szechenyi, con los personajes que nutrieron con sus actos y sus aportes a la vida política, social y cultural de Hungría, desarrollando en anécdotas, lo que cada uno de los miembros del linaje compartieron en valores y enseñanzas a sus sucesores.

 

El cambio brusco en la historia se originó por las guerras que dispersaron a los miembros de la familia. Describe la odisea de varios de ellos escapando de la guerra y protegiendo a sus familias frente a los escenarios cruentos y se centra fundamentalmente en los destinos de Geza Elemer Szechenyi, -descendiente directo de Ferenc Szechenyi-, quien sobrevivió de los más terribles momentos de la guerra.

 

Las persecuciones, la hambruna y las pocas posibilidades lo obligaron a reiniciar su vida en Argentina en 1948.

 

“Con un bagaje de experiencias y situaciones extremas que templaron su espíritu y el carácter trató de imponer en sus hijos y familia, reglas y normas de protección moldeadas para que desarrollen fortaleza para los desafíos de la vida, formadas fundamentalmente por su destino resiliente y por sus experiencias de sobrevivencia” describe la sinopsis.

 

La historia repasa la rica experiencia laboral de Geza en Calera Avellaneda, con un sistema que se presenta como un espacio privado que vincula la actividad fabril con la actividad social, educativa, deportiva y cultural de sus miembros, en un modelo empresarial conocido como fábrica con villa obrera, con gran sentido de pertenencia desde las esferas de producción y reproducción de las fuerzas de trabajo, tanto sociales como laborales.

 

“Su capacidad, actitud, compromiso, inventiva y versatilidad le permitió a Geza ser un referente en la fábrica y formar parte de las innovaciones y desarrollo y crecimiento de la fábrica” destaca esta entrada al libro de la familia Szechenyi.

 

Sandor, hijo de Geza, recibió -así como sus hermanos- esas enseñanzas.  A los 14 años su padre le dijo que la familia tenía el título de “conde”, y le explicó sobre su significado, pero haciendo hincapié fundamentalmente que un título nobiliario se gana, no basta solamente con tenerlo.

 

Sandor instintivamente tenía esos mandatos. Su viaje a Hungría por primera vez le permitió descubrir el carácter de su esencia, la importancia de su apellido, la veneración de sus predecesores, el legado que cada uno dejó para el pueblo, la historia familiar y sin premeditarlo logró completar su identidad que lo nutre de un pasado complejo pero nutrido de experiencias que revalorizan su propia historia.

 

Así como Istvan se sentía en deuda con su pueblo y dedicó su vida a forjar los lineamientos de unión y libertad, Sandor entendió que podía dejar su aporte y su dedicación a la sociedad de Hungría: participar de las reuniones familiares para objetivos comunes, dar charlas en las escuelas.

 

Fomentar el deporte como lo hacían su padre y sus abuelos y con ello dejar caminos abiertos para sus sucesores, con espacios de integración que permitan nutrirse de la historia, de las costumbres y del linaje heredado, recuperando el ser magyar que por muchos años fue vedado. 

 

Lo trascendente de la historia fija el hecho que Geza pudo volver a su tierra, prohibida hasta la caída del muro, y se reencontró con su historia, con sus paisajes, con sus recuerdos. Situación que muchos húngaros no pudieron lograrlo.

 

 Sandor asumió esos sentimientos, y ante todo quiso homenajear a su padre llevando sus cenizas desde Argentina y dándole un lugar junto a sus ancestros, como cumpliendo los preceptos del Szozat. Hoy sus restos descansan en el castillo de Nagycenk.

 

 

Compartirla

Notas Relacionadas