Cuando el arte opera como refugio contra la barbarie. El padre Jorge “Chueco” Romero es el epicentro no buscado en la foto “La Argentina de Milei” de Tadeo Bourbon, que viene de ganar el World Press Photo con una imagen de la represión a los jubilados frente al Congreso de la Nación.
La noticia impactó por varios lados: la cruel belleza de la foto, el prestigio mundial que tiene este reconocimiento y el nombre del protagonista (“Chueco” Romero) tan vinculado con uno de los deportistas más importantes en la historia de Olavarría. El padre Romero es un cura villero que integra el grupo “Opción por los pobres” y lleva a cabo su labor pastoral en Ciudad Oculta, un asentamiento ubicado en Villa Lugano.
La escena galardonada corresponde al 14 de mayo de 2025. La vida del padre “Chueco” Romero dedicada a los más necesitados, a los más vulnerables, a los olvidados en muchos casos por la sociedad y por el poder comenzó mucho antes.
El inicio de la charla fue con una felicitación al “pibito que sacó la foto que se hizo famosa y por esas decisiones de la vida, de Dios y de la Virgen después tuve la posibilidad de conocerlo. Es uno de esos pibes que, en medio de tanta oscuridad, de tanta maldad, de tanto odio que viene desde arriba mantienen viva la esperanza”.
“La foto muestra como a través del arte se puede llegar a iluminar en medio de tanta oscuridad y tanto odio programado. Si esta foto sirve para que en el mundo se conozca un poquito más cómo se maneja esta gente con los más débiles, con los más desposeídos y desprotegidos, bienvenido sea” valoró.
El padre “Chueco” Romero recuerda con lujo de detalles la previa y el post de la imagen de la represión a los jubilados que se expandió al mundo como aquellas plegarias de las madres de la Plaza de Mayo a un periodista holandés en medio del Mundial 78.
La protesta tuvo una previa, con la marcha de los jubilados que acompañaron varias hinchadas del ascenso y que derivó en el derecho de admisión por parte del Gobierno nacional para Carlitos, el jubilado que se hizo conocer con la camiseta de Chacarita. Fue el 12 de marzo de 2025, el día que una granada de gas lacrimógeno a punto estuvo de llevarse la vida del fotógrafo Pablo Grillo.
“Con el padre Paco (Olveira) y otros curas y dijimos que teníamos que estar ahí como iglesia que supuestamente seguimos a un Jesús que terminó colgado en la cruz, como aquel que no merece vivir porque los poderosos del momento -aún religiosos- lo decidieron eso y ahí surgió la idea de ir con las estolas, todos juntos” recordó.
Sin una pausa en su relato, pero con una claridad meridiana, el padre “Chueco” Romero rescató de la memoria que al llegar “estaba todo medio picado. Estábamos con el padre Paco, pero había muchos otros curas, había pastores y terminamos entre los de Prefectura y los jubilados que estaban tratando de hacer algo ahí en Callao”.
“Ni siquiera cortaban; en los semáforos hacían una movidita y los atropellaban los de la Prefectura. Entonces el padre Paco propuso rezar juntos un Padre Nuestro con los prefectos y ahí empezaron a empujar a lo loco, como si les hubiesen dado una orden de arriba diciendo ‘no recen juntos, a ver si los muchachos que están con los escudos terminan rezando con los jubilados’ y la segunda vez que Paco intentó rezar le fueron con todo” añadió.
Es el instante en que Tadeo Bourbon gatilló su cámara y capturó la imagen que trascenderá como un modo de hacer política en la historia argentina de estos tiempos.
Una semana más tarde, en el mismo lugar se produjo el encuentro: “Se me acercó un pibito re sencillo, se presentó y me dijo ‘hola, yo soy el que sacó la foto’. Para mí Tadeo es un fenómeno ahora que lo conocí. En algún momento, en alguna otra marcha intercambiamos celular y después tuve la posibilidad de que viniera a tomar unos mates al barrio”.
“Es uno de esos pibes que para mí son unos fenómenos, en medio de tanta cosa fea. Como Pablito Grillo, que uno cuando se enteró lo que le había pasado no sabía cómo acompañarlos, cómo abrazarlos. Son pibes que arriesgan la vida acompañando a los jubilados que reprimen todos los miércoles y mantienen viva la esperanza frente a este mensaje de odio que además es mundial” lamentó.
Siempre con los pobres
El padre “Chueco” Romero es porteño del barrio Montserrat, el más antiguo de Buenos Aires, donde los primeros españoles se asentaron en 1580.
Intentó excusarse en principio y poner su historia personal en último lugar. “Lo más importante es que los jubilados están todos los miércoles frente al Congreso pidiendo un salario justo y los siguen reprimiendo y gaseando cuando pueden” recordó.
Ante la insistencia por conocer un poco de su vida, accedió: “Desde que estaba en el seminario siempre, siempre soñé en el corazón -que es distinto de soñar en la mente- estar con mi gente, con los más pobres”.
“Desde muy pibe empecé a ir a al monte santiagueño, desde muy chiquitito aprendí que hay una sabiduría que no tiene que ver con las universidades, sino que tiene que ver con el saber de la gente más de abajo; admiré a esa gente y después elegí ir a las villas buscando a Dios. Yo creo y sé y además le puedo discutir a cualquiera que Dios vive especialmente entre los pobres” sostuvo el padre “Chueco” Romero.
“Cuando uno en la vida anda buscando a Dios termina ahí porque es donde Dios eligió. Por eso me acerqué a las villas en el año 97 y tuve la bendición de Dios, de la Virgencita que cuando llegué todavía había algunos gigantes de la época de Mujica: estaba Rodolfo Richardelli en el Bajos Flores con Ernesto Narcisi, que con el tiempo fue mi amigo; después conocí a Botán, a Vernazza. Uno conoció a esos grandes que vivieron un montón de cosas y de los cuales fue tratando de aprender” narró.
El padre “Chueco” Romero diferenció la vida en las villas de CABA con las villas del Conurbano: “Las villas de Capital yo digo que son del primer mundo, se pasó de la madera y la chapa de cartón a la loza y en la medida que se le da la posibilidad al vecino de que mejore, mejora, porque la mayoría trabaja y tienen oficio, porque albañiles, plomeros, enfermeras, camilleros, recolectores de basura”.
“Si vos me aseguras que no me van a echar de donde yo vivo empiezo a mejorar mi casita y así las villas de Capital se transformaron. Por ahí tenés casas de 3 ó 4 pisos y algunos los atacan porque alquilan. Primero que la hizo él porque era albañil y segundo no tiene jubilación porque toda su vida trabajó en negro, nunca le reconocieron nada y ahora con 70 años vive con los alquileres” planteó.
Romero cuestionó que “hace muchos años nos vienen desarmando la organización popular. Nosotros no tenemos comisiones vecinales. Hay una ley que dice que las propias villas pueden elegir sus representantes que está frenada y hay punteros que negocian directamente con los de arriba y como tienen los recursos son los que manejan el barrio”.
“En la Provincia es distinto porque hay menos recursos y tuvieron que seguir organizándose para que los comedores siguieran andando. Ahora con Milei recortaron los comedores, les sacaron todo y tuvieron que salir a inventar” comparó.
El “Chueco” Romero
Entre el reporte de tanta crueldad, tanto dolor, tantas necesidades que afloraban del decir del padre Jorge Romero, cuando con el correr de la conversación surgió cierta afinidad entre el entrevistador y el entrevistado los últimos minutos quedaron para una charla más distendida.
Porque al padre Jorge Romero todos lo conocen como el “Chueco” Romero y escucharlo en Olavarría tiene un sonido muy especial.
“¿El ‘Chueco’ Romero? Sí, como no lo voy a conocer, de chiquito, del Turismo Carretera. Aunque no era muy seguidor del automovilismo por supuesto que lo conocía” exclamó.
El apodo no viene de la infancia, con lo cual se puede sospechar alguna conexión: “En el primer partido de fútbol que jugamos en el seminario un compañero gritó ‘pasala Chueco’, quedó y de ahí en más nunca jamás me llamaron Jorge Romero”.