Lejos está su experiencia de parecerse al guión de aquella película de Nicole Kidman “Épica Romántica”, que contaba la historia de una aristócrata inglesa que fue a arremangarse en el campo australiano, pero algo de épico y algo de romántico tuvieron los tres años que Emily allá en la lejana Australia.
“Siempre supe que mi vida está en la Argentina y en Olavarría, pero quería vivir esa experiencia” repasó, a unas pocas semanas del viaje de vuelta, arremangada para terminar de construirse su casa en pleno barrio Villa Floresta.
Partió desde Ezeiza a fines de 2022, después de haber encabezado el equipo argentino que ganó el Sudamericano de softbol, que disputó el Panamericano y cuando empezaba a ejercer su profesión como profesora de educación física.
Fue una decisión compartida, recordó a la distancia: “Lo habíamos hablado con mi hermano y dijimos de irnos para probar. Teníamos ganas de salir un poco de la Argentina, de laburar afuera, conocer otro país, otra cultura, para mejorar el idioma inglés. Fue más que nada una decisión entre los dos y le metimos para adelante”.
Enseguida aclaró que “siempre tuve claro que yo quería vivir acá en Argentina, en Olavarría, así que me fui sabiendo que en algún momento iba a volver. No sabía cuándo, pero sí que sí iba a vivir acá”.
Los tres años en Australia estuvo en Nueva Gales del Sur, una comunidad rural llamada Moree, que no llega a los 10 mil habitantes. Como muchos de los pueblos de campo de la Argentina.
Era una experiencia nueva, inédita en todo sentido para dos pibes de una ciudad mediana, estudiantes, que jamás habían estado cerca del aroma de la tierra.
“Estuve trabajando en el campo; cambié de campo, pero los tres años estuve en el mismo rubro ¿Qué hacía? Allá se trabaja mucho el algodón, trigo, cebada. Un poco de todo, pero más que nada el algodón, así que trabajábamos con eso. Cosecha, siembra, de todo un poco” contó.
Regreso como una especialista, como para llevar un CV a la provincia del Chaco. “El algodón necesita mucha irrigación, se trabaja más o menos de noviembre a abril y eso lleva mucho, mucho laburo. La verdad que fue demasiado nuevo todo para mí, porque yo acá nunca estuve relacionada con el campo. Nunca, nada que ver” sumó Emily.
“Lo bueno es que allá toman gente sin experiencia y no tienen problema en enseñarles todo desde cero. En eso creo que Australia está mucho más avanzado que la Argentina y sobre todo fue una experiencia re linda” añadió.
Aunque en las antípodas, por tratarse de un país de primer mundo, el trabajo manual en el campo hace mucho que pasó a ser un relato de la historia. “Se emplea mucha tecnología, los tractores son de los últimos, de lo más nuevo que hay. Mucha máquina. ¿Si me subí a un tractor? Sí, más vale, era mi laburo. Todo nuevo para mí y cuando mandaba fotos de allá no lo podían creer, pero me gustó mucho, fue una experiencia re linda” rescató Emily.
El país es todo lo que se dice desde tan lejos. “En Australia hay mucho orden, todo funciona. La verdad que la gente en sí es fría, pero una vez que te conocen y que uno empieza a tener relación son re piolas. Nada que ver con la gente acá, no se van a juntar un domingo para comer un asado y los cumpleaños casi que no se festejan” comparó.
Allá se encontró con un crisol de razas y nacionalidades: “Hay muchos franceses, canadienses, mucha gente de Indonesia, de China, Japón. Me hice una amiga de Canadá y de gente de Nueva Caledonia. Esas son las amistades que más me quedaron. Nos apoyábamos mucho entre nosotros para salir adelante, porque estábamos todos el día lejos de la ciudad y necesitábamos de ese acompañamiento”.
En la cuestión económica, valió la pena, dijo. “Lo de quedarme laburando en el campo lo hice más que nada por un tema económico, para hacer una diferencia, pero sabiendo que me quería volver a la Argentina, así que si económicamente la verdad que valió la pena” valoró
Nada fue sin esfuerzo. “Hemos laburado mucho. No es que se trabajan seis horas y uno se llena de plata. Nosotros laburábamos 12 horas al día y cada 14 días teníamos dos días libres, o sea que laburábamos un montón”.
Un esfuerzo que a Emily no sólo le permitió hacerse de unos recursos, sino pisar un mundo inaccesible de otro modo. “Viajé bastante, por suerte conocí varios países, así que eso estuvo buenísimo también. Estuve en Indonesia, Tailandia, en Malasia, en Maldivas, en Nueva Zelanda” señaló.
De todo lo desconocido, se quedó con la tierra de los All Blacks. “Indonesia y Tailandia son muy lindos, pero es muy diferente, hay mucha suciedad en las ciudades. Hay mucha historia, pero yo opté por las playas. Son viajes baratos y lindos para hacer cuando uno está allá, pero no sé si volvería” admitió.
El regreso tenía fecha fija. “Volví porque se me terminó la visa de trabajo, que era por tres años y bueno, con mi hermano ya nos teníamos que ir del país. Tenía muchas ganas de venirme, estoy motivada y estoy muy bien acá en Olavarría” destacó.
Emily se fue siendo figura de la selección argentina de softbol y regresó con otras expectativas, por ahora. En principio con un tiempo sabático: “Ahora no estoy laburando; me tomé unos días de vacaciones porque en Australia trabajé hasta el último día”.
“Necesitaba un poco de descanso y estoy haciendo mi casa. Antes de ir al Sudamericano que ganamos estaba recién recibida de profe y trabajaba en un gimnasio. Me llevaba mucho tiempo, mucho viaje, mucho de todo y se me complicaba trabajar y que todos los viernes me tenía que pedir el día” acotó.
Por ahora el deporte es sólo recreación, aunque aclaró que no le gusta perder ni a las bolitas. “Softbol no estoy jugando. Por ahora le estoy metiendo al pádel, disfrutando un poco del juego. Toda mi vida hice deporte para competir y tengo ganas de disfrutar un poco también. Yo quiero ganar siempre, pero no entreno toda la semana, juego partidos, disfruto con mis amigas y eso” narró.
El teléfono por ahora no sonó para Emily desde la Confederación Argentina de Softbol. “Ellos saben que no estoy entrenando y hasta que no me pongan a entrenar no me van a llamar” imaginó.