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Una vida dedicada al servicio: bombero por vocación, odontólogo por profesión y político por “casualidad”

De larguísima trayectoria en Olavarría, Carlos Clavero ha sido reconocido desde diferentes ámbitos: muchos conocen al político, muchos al profesional de la Salud, otros al bombero incansable, pero más allá de la capacidad de coordinar tareas tan disimiles hay una motivación primordial y temprana: la vocación de servicio, que lo ha llevado de los siniestros más recordados de la ciudad hasta realizar la primer cirugía Cirugía Bucal-Maxilofacial de Olavarría.     

Por Federico Colmenero

“Ojalá que tengas una vida interesante”. Parece un buen deseo, un afán inocente, pero en realidad es una antigua maldición china. Para una de las civilizaciones más viejas del mundo, tener una vida “interesante” significa descartar la placidez de una vida tranquila por el vértigo de una vida atareada, llena de ocupaciones y cambios. Así fue la vida de Carlos Clavero, un vecino olavarriense que supo aunar en su vida múltiples intereses que coexistieron durante la mayor parte de su vida. Adrenalina, disciplina, peligro, estudio, deportes y hasta burocracia no faltaron en su trayecto.

Bombero desde hace 42 años, odontólogo desde hace 30, junto con una carrera de largo curso en la política, todos los diferentes intereses de Carlos parecen tener un denominador común: la vocación de servicio, el afán de servir a la comunidad, lo que le ha dado un gran repertorio de satisfacciones como así también la imposición de hacer grandes sacrificios.

“Me aceptaron mintiéndole a mi vieja, le dijimos que me tenía que dejar entrar porque no íbamos a salir y por eso me firmó el ingreso. A los poquitos días ya salí a mi primer incendio, que fue en el campo La Amalia”                   

“Soy bombero desde los 16. En realidad quise entrar cuando tenía 15 años pero no me lo permitieron, así que volví al año siguiente y entré junto con un amigo con el que nos criamos prácticamente juntos. Me aceptaron mintiéndole a mi vieja, le dijimos que me tenía que dejar entrar porque no íbamos a salir y por eso me firmó el ingreso. A los poquitos días ya salí a mi primer incendio, que fue en el campo La Amalia, en la ruta 76”, cuenta Clavero, que tuvo su bautismo en el servicio siendo apenas un adolescente: el temprano inicio de una larga trayectoria sirviendo a la comunidad.

“En ese tiempo éramos choferes de primera dotación: siendo menores de edad ya manejábamos el autobomba. Eso ya ha cambiado, en ese tiempo nada más éramos 27 bomberos, así que pasabas por el cuartel, te plantaban un casco, un saco de cuero y salías. Yo creo que los de la edad nuestra y los que ahora están jubilados fueron los pioneros de haber podido mantener Bomberos y que llegue a ser lo que es hoy, que se haya profesionalizado de tal forma”, afirma Carlos sobre una de sus más tempranas pasiones.

“A mi amigo de toda la vida, Carlitos Scala, le gustaban los camiones, y siempre hablábamos de Bomberos, que lo teníamos a pocas cuadras. Aparte de eso teníamos un vecino que era bombero y cada vez que tocaban la sirena -que en ese tiempo era el llamado- nosotros salíamos corriendo y prácticamente llegábamos primero que ellos a todos lados, así que cuando me hice más grande, a los 15 años, fui y no me dejaron entrar, al otro año fui con mi hermano, hablamos con el jefe y entré”, recuerda el odontólogo.

A diferencia de lo que suele pasar con las este tipo de actividades -en donde la vocación se hereda de padre a hijo-, el padre de Carlos, que murió cuando él tenía 13 años, no tenía gran simpatía con la institución, pero de alguna manera le predicó con su ejemplo la importancia de servir a la comunidad: fue el fundador del Banco de Leche, del Rotary Club de su barrio y presidente de la Sociedad de Fomento de Pueblo Nuevo, lugar en donde vivían, en una casa ubicada en Belgrano y Maipú.

“Se prendió fuego la estación de servicio, varios vehículos que estaban debajo de un tinglado, los edificios vecinos, que tenían todos sus medidores de gas apuntando para el lado de las llamas, por lo que tuvimos que evacuar mucha gente, fue muy una cosa muy grande, una mujer resultó herida tras arrojarse de una ventana para salvarse de las llamas y caer en un techo de chapa, fue como caer en una plancha”

Pero la vocación de servicio no fue el único legado, también lo fue la importancia de estudiar y tener una profesión. Fue así que después de terminar la secundaria, Carlos se fue a estudiar Odontología en La Plata, donde cursó la carrera sin abandonar nunca su puesto de Bombero.

“Mientras estaba allá estudiando estuve yendo a bombero de Beriso bastante tiempo. Ahí tuvimos un incendio grande en la destilería de YPF, en el año 88, eso fue impactante: yo estaba en el segundo año de la carrera y no sabía cómo trabajar una cosa así, Olavarría casi no tenía siniestros de ese estilo, encima tiramos la espuma y estaba vencida. Al final funcionó igual, pero fue una situación complicada”, recuerda Carlos, que lo más cercano que había estado a algo así en Olavarría había sido el incendio de la estación de servicio de Belgrano y Moreno, frente al Hotel Savoy, un año antes, en enero de 1987.

“Tuvimos que evacuar el edificio lindero, el Hotel Savoy, el edificio del Bristol y las cuatro manzanas de alrededor. Se prendió fuego la estación de servicio, varios vehículos que estaban debajo de un tinglado, los edificios vecinos, que tenían todos sus medidores de gas apuntando para el lado de las llamas, por lo que tuvimos que evacuar mucha gente, fue muy una cosa muy grande”, rememoró el “Carlos Bombero” sobre el hecho, en dónde no hubo víctimas fatales pero sí una mujer que resultó herida tras arrojarse de una ventana para salvarse de las llamas y caer en un techo de chapa “que era como caer en una plancha”.

“Tenés que dejar muchas cosas de lado, para ejercerlo lo mejor posible. Ha habido fines de semana que iba a chequear las heladeras porque se saltaba la térmica y nos quedábamos sin luz, situaciones parecidas a lo que pasó acá con el freezer, fue un trabajo impresionante”

Fue en 1991 cuando se recibió de odontólogo y volvió para Olavarría, en donde entró a trabajar al Hospital Municipal. Su carrera en la Salud fue tan completa y cargada de desafíos como su actividad como bombero: realizó, en 1993, la primer Cirugía Bucal-Maxilofacial que se hizo en Olavarría -lo que generó que se empezaran a derivar cada vez menos los casos de traumatismos faciales- y llegó, con el tiempo, a ser Director del Hospital, Presidente del Colegio de Odontólogos durante cuatro periodos y, finalmente, Director de la Región Sanitaria IX, que nuclea a 10 diferentes localidades de la zona.

“En un cargo así te la tenés que jugar, no tenés vacaciones ni nada, es por vocación, cuando vos asumís un compromiso así tenés que dejar muchas cosas de lado, para ejercerlo lo mejor posible. Ha habido fines de semana que iba a chequear las heladeras porque se saltaba la térmica y nos quedábamos sin luz, situaciones parecidas a lo que pasó acá con el freezer, fue un trabajo impresionante”, recuerda Carlos, que hizo del “gusto de hacer algo por la comunidad, por lo colectivo”, un modo de vida que lo llevó, también, a ser candidato a concejal en dos ocasiones.

Desde un frente o del otro, son muchas las veces que Carlos se las ha jugado, como cuando con apenas 15 años y casi sin tener un momento para dormir y comer estuvo una semana entera asistiendo a las familias afectadas por la inundación del 80.

“Estaba en un cumpleaños de 15 y pasó el autobomba abajo del balcón del salón, era la primer salida hacían, me hicieron señas, fui para bomberos, me senté en el autobomba y ahí empezó todo. La segunda salida fue al hospital y la tercera a evacuar a las personas del Barrio Isaura, desde ahí no paramos más”, evoca Clavero sobre la histórica inundación que afectó a Olavarría 30 años atrás.

“Te sentís muy bien ayudando a la gente”, reflexiona este vecino olavarriense, a quien, por otro lado, ese estilo de vida también le ha significado grandes sacrificios. “A mi señora la he dejado en casamientos sola, en cumpleaños, en fiestas de fin de año yo sacaba vacaciones y las sacaba para estar en bomberos. En el incendio del supermercado chino, alrededor del 2004, mi señora se había enojado porque habíamos ido a la fiesta de despedida de fin de año, yo salí y no volví en toda la noche: llegué a la otra mañana, todo sucio, con olor a humo y con el diaria abajo del brazo, para justificar la ausencia: en la tapa estaba yo con mis dos amigo”, vuelve a recordar el “Carlos Bombero”, quien también admite haber dejado “algún paciente esperando en la sala de espera” ante la urgencia de un llamado.

De todas maneras, como buen optimista, Carlos pone el acento en las satisfacciones, como la ocasión en la que, sin esperarlo, encontró de casualidad al chico que había salvado cuando apenas era un bebé de 8 meses.

“Ahora lo tengo de vecino en la quinta. Me enteré que era él por casualidad, él no sabe nada, y aun así fue un momento lindo. No sabía si sacarme una foto o no, porque si lo hacía le tenía que decir por qué me quería sacar la foto y no me dio, pero nunca es tarde”, contó este padre de cuatro hijo más “dos hijos del corazón” y, aparte, abuelo de tres nietos. En aquel tiempo él estaba en el primer año del secundario, acudió a un llamado y, mientras sus compañeros apagaban el incendio, él fue a rescatar al bebe que dormía en la habitación.

Después de una vida de servicio, la vocación de este vecino olavarriense no se ha agotado: aunque como bombero ya se encuentra jubilado, continúa en contacto permanente con sus compañeros -entre los que ya es toda una institución- y sigue ejerciendo como odontólogo. Aparte de eso, disfruta de su familia, mantiene su interés en la política y algunos que otros pasatiempos, como  los “fierros”, otro campo que ha despertado su interés a los largo de su vida. Según cuenta, se siente afortunado de muchas cosas, como de que no le haya tocado “trabajar” en un incendio o un accidente en donde hubiera algún familiar involucrado, y, sobre todo, agradecido por  las gratificaciones obtenidas por todo una vida de servicio.

 

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