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Olivia Orsatti - Jorge Scotton / Infoeme
En algún pasado no muy lejano, la realidad se les aparecía encarnada en un universo de violencia y callejones sin salida, pero hoy, ocho jóvenes pueden volver a soñar con un proyecto de vida gracias a su lucha contra sus adiciones que llevan a cabo en la Quinta de “Don Mateo.â€
El Centro de Día para la Atención de las Adiciones que funciona en un predio del camino de los Peregrinos está equipado con un gimnasio, una cocina, una sala general y otra de talleres para que jóvenes de entre 12 y 18 años puedan tener una segunda oportunidad.
Infoeme, llegó al predio refaccionado por el municipio para este fin junto al Secretario de Desarrollo Local Eduardo Rodríguez, quien junto al subsecretario de área Cristian Delpiani contaron que el proyecto es el único en la Provincia que se lleva adelante solamente con fondos municipales. “Con esta decisión nosotros arrancamos con una capacitación de un año que hicimos con la Fonga, la Federación de ONG que trabaja con adicciones y a partir de ahí, el año pasado constituimos el equipo técnicoâ€.
Lo integran: la coordinadora Rosana Rivarola, el licenciado en trabajo social César Ramiro Avinceta, la profesora de educación física Lorena Elizabeth Chamorro, la psicóloga Maria Carolina Rikal, Nicolas Emanuel Zapata, los talleristas Norma Guerra y Pastor Gerardo Lemos, el operador Pablo Juárez y la cocinera Gabriela Vivas.
De lunes a viernes, los ocho jóvenes de entre 14 y 17 años que actualmente asisten a la comunidad, son buscados puerta por puerta a las 8:00 para volver luego de las 17:00. En esas nueve horas, los chicos desayunan, almuerzan y llevan a cabo una variedad de propuestas recreativas y terapéuticas.
“Tenemos la modalidad de centro de día, eso es importante porque en lo que respecta a la atención de las adicciones la modalidad era ambulatoria o de internación. Por la temporada estival la actividad tiene algunas cuestiones más recreativas pero sino, los chicos tienen actividades más destinadas a lo terapéutico, espacios de reflexión, de terapia, actividades deportivas, un taller literario y después actividades con el lugar, con la vida y el hacer diarioâ€, explicó Cristian Delpiani.
En cuanto a la admisión de los chicos, “la derivación es del servicio local que recoge la demanda espontánea o por internaciones de otras instituciones. Una vez que se identifica al chico o la familia comienza el trabajo con el centro de día, se elabora la estrategia de intervención y la primera etapa en el espacio. Ante la ausencia de la voluntad del niño se lo invita a seguir participandoâ€, expresó Rodríguez.
En tanto, los integrantes del equipo definieron que principalmente la problemática pasa por el consumo de drogas y alcohol “y bueno, a partir de eso todas las problemáticas que tienen que ver con el contexto familiar, que hace que se produzca el consumo, y junto a eso el problema del barrio, violenciaâ€, expresaron.
El tratamiento es individual, grupal y con algún referente familiar. También se trabaja para la inclusión educativa porque la mayoría de los jóvenes abandonó el colegio y se intenta la reinserción. “El tratamiento tiene cuatro momentos básicos, el primero es de adaptación, después trabajar la problemática del consumo siempre con el entorno familiar, el tercer momento es armar el proyecto de vida, lo educativo y formal laboral y por último el armado de red que tiene que ver con la familia, el barrio, los referentes de las instituciones donde van a estar los chicos. Actualmente la mayoría está en la segunda etapaâ€, explicó el trabajador social Ramiro Avinceta.
Entre las razones de porqué los chicos caen en las drogas y el alcohol, el equipo destacó: “más que nada falta de contención en el núcleo primario, falta de afecto. No hay referentes fuertes y los chicos van por el mundo construyéndolos como pueden. También la violencia que es de chicos y grandes. Además pasan mucho tiempo solos por diversas razones y la soledad no es buena compañíaâ€, expresaron y agregaron: “Hay mucha violencia entre los jóvenes de Olavarría, se arman bandas y cada vez de más corta edad, pero si hubiese un mayor que los ve en sus actitudes diarias por ahí no pasaría esto. La tarea desde que el chico llega hasta que se va es de educación o reeducaciónâ€, finalizaron.
“Nunca está de más pedir ayudaâ€
Los dos tienen 17 años. Él comenzó a drogarse a los once años con marihuana para a los trece saltar a la cocaína. Luego de ser detenido por robar y trasladado al Instituto de Menores Lugones de Azul, la internación en Cumelén y en la Quinta Don Mateo le cambió la vida. Ella también se drogaba desde los trece, pero un día tocó fondo y pidió ayuda.
“Acá me interné por adiciones y me siento bienâ€, cuenta el joven, quien comenzará el Polimodal este año. “Yo había perdido a mi familia y gracias a esto recupere todo. Tengo una nueva oportunidad y no la quiero perder. Tengo trabajo, escuela. Y estoy contento porque en un mes me voy de allá (por Cumelén, donde está internado) y quedo solo acáâ€, confesó.
La muchacha había dejado la escuela, también por adicción a las drogas. “Yo quería empezar a venir y ahora estoy re bien, me ayudo en muchas cosasâ€, expresó. “Nunca está de más pedir ayuda. Yo sola pedí ayuda, sentía que estaba perdida y no sabia como iba a terminar porque me enfermé mucho. Me fui ocho veces de casa pero después tomas conciencia de lo que te pasaâ€, contó la adolescente.
Por último, sostuvo que “ahora tenemos los pies sobre la tierra, antes volábamos todo el día. Yo quiero terminar la escuela y si me da y Dios me ayuda estudiar trabajadora socialâ€, y afirmó que “el mundo de la droga se está agrandando y cada vez hay más transasâ€. Hoy, los adolescentes afirman haber recuperado el afecto de su familia, gracias al tratamiento que realizan en el Centro de Día, y en el que cada día dan un paso acertado.