La realidad, ese frontón peronista que devuelve todas

Por Redacción

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Marcelo Oliván / infoeme.com

Este cronista viene caminado por la calle. Por la Vicente López. Por la misma vereda viene caminando en sentido contrario un viejo militante curista. Igual que hizo (perdón) varias veces, saludando con un estruendoso “compañero” a los eseverristas en los tiempos en que José Eseverri admitió su pase al PJ, este cronista levanta los brazos y le grita al curista un “¡compañero eseverrista!”.

El curista no es como los eseverristas, que reaccionan ante el “compañero” primero con actuada indignación y luego con aceptación. El curista se ríe, abiertamente: tiene amplia experiencia en el comentario de la política humana, esforzada y decadente al mismo tiempo, y no malgasta el tiempo en discursos engolados y vacíos, como gustan los radicales. El curista junta los dedos de cada mano y los pone hacia arriba, en signo de interrogación gestual, se dobla en una carcajada y pregunta “¿vos te imaginabas algo así?”.

Este cronista, que finge ser un entendido, asiente: “nunca me imaginé al eseverrismo y al curismo votando juntos, y con Gustavo Alvarez sumado”, le dice. Pero no. El curista es todavía más cáustico y redobla la apuesta, como los huelguistas agropecuarios: “No, no, no –responde-. ¿Vos alguna vez te imaginaste a Gustavo Alvarez junto con Silly Cura aportar los votos para salvarle las papas al eseverrismo, en medio de un incendio público donde (Julio) “Chango” Alem no podía votar porque es abogado de una de las empresas involucradas en el tratamiento? ¿Vos te imaginaste alguna vez algo así? Yo no esperaba ver eso en mi perra vida”.

La observación es la síntesis más clara de los estremecedores efectos del kirchnerismo en la política nacional, ramificada hasta el interior. Salvo los productores agropecuarios y los miembros de las fuerzas de seguridad, todos los hombres públicos se confiesan K. Con otro dato: en las góndolas del supermercado falta el aceite (como en la década del 70 o del 50), planificar es una locura, no estar en política equivale a trabajar a destajo y con el corazón en la boca, dejar la casa sola un día es como llamar a licitación a los ladrones y faltan electricidad en verano y gas en invierno.

En ese contexto, no es extraño que en Olavarría falten valientes para ser opositores: faltan en todo el país.

Con un modelo político concentrado por el lado del financiamiento, en breve quedarán dos fuerzas políticas en condiciones de dar pelea electoral. Ni centroizquierda contra centroderecha, ni peronismo contra radicalismo, ni populares contra oligarcas. La puja que quedará en pie será la de dirigentes políticos que se apropiaron de la caja del Estado versus dirigentes políticos que buscan apropiarse de la caja del Estado.

Con ese esquema, revisemos qué hace el oficialismo (ahora expandido) por estos pagos.

El lío y el desmadre

Comentar de nuevo los avatares del eseverrismo en la crisis de los colectivos sería ocioso y hasta repetitivo: esta columna ya adelantó la semana pasada la urgencia de actuar sobre un conflicto creciente. Varias, sino todas, aquellas previsiones se cumplieron, incleyendo el intenso malestar social del martes a la mañana.

El sábado, José Eseverri salió públicamente a denostar a los concejales (salvando al ex opositor Gustavo Alvarez), al delegado del Ministerio de Trabajo y a los empresarios de colectivos. Fue una jugada de varias caras al mismo tiempo, que conviene analizar discriminando cada una por separado.

El único punto en común que atraviesa la andanada completa del Intendente el sábado cuando irrumpió en la escena simultáneamente por LU 32 y por infoeme.com al mediodía, mientras se subía a un auto y viajaba a Tapalqué a una reunión peronista, fue la lógica mediática. Allí está la mano de su principal asesor externo: Luis Mosquera.

En un Gobierno donde la comunicación será esencial (puertas adentro es terreno del súper-secretario Héctor Vitale, puertas afuera de Mosquera, ambos muy influyentes en José) dar una imagen de autoridad era esencial. Hasta ahí el gesto global, que al final salió más o menos, pero que tenía en cada caso una señal distinta.

Vamos por partes.

A esa altura, José Eseverri ya se había comunicado con la Provincia. Es decir, a esa altura la suerte del delegado del Ministerio de Trabajo Eduardo Cataldi estaba casi sellada: hoy tiene su cargo comprometido. Y no solamente por el conflicto de los colectivos.

Pero el caso de Cataldi es el corolario de un proceso más amplio y que muestra el modo obsesivo pero políticamente económico con que José se ha pegado a la figura de Alicia Tabarés: no le da demasiados cargos en su Gobierno, pero la protege como a una aliada crucial. José no tiene pensado subordinarse a Alicia, pero los enemigos políticos de Alicia son sus propios enemigos.

Ese aspecto definirá buena parte de su futuro en el peronismo de la Séptima Sección, como lo demostró la reunión de La Cámpora en Tapalqué, donde José fue recibido fríamente. Pero volvamos a Olavarría: aquí, el bombardeo a Cataldi cierra el mismo proceso político donde fueron quedando fuera de carrera los peronistas eseverristas del primer desembarco, sumados por Helios.

Ya no hay en el grupo lugar para Horacio Messineo, para Arnoldo Fernández, para Pablo Ormazábal y pronto tampoco lo habrá para Cataldi. José usa la misma señal para marcarles a todos que ya no son bienvenidos y que no pueden ocupar el mismo lugar que ahora está reservado a Alicia y los suyos: directamente ni los saluda.

Ese grupo se consuela apenas con un dato: la gradual salida de la secretaria de Infraestructura, Margarita Arregui, cada vez más lejos del cuadro principal. Y con rumores permanentes de sustitución .

El resto de las señales tiene otra complejidad, y por momentos no logró la misma contundencia. Una fue clara: descargó sobre su tropa un reclamo para que bajaran el proyecto de suba de boletos con el que se cortaron del resto de los bloques y al mismo tiempo ensalzó a Gustavo Alvarez, con un sentido claro.

Había que sumar a los dos bloques (ahora el oficialismo real es eseverrismo más curismo), y la votación del lunes fundó el nuevo estado de cosas.

Ese nuevo escenario local fue claramente enunciado por el concejal de la Coalición Cívica Franco Cominotto el lunes, cuando María Irene Blanco les pidió a las bancadas que no querían el aumento que se retiraran del cuarto de reuniones, para que el eseverrismo y el curismo pudieran hablar tranquilos sobre el tema: “vamos muchachos, que esta gente tiene reunión de bloque”, dijo en voz alta y con gesto socarrón, mientras se llevaba en la mano las mismas hojas de cálculo Excell con las que Gustavo Alvarez se había opuesto públicamente a la suba.



¿Bloque opositor o pata del interbloque oficial? Aunque parezca increíble, el curismo
parece ir hacia el modelo iturreguista en el HCD: discutir detalles, aprobar lo importante.


La movida del aumento tuvo un final desparejo. Durante la votación, en el hall del primer piso del Palacio San Martín hubo por lo menos un encuentro visible entre el jefe de Gabinete Héctor Vitale y el secretario general del Sindicato de Municipales José Stuppia: ¿hablaron de la escala de municipales en medio del incendio o Stuppia verdaderamente dio el respaldo de que su gremio y los amigos de la CGT no iban a montarse en el conflicto, como corre en versión feroz?

Como sea, el lunes terminó con un pronóstico malo: los empresarios –visibles aliados de los gremialistas a quienes hasta les prestaron los colectivos para protestar- aseguraban que no llegaban para pagar los sueldos, y el conflicto marchaba a La Plata, de la mano de Cataldi.

El martes todo se hizo confuso y poco serio: llamadas repentinas, contactos de los sindicalistas en Nación, subsidios que aparecen como por arte de magia, reuniones que se arman como en el Día del Amigo. Esa misma rareza es la que dio cuerpo a un rumor fuerte: la intervención y al presión desde despachos en La Plata y Buenos Aires, donde pidieron que se cerrara el litigio local pronto.

Quedó, además, otra fea impresión. El cambio de criterio del curismo, donde Silly condujo desprolijamente pero el que puso la cara fue Gustavo, se produjo justo cuando está para tratamiento el expediente de las tarifas de agua corriente, y donde Coopelectric –bastión del curismo- muestra un esquema de números deficitarios, necesitado de una suba que debe aprobar el Concejo.

Va a costar mucho sacarle de la cabeza a los más desconfiados que la marcha atrás del curismo y la anulación de la salida pública de Alvarez no respondió al típico cambio de favores “entre dos socios (eseverrismo y curismo)” que el intransigente criticaba a los gritos cuando estaba en una banca ajena a ambos bloques: la suba de boletos que necesitaba José a cambio de la suba de tarifas de agua que necesita Silly.

Se viene el Hospital

Si el Intendente aprendió de esa lección, pronto estará ante otro trance: el del Hospital, donde el tiempo real corre más rápido que el reloj, y donde los conflictos no sólo no se solucionan por sí mismos sino que se agravan apenas se los manipula con deficiencia.

Desde la escalinata del Palacio San Martín hasta el despacho del Intendente, todo el cuerpo activo del Ejecutivo admite en silencio la evidencia: el Hospital está fuera de cauce y funciona por inercia, urge ajustar las tuercas y hay que readaptar el modelo rápido, porque se gasta una enormidad y los resultados no son los que la hora demanda.

Este martes, el Ejecutivo puso en funciones su última movida en el tema: la comisión asesora “ad honorem” que integran los médicos Mario Galarza, Carlos Serrano y Osvaldo Mariano, y que será la encargada de formular las propuestas para encarar de lleno, junto con la secretaria Marisa Montani la postergada faena de ponerle el cencerro al toro.

Repasemos lo que está en la cabeza de los médicos del Hospital, separando los cerebros en dos grupos: uno, el que está en la comisión asesora, y dos, el que no está en ella.

Pensamiento I, el de la comisión asesora. No se trata de ser vidente para desentrañarlo. Es un hecho que este sábado, en la entrevista que le dio a infoeme.com Edgardo “Tano” Macaluso ofició de vocero de ese grupo, donde tiene a un amigo entrañable y a un valorado ex socio: Galarza. La tercerización de servicios (entre ellos ambulancias y todos los diagnósticos por imágenes), la privatización del laboratorio y del catering, la provisión de medicamentos desde un proveedor externo, el cierre de neonatología, son todos tópicos que se vienen en breve.

Pensamiento II, el de (varios) médicos que no están en la comisión. Imposible saber qué piensan todos, pero todos los que consultó este cronista piensan lo mismo: le creen no mucho a la “comisión asesora”. En algunos casos coinciden con el diagnóstico, pero no ven en Galarza y Serrano dos autoridades fiables para tomar las decisiones estructurales que mejor les convengan al Hospital: “los dos tienen fuertes intereses en el sector privado ¿cómo van a hacer para asesorar al Hospital, que compite con sus proyectos externos?”.

Ninguno habla de deshonestidad ni de falta de capacidad. Mencionan, sí, el imperativo del conflicto de intereses, válido para todo ser humano: Galarza es uno de los dueños de EMO, el servicio de ambulancias que aspira a ingresar en el circuito del Hospital; Serrano tiene inversiones en los servicios de imágenes de todas las clínicas privadas menos Cemeda.

Varios proponen otra cosa, sensata: “puede ser que haya que consultar, pero no con la primera línea de médicos, que en todos los casos tiene pequeñas empresas por fuera del Hospital. La ronda de consultas tiene que ser abierta hasta el segundo nivel, con los que están en la línea de fuego y pelean solamente por lo que ganan en la salud pública: ésos son los que tienen la camiseta puesta”.

Nadie cree, ni dentro ni afuera de la comisión, que se pueda mantener el mismo Hospital que hoy conocemos. “Hay que modificarlo y tercerizar servicios; o en todo caso hay que achicarlo, pero nadie quiere asumir los costos políticos de semejante movida”, reflexionan.

Como sea, hay que actuar rápido, porque los conflictos se acumulan. Antes del 20 hay que resolver el tema de las guardias quirúrgicas. Marisa Montani ya tiene una nota en su escritorio donde los cirujanos le expresan, en términos cordiales pero firmes, que si para esa fecha no tienen una nueva escala salarial, paran el servicio.

La tercerización, sola, tampoco resuelve nada. La privatización del servicio de ambulancias en manos de la empresa de uno de los miembros de la “comisión asesora” que en la conferencia de prensa sólo atinó a decir que estaban para “tirar ideas” y “caminar los pasillos” no es una alucinación ni una operación política de Macaluso.

Lejos de eso, el director del Hospital Alfredo Waimann ya sondeó la posibilidad en la guardia activa donde encontró un eco dispar. Y Waimann, a los ojos de los médicos que no son los de la comisión, ni siquiera despierta recelos internos.

Con Mariano, son considerados los dos directivos (o directivo y asesor) del Hospital que menos relación tienen con el circuito privado. Waimann tiene más bien los ojos puestos en el futuro de su hija, una médica residente que apunta a ser una hematóloga muy competitiva. Pero no tiene “kioscos” ni adentro ni afuera del Hospital, ni los tuvo con la gestión más “kiosquera” de la que se tenga memoria, ya superada.

Mariano tampoco está en el grupo de “asesores” que es observado con reticencia por los médicos del esquema público y privado. “El, en todo caso, es un traumatólogo que quedó superado por la nueva escuela intervencionista, más invasiva. Mariano fue formado para acomodar una quebradura con masajes y yeso; trabajando con las manos, en un esquema que era riquísimo para una guardia. Pero ahora se impuso otra escuela que te arregla una muñeca con clavos, que queda perfecta, pero es más cara, como la de Lamberto y Caputo, pero eso no quita que él es un tipo ajeno a cualquier negocio”, resumen los que conocen el paño médico de Olavarría.



Serrano y Galarza, en la presentación de la comisión asesora. Hoy por
hoy nadie tiene un diagnóstico consolidado e indiscutible del Hospital.


Con todo, si se concreta la guardia de ambulancias privadas, el choque con la realidad puede ser desaletador.

“Ponerle al Hospital un servicio de ambulancias como el de EMO o el de SEM en la puerta puede ser más problema que solución. Si a las emergencias o a las llamadas van tipos que no son médicos o son médicos muy nuevos que tienen miedo de mandarse una cagada en un Hospital público, el problema no se arregla: te van a llenar el ingreso de engripados o heridos leves, van a funcionar como carretillas de cargar gente y traerla a la guardia: no sirve, porque en las ambulancias lo más importante no son los equipos, son los buenos médicos y para eso es lo mismo un auto de 15 mil pesos que un móvil de 100 mil dólares con fibrilador y respiador”.

La cita es de cualquiera o de todos: son varios profesionales especializados, de público y de privado, los que coinciden en ese diagnóstico, casi calcado.

Al Hospital no sólo le urge el tema de los cirujanos de las guardias. Deben resolver qué hacer con el inmanejable Siamo, con Coceba, con todo el sistema de administración interna que la bisagra política depositó como una roca de Sísifo en las espaldas de Nora Gelso, con el flujo de dinero, con la capacitación técnica del personal especializado, con el esquema de sueldos, con la volatilidad del recurso humano recién formado y con tremendos futuros que pasa por las guardias mostrando lo que vale y después emigra irremediablemente, con el invierno que se viene, con la maquinaria de diagnóstico que mañana puede ser privada pero hoy debe funcionar y anda a las patadas, y además de todo con lo que ya es su verdadero drama estructural, y que no podrá resolverse de manera alguna: la falta de recambios en la conducción.

Una verdad de Perogrullo acosa a la política de salud. En San Martín y Rivadava no le encuentran la vuelta, aunque todos coinciden que el pasado estaba plagado de errores y de pústulas que hoy revientan a cada paso: “Waimann no es Cura, Montani no es Pitarque, Nora no es Roberto Puentes y José no es Helios”.

Todo es, más bien, como razonó un agudo observador de la realidad cuando los pacientes por operar se agolpaban en las camillas por el “lock out” de los anestesistas: “sacar médicos y directivos del Hospital está muy bien, pero el drama es que después no hay un supermercado de profesionales para pasar con el changuito y llevarse a los reemplazantes de los que sacaste”.