Mauro Szeta, especial para Infoeme
La denuncia es gravísima, y de comprobarse significaría un escándalo sin precedentes para la Policía Federal. Al menos ocho de sus integrantes, sospechados de un delito aberrante: captar chicas indigentes en las calles de Retiro, secuestrarlas y someterlas a la esclavitud sexual.
Espantoso por donde se lo mire. Lo bueno dentro de semejante escándalo es que todo se descubrió por la denuncia de un policía honesto que dijo No a semejante locura. A este policía, le ofrecieron los servicios sexuales de una nena. No sólo que dijo que No, sino que se animó a denunciar a sus pares e incluso cobijó a la pequeña.
De película. En la justicia, de arranque, la denuncia no tuvo el impacto que tenía que tener. Un fiscal planchó la cosa con el famoso argumento de falta de pruebas, hasta que la tomó otro funcionario judicial especializado en investigar policías corruptos, y así las cosas avanzaron. Los policías aún no fueron detenidos, pero la ministra Nilda Garré los separó del cargo, lo mínimo que podían hacer.
La historia es peor. La lista de policías complotados para abusar de las chicas indigentes y esclavizarlas sexualmente, podría ascender a todo el plantel del Cuerpo de la Montada: unos 100 efectivos.
El colmo es que producto del abuso sexual, una de las nenas quedó embarazada. Ahora se ordenó ADN a un policía para demostrar si, como se presume, es el padre de dos hijos que tuvo la joven violada. Escandaloso, horroroso, sin palabras.
