Daniel Lovano / Infoeme.com.ar
Foto de tapa: gentileza Nacho Gómez
No siempre fueron iguales las cosas en el fútbol de Olavarría. Hubo un tiempo no tan lejano que se consumía en su propia mediocridad hacia una desaparición que parecía inexorable. Era la decadencia de los campeonatos locales propia del comienzo del XXI siglo, y no le salía al paso ninguna propuesta renovadora.
El sábado 21 de mayo de 2005 Racing le ganaba 1-0 a Juventud de Pergamino, con gol de Altamirano, y lograba su primer ascenso al Argentino A
Entre comienzos de los 90 y los 2000 apenas la exquisita propuesta de Francisco Russo en El Fortín -en través de un par de incursiones- logró escapar de los reiterados fracasos en competencia regionales; pero no había mayores ambiciones que las del cuerpo técnico y los jugadores.
Corría el invierno de 2002 y los representantes de Olavarría terminaban de consumar uno de los papelones más grandes de su historia frente a Liniers y Bella Vista de Bahía Blanca. “El fútbol está muerto†decían; “no se pueden jugar más los campeonatos regionales†se regodeaba cierta parte de la dirigencia, encabezada por el lomanegrense Alberto Salerno y don Amadeo Bellingeri, cuando un día comparecieron en las redacciones y en los estudios de radio los dirigentes de Racing (Oscar Rivera, Oscar Saldías y José Lucio Paramio) para contar un proyecto distinto.
Ni el poder de la familia Sobisch en 2007, atrás del ascenso de Independiente de Neuquén, pudo en cuatro partidos de playoffs con el chaira.
Plantearon un objetivo que sonaba a quimera: “Necesitamos que la Liga nos permita participar el campeonato Argentino B; queremos llevar a Racing a jugar contra los más grandes de la Provincia y nuestra meta es ascender al Argentino Aâ€.
No pocos se les rieron en la cara; los descalificadotes de siempre (entre los que había varios que hoy proponen otros horizontes), los condenaron al fracaso (“un equipo de acá no puede pretender jugar contra los grandes del interior†pontificaban); en la Liga surgió una férrea oposición para permitirle ingresar al Argentino B 2002/2003 “porque Racing no era el campeón de Olavarríaâ€, argumentaban.
Un momento cumbre, más allá de que no haya significado ningún ascenso: cuando Racing venció por penales al multimillonario Crucero del Norte en Misiones.
Reuniones interminables, alguna presión mediática, hicieron cambiar la posición en la sala de la calle Dorrego y Racing fue autorizado a jugar el campeonato regional. Cayó en una zona junto con Atlético Hinojo, Independencia de Gonzales Chaves y Villa del Parque de Tres Arroyos.
Una primera ruptura fue filosófica. “Vamos a incorporar refuerzos foráneos de jerarquíaâ€, dijeron. Era casi una herejía para el establishment futbolero vernáculo de aquellos años. Una noche fría y neblinosa, en un amistoso frente a Apeadero jugado en la cancha de Huracán de Saladillo, se probaron Ariel Barth, Alexis Ferrero (el mismo que jugó en River), Marcos Giliberto (un delantero que un par de años antes había traído Daniel Torrisi a Estudiantes) y un tal Leopoldo Jacinto González, que aseguraba haber jugado en la primera de Belgrano de Córdoba, aunque después de verlo en acción nadie se lo creyó.
Una frustración, que también es sinónimo de la grandeza alcanzada en esta década: la final perdida con Cipolletti, con un gol mal anulado en tiempo de descuento que hubiese mandado todo a los penales.
Llegaron los mejores refuerzos locales (Silvio Amaranto, Iván Colo, Luciano Lede, José Ignacio Gómez, Carlos Tavare), dos azuleños de jerarquía (Andrés Cardoso y Adrián Rodas). A poco para el debut “Popa†Paramio dio el primer gran golpe de efecto de este ciclo: anunció la contratación de Federico Nieto y Sergio Escudero, ambos de Sporting de Punta Alta, el primero un terrible goleador de las últimas dos décadas y el segundo, ya se sabe… con apenas seis meses al Negro le alcanzó para hacerse ídolo de la hinchada.
El ex Olimpo, Argentinos y Corinthians apareció con la camiseta de Racing en una de esas noches tan pesadas que ni siquiera permiten volar al humo de los chorizos. Fue en un amistoso frente a Ferro en Tandil, y se jugó al mismo tiempo que la Argentina les rompía el histórico registro de imbatibilidad a los monstruos de la NBA en el mundial de básquetbol de Indianápolis.
Una de las mayores epopeyas del deporte olavarriense: en el Sur, en el frío polar del 4 de junio de 2011 Racing eliminaba por penales al Boca de Río Gallegos del magnate Lázaro Báez.
Racing, dirigido por Luis Barbieri y con Fabio Almirón como asistente, ya estaba preparado para el debut. Fue el 15 de septiembre de ese 2002 en la cancha de El Fortín, frente a Atlético Hinojo. Terminó 2 a 2 por un postrero y polémico penal a Giliberto que facturó Pablo Ponce en el arco que da contra la pileta de natación.
Esos noventa minutos pusieron en marcha una de las trayectorias más extraordinarias en la historia del deporte olavarriense (sólo superada por el inigualable e inaccesible Estudiantes del Oveja Hernández) que, contra aquellos pronósticos agoreros, este sábado cumple sus primeros diez años de vida. Tres ascensos (uno al Argentino B por mérito deportivo y dos al Argentino A), campañas memorables, el “Buglione†colmado, triunfos increíbles, definiciones infartantes.
Qué decir de esta imagen: Leo Vitale en andas, y la multitud como paisaje. José Solaberrieta había cerrado pocos minutos antes la serie de penales para darle a Racing el segundo ascenso al Argentino A.
Frente a la indiferencia imperecedera del poder político y económico de la Ciudad, siempre con el mismo espíritu épico, con la misma fuerza quijotesca que le permitieron voltear a equipos de políticos y magnates, como aquel Bancruz del presidente Kirchner, Independiente de Neuquén apadrinado por los Sobisch, Crucero del Norte de la familia Koropeski, Boca de Río Gallego de Lázaro Báez, al Santamarina del presidente de la Anses, Alvarado de los Moyano. También cayeron en la volteada San Martín de Tucumán, Racing de Córdoba; viajó lejos para jugar la Copa Argentina frente a la cuna de Maradona en Salta…
Pese a la derrota, otro momento inigualable para la historia del genuino fútbol olavarriense: Racing jugando en Salta contra Argentinos Juniors por la Copa Argentina.
Hoy, que los molinos de viento tienen la misma apariencia aterradora que viera el hidalgo caballero Don Quijote en los campos de la Mancha, Racing igual va, montado en su Rocinante, por nuevas aventuras, por más momentos épicos para el fútbol de Olavarría…
Esta es la síntesis de aquel partido inicial
Atlético Hinojo 2: Maximiliano Ibarra; Pedro Arias, Juan Cruz Baldi, Paul Giunta, Miguel Aranzábal; Javier D’Onofrio, Hernán Anzuino, Ignacio Zalazar; Carlos Arena; Gino Vallejos y Leonardo Sampaoli. DT: Hermes Lobos
Racing A. Club 2: Luciano Lede; José Ignacio Gómez, Pablo Ponce, Ariel Barth, Juan Dentaro; Hernán Figueredo, Andrés Cardozo, Sergio Escudero; Carlos Tavernini; Carlos Tavare y Pablo Bravo. DT: Luis Alberto Barbieri
La noche que el “General San Martín†de Tandil fue copado por olavarrienses y Racing le ganó a Santamarina 1-0 con gol de Valente.
Estadio: “Ricardo Sánchez†(local Hinojo)
Arbitro: César Manuel Arouxet. Asistentes: Néstor Amalric y Ezequiel Maittini.
Goles: 23m Hernán Figueredo (R), 45m. Javier D’Onofrio, de penal (AH); 52m. Leonardo Sampaoli (AH) y 90+2m. Pablo Ponce, de penal (R).
Cambios: Marcos Giliberto por Tavare y Fabricio Marín por Gómez (R); Marcelo Grigera por Anzuino, Juan Gorosito por Sampaoli y Silvio Ramírez por Vallejos (H)
Una victoria gigante, frente a uno de los gigantes del fútbol nacional: San Martín de Tucumán.
(*) Síntesis del partido: gentileza Fabián Casanella
