Mauro Szeta, especial para Infoeme
Los casos de justicia por mano propia son una clara reacción a la falta de presencia del Estado. Cuando un hombre decide armarse para matar a un ladrón, o al violador de su hijo es porque no cree en las instituciones.
Esta semana que terminó tuvo un caso testigo. Por un lado, el caso de un nene de 7 años violado en Sarandí. El papá se enteró del ataque sexual, obtuvo el nombre del abusador y fue a buscarlo, arma en mano. Todo terminó de la peor manera. El hombre atacó a tiros a quien él presumía como violador de su hijo. Pero en realidad, asesinó por error al hermano del violador. Conclusión: el papá del nene violado, terminó preso. Ahora, por matar de cuatro balazos al hermano del violador de su hijo, puede “comerse†de 8 a 25 años de cárcel.
El presunto violador, finalmente fue detenido. Es un chico de 15 años: aberrante, temerario. Las pericias constataron que el nene de 7 años había sido violado.
Muchos, enterados del caso, se cansaron de arengar en las redes sociales a favor del papá del nene, casi, festejando su decisión homicida. Lo cierto es que este señor se convirtió en asesino. Ni siquiera sería justificable su accionar, si en vez de matar por error al hermano del violador, hubiese matado al verdadero atacante sexual.
Está claro que no estoy a favor de la decisión de hacer justicia por mano propia, pero al mismo tiempo, la interpretación obligada es que estos casos se repiten porque muchos descreen de la policía y de la justicia.
La pregunta que debemos hacernos sin justificar al papá del nene violado es qué hubiera pasado si hacía la denuncia. ¿Alguien lo habría escuchado, o su caso habría dormido en un despacho policial o judicial?
Difícil saberlo: todo hubiese dependido de la fortuna, todo hubiese sido como una timba. Si le tocaba hacer la denuncia ante policías o funcionarios judiciales honestos, tal vez, el caso se hubiese resuelto por la ley, y no por esta repetida tendencia de volver al pasado, ni más ni menos a una vieja pero no perimida ley donde todo se resuelve con la lógica del ojo por ojo.
