Elsa Pereyra tiene 84 años y le puso rostro, nombre y apellido a la tragedia que día tras día atraviesan miles de adultos mayores. Padece una insuficiencia renal y podría ser la madre o la abuela en tantas familias argentinas que vienen constatando cómo los mayores sufren con los crueles ajustes en el PAMI. En su caso la vida está en juego: horas atrás desde la oficina Olavarría le avisaron que no le seguirán entregando un insumo vital.
Elsa fue operada hace más de tres décadas de su riñón izquierdo, el derecho le dejó de funcionar y a raíz de ello le practicaron una nefrostomía en el costado derecho de su espalda. “Tengo un agujero y ahí adentro va este aparato. Primero me pusieron un catéter y se me infectava, entonces el Dr. Bálsamo -un ser humano que no hay palabras para definirlo- me propuso hacer diálisis o una nefrostomía porque el riñón no me funcionaba y la orina tenía que salir por ahí. Yo le dije ‘diálisis no’, fui a quirófano, me pusieron este aparato” describió.
La llamaron este jueves para avisarle y el inicio de su relato es dramático: “Tengo que cambiar el aparato cada tres meses. Siempre me lo dio el PAMI y esta vez no me lo quiere dar. He ido un montón de veces. Estuve el viernes pasado, el lunes volví y me dijeron ‘usted no tiene que venir más. Espere a que la llamen’. Les dije ‘a mí se me pasan los días, esto tiene vencimiento’ y me respondieron ‘nosotros la mandamos a Buenos Aires, a Mar del Plata, a Chivilcoy o a Saladillo’ y yo le contesté que no voy a ningún lado, que nací en Olavarría y me voy a morir en Olavarría”.
Hasta el mes de julio PAMI le entregaba el insumo que le mejora ostensiblemente la calidad de vida; en julio se lo colocó su urólogo personal. “El Dr. Bálsamo trabaja en Cemeda, yo tengo PAMI Cemeda y ahora quieren que tenga la mutual del Hospital y en el Hospital a mí quién me conoce, quién sabe el problema que tengo. Mi la enfermedad la conoce el Dr. Bálsamo y el pasado 12 de febrero hizo 34 años que el Dr. Perli me sacó el riñón izquierdo” narró.
Afrontar de su bolsillo lo que Elsa necesita para seguir viviendo le demandaría un millón y medio de pesos y casi un millón trescientos mil una alternativa más barata, pero de menor calidad. “Con mi marido vivimos con el suelo de jubilados” respondió.
Elsa denunció que en una de sus visitas al PAMI estuvo desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde y no logró que su titular, Guillermo Lascano, la atendiera. “No nos atiende. Están todas las puertas cerradas y nadie puede subir al primer piso. Es muy triste esto” expresó.
