Guillermo Manrique, Dr. en Ciencia de los Alimentos, profesor asociado de la UNICEN en las facultades de Ingeniería (Olavarría) y de Ciencias Veterinarias (Tandil), en medio del debate sobre la Ley 27.642 sobre la Promoción de la Alimentación Saludable, analizó el etiquetado frontal mediante octágonos negros y planteó optimizaciones sobre la ley.
El investigador explicó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el etiquetado frontal de advertencia en alimentos envasados constituye una herramienta eficaz para enfrentar la epidemia global de enfermedades no transmisibles, entre ellas las afecciones cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la hipertensión y algunos tipos de cáncer, además de la obesidad.
A través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su oficina regional para las Américas, ha señalado que los sellos de advertencia nutricional (como los octágonos negros) representan el modelo que mejor responde a los objetivos de salud pública, por encima de otros sistemas como el semáforo nutricional adoptado en distintos países. Esta postura se sustenta en varios argumentos.
Entre los principales puntos, sostuvo que se busca que la población identifique con facilidad los productos con exceso de nutrientes críticos (azúcares libres, grasas saturadas, grasas totales, grasas trans y sodio) para ajustar su consumo a los límites recomendados.
Asimismo, una base científica, ya que la OPS diseñó un Modelo de Perfil de Nutrientes fundamentado en las pautas de ingesta de la OMS, empleado como referencia técnica por los gobiernos.
Tercero, se invoca el derecho a la salud y a la información, en especial la protección de la niñez frente a productos potencialmente dañinos. Finalmente, se defiende la soberanía sanitaria de los Estados para adoptar estas medidas, incluso más allá de lo establecido por el Codex Alimentarius. Superior, en escala comparativa.
El primero en implementar el octágono negro fue Chile, que logró efectividad por su diseño simple y su capacidad de captar la atención de forma inmediata. Tres factores lo explican: apela a tácticas heurísticas, funcionando como una etiqueta directiva de mínima interpretación que agiliza la identificación de excesos; se asocia a señales de advertencia (el formato tipo “señal de detención”); superó en pruebas a otros diseños, como el de una mano, en visibilidad y capacidad de modificar el comportamiento del consumidor) y ofrece alto contraste mediante el blanco y negro, evitando colores como el rojo o el verde, que podrían estimular el apetito o sugerir falsamente que un producto es saludable.
Desde su implementación en Chile en 2012, el modelo se extendió por América Latina: Argentina, México, Perú y Uruguay adoptaron octágonos con advertencias como “EXCESO EN”; o “ALTO EN”; México fue el primer país en adoptar formalmente el Modelo de Perfil de Nutrientes de la OPS. Venezuela incorporó advertencias para sodio en 2020. Fuera de la región, Israel adoptó un sistema similar. Bolivia, Colombia y Canadá avanzan en procesos legislativos afines, mientras Brasil optó por un diseño rectangular distinto del octágono tradicional.
El modelo argentino
En su informe, Manrique resaltó que en Argentina, la Ley 27.642 y su Decreto Reglamentario 151/2022 establecen el marco normativo del Rotulado Nutricional Frontal, orientado a garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada mediante información clara sobre alimentos envasados y bebidas analcohólicas. El sistema aplica un Perfil de Nutrientes basado en estándares de la OPS, identificando excesos de azúcares añadidos, sodio, grasas totales y saturadas, con un sello adicional de “EXCESO EN CALORÍAS”; cuando corresponde. También exige leyendas precautorias para edulcorantes y cafeína, especialmente por sus efectos en la población infantil.
La normativa detalla criterios técnicos precisos: el análisis se aplica al producto listo para consumo, se distingue entre azúcares totales y añadidos (incluyendo jarabes, miel y concentrados de frutas) y las advertencias deben presentarse como octógonos negros con letras blancas, en tamaño proporcional al envase. Asimismo, restringe la comunicación comercial de productos con sellos, prohíbe destacar cualidades positivas de nutrientes en exceso y prohíbe totalmente la publicidad dirigida a niños y adolescentes.
El sustento epidemiológico de esta regulación responde a la modificación de los patrones de consumo y al aumento de las Enfermedades No Transmisibles (ENT) en Argentina, las cuales representan el 72% de las muertes anuales en el país. Datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud 2019 indican que gran parte de la población consume niveles excesivos de sodio, azúcares y grasas, mientras que el consumo de alimentos naturales como frutas y verduras se encuentra por debajo de las recomendaciones.
La implementación del etiquetado frontal busca mitigar este panorama facilitando la identificación de productos con perfil nutricional desfavorable, dado que los estudios indican que solo una baja proporción de la población comprende las tablas nutricionales tradicionales.
Hacia una ley optimizada
Señaló que frente a los desafíos operativos de la Ley 27.642, existen alternativas técnicas que permitirían sostener sus objetivos de salud pública sin recurrir a una desregulación total.
Entre ellas se destaca la recalibración del Sistema de Perfil de Nutrientes, incorporando límites por gramaje además del aporte energético, lo que mejoraría la precisión diagnóstica de las etiquetas. También se plantea una armonización gradual con los estándares del Mercosur, ajustando descriptores técnicos para facilitar el comercio regional sin renunciar a la vigilancia sanitaria.
Otra vía propuesta es la conformación de comisiones auditoras integradas por especialistas en nutrición, bromatología, epidemiología, ciencia y tecnología de alimentos y representantes del sector productivo, que permitan actualizar los puntos de corte y las leyendas de advertencia según evidencia disponible.
Asimismo, se sugiere preservar los capítulos vinculados a la oferta alimentaria en establecimientos educativos, separando este aspecto del debate estrictamente comercial.
Finalmente, se propone desacoplar la tabla nutricional del rotulado frontal, manteniendo el desglose de azúcares añadidos independientemente de eventuales modificaciones en los octógonos.
Desde esta perspectiva, el debate sobre el rotulado frontal representa una oportunidad para revisar y optimizar aspectos técnicos de la normativa, sin perder de vista el objetivo que le dio origen: proteger la salud pública mediante información clara, accesible y respaldada por evidencia científica.
