SOLICITADA
En 1891, en tiempos del cambio tecnológico de la mano de la Revolución Industrial, el Papa León XIII, a través de su Encíclica Rerum Novarum, da impulso de la Doctrina Social de la Iglesia.
En ese entonces, como hoy, el mundo, pero fundamentalmente los trabajadores y las trabajadoras asistían a una fabulosa transformación de la industria y el trabajo, que auguraba un futuro de bienestar y progreso, de la mano de los avances tecnológicos de la época.
Sin embargo, la historia nos recuerda también que, al mismo tiempo, las familias trabajadoras comenzarían a sufrir las consecuencias de la falta de responsabilidad frente a las vicisitudes de la injusticia a la hora de proteger la salud y la calidad de vida que se supone esa revolución iba a proveer. Ese futuro prometedor no Ilegó. Visiblemente, los accidentes de trabajo, el deterioro de la salud de los trabajadores y la falta de empleo crecieron.
Años más tarde, en nuestro país, el peronismo supo contrarrestar estas consecuencias con una política basada, precisamente, en la doctrina social de la iglesia y así, incorporar a millones a una realidad de progreso y de esperanza.
¡Qué similitud con aquella época en que la iglesia alzaba la voz por los pobres y los trabajadores y trabajadoras! Las máquinas que paulatinamente fueron reemplazando el esfuerzo físico en el trabajo aumentarían la productividad, pero disminuirían las posibilidades de progreso de quienes las manejaban.
135 años después, frente a otro período de cambio tecnológico, nos encontramos con la misma disyuntiva y los mismos peligros. Ya no se trata de aminorar el esfuerzo físico del hombre y la mujer. Se trata de reemplazar la participación de la gente de trabajo en el proceso de generación y creación de riqueza.
Y es que la inteligencia artificial puede reemplazar muchas de las tareas que considerábamos exclusivamente humanas.
Hoy todos nos hacemos las mismas preguntas que en aquel entonces se hiciera la iglesia a través del Papa León XIII: ¿la economía y el progreso van a estar al servicio del hombre y la mujer o la mujer y el hombre quedarán al margen de los beneficios de la economía y el progreso?
Precisamente, la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que la dignidad humana, la justicia social, la solidaridad y el bien común, deben orientar nuestras decisiones.
El cambio tecnológico es indetenible, custodiado por valores, responsabilidad y ética. Este cambio no define por sí mismo, la calidad humana de una sociedad, por más inteligencia artificial que se desarrolle. Solo vivir con dignidad, libertad e igualdad de oportunidades, es lo que caracteriza a una sociedad que no deja a nadie afuera y que permite progresar a todos.
La extraordinaria continuidad entre León XIII y León XIV: dos épocas diferentes, aunque atravesadas por el mismo desafío: PONER SIEMPRE AL SER HUMANO EN EL CENTRO.
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