El pueblo chaira llora la muerte de un duende de la pelota

Este lunes se conoció el fallecimiento de Walter Daniel Romero, un crack que brilló con la camiseta de la estrellita en la década del 80 al lado de grandes figuras foráneas.

Lunes, 12 de octubre de 2026 a las 15:06
Foto: Canal Veteranos

Por Redacción

Nunca me gustó usar la primera personal del plural, ni del singular para aplicarlas al periodismo. Hasta podría admitir que las detesto, pero en esta ocasión no me queda más remedio.

Conocí a Walter Daniel Romero en un partido de quinta división entre Calera Avellaneda y Racing allá por 1979. Jugábamos a segundo turno y en la previa nuestro entrenador -el “Loro” Gómez- me dijo ‘vos seguilo al 10 de ellos’. En aquellas épocas de precariedad táctica era común que en la mitad de la cancha el 8 estuviera atento del 10 y del otro lado el 10 se preocupara del 8 rival.

Lo vi entrar chiquito, medio chueco, frágil y para nada se me cruzó por la cabeza la pesadilla que me iba a hacer vivir durante esos 45 minutos, porque obviamente en el descanso el entrenador me dijo ‘Daniel, dale tu lugar a Fulano’.

Había llegado tarde a todas las pelotas, cuando me acercaba a él ya estaba en otro lado, si lo quería anticipar me dejaba hablando pavadas. Un crack. Walter andaba en patines adentro de la cancha y había que andar en patines también en esa cancha de Calera que tenía más irregularidades que un camino entoscado después de una tormenta. Tenía todo el potrero en el alma: gambeta, pegada, pase, uno contra uno.

Era una especie de Thiago Almada, aunque con algo más de pausa. En la revancha en el “Buglione Martinese” por supuesto fui al banco con el antecedente de una rueda atrás y debo decir que cuando entré mi papel fue bastante más decoroso, aunque Walter la seguía teniendo atada a sus pies.

Un año después yo seguía en quinta división y Walter (como el Oveja Suárez de esa camada) ya era jugador de primera, deslumbraba al lado de lo cracks que año tras año sumaba Racing para tratar de cortar la hegemonía de aquellos tiempos entre el Loma Negra que era el equipo del gran poder económico de Olavarría y Estudiantes que lo era del poder político que encabezaba desde el Palacio San Martín Carlos Víctor Portarrieu.

Racing no lo pudo lograr, sin embargo en el recuerdo quedaron los destellos, las pinceladas, la genialidad de ese pequeño duende de la pelota cuya vida se apagó este lunes.

Que en paz descanses Walter. Y de aquella tarde en la Villa Von Bernard no quedó una pizca de resentimiento, sino toda la admiración por un tipo que jugaba a la pelota como pocos. (Daniel Lovano)