Por dos semanas, entre el 14 y el 26 de septiembre, a pesar de juntar miserias para sobrevivir y para competir en el más alto nivel, cientos de deportistas mostraron y demostraron en Santa Fe que el deporte argentino es mucho más que el “Bover” que inunda las pantallas 24 horas por día, los 7 días de las semanas y los 365 días del año.
Durante esos días volvieron a tener visibilidad mediática disciplinas a las que les resulta imposible llegar al prime time de la TV, entre ellas una muy tradicional, que jugaban los gauchos en los fondos de los boliches de campo y que formaba parte de la oferta deportiva en casi todos los pueblos: la pelota a paleta.
Es el deporte que más campeonatos del mundo le dio a la Argentina, que en algunas ciudades se fue apagando con los vientos de modernidad y en otras sigue resistiendo. Lo que no se debe apagar es el recuerdo de enormes pelotaris, figuras universales, que emergieron de trinquetes y frontones de todo el país.
Uno de ellos pasó parte de su juventud en Olavarría. Aquí fue empleado bancario, jugador de Estudiantes, maestro de una generación grande de chicos y a mediados de los ‘70 decidió emigrar a Europa para convertirse en una estrella en la élite mundial de la pelota a paleta: Euskadi.
Se llamaba Jorge Utge. Nació el 27 de diciembre de 1943 en Caballito, siendo muy pequeño su familia se radicó en Coronel Pringles, empezó como imitación de su padre Miguel, bautizado el “Lanzallamas” por razones obvias con una paleta en la mano, con quien se dio el gusto de jugar.
En España le decían “El Pibe” o el “Rey de Reyes”, en la Argentina “El Maradona de la paleta”. Fue parte de una generación dorada que compusieron palistas como Aaron Sehter (11 veces campeón del mundo y diploma de oro en los Juegos Olímpicos México ‘68) o Ricardo Bizzozero (7 veces campeón del mundo y medalla dorada en los Juegos Olímpicos Barcelona ‘92).
A nivel nacional Jorge se destacó en paleta goma, la modalidad más popular. Ganó innumerables títulos provinciales y nacionales y se consagró cinco veces campeón del mundo. Haciendo dupla con Arnaldo Olite se coronó en España 1970 y con Eduardo Bizzozzero lo hizo cuatro años más tarde en Montevideo.
En 1975 Utge dejó el centro de la provincia de Buenos Aires, dejó su trabajo como empleado bancario y emigró a Europa, donde -ya como profesional- se convirtió en uno de los más grandes pelotaris de todos los tiempos. En España y en Francia, ambos lados de la cordillera de los Pirineos, jugó en frontón y en trinquete.
Se retiró el 3 de septiembre de 1987 y se convirtió en entrenador. Dirigió a las selecciones nacionales de la Argentina, México y España.
Años antes de ser entrenador había sido maestro de muchos chicos que se acercaron al frontón el Parque Carlos Guerrero imantados por la figura de su ídolo.
Uno de sus alumnos más aventajados, sino el más, fue Hugo “Cachi” Pardo, recuerda cómo fueron aquellos primeros días al lado de su gran mentor: “Lo conocí en 1972 ó 1973. Yo estaba jugando en una cancha abierta, en un boliche que había Pueblo Nuevo, y me fui para Estudiantes”.
“Yo no sabía quién estaba enseñando y le pregunté a otro chico. Había una cantidad increíble de pibes en esa escuelita, un día Jorge me preguntó si yo jugaba a la paleta, le dije que sí pero que era de cancha abierta. Me hizo bajar, charlamos y ahí comenzó nuestra relación” contó.
Con el paso del tiempo (no mucho ) Jorge Utge pasó a representar al Club Remo de Azul y se lo llevó. “Cachi” comenzó en la categoría cadetes mayores, siguió en juveniles y fue elegido para representar a la Provincia en el campeonato Argentino de menores.
“Jorge en ese tiempo era el número uno indiscutible de la Argentina, porque jugara donde jugara y contra quien jugara nadie podía con él. Tuve la suerte de acompañarlo al Club Vasco Argentino Gure Etchea de Buenos Aires, donde cada tres años venían a jugar pelotaris desde España en una modalidad que no tiene nada que ver con la que jugamos nosotros y los mataba a palos. Era una bestia de 1,87 metros y 85 kilos” lo pintó.
En los tours de aquellos años por pueblos paleteros no escaseaban desafíos contra el crack que todos admiraban. “Siempre lo desafiaban con la pala corta, que prácticamente no tenía mango. Jorge la agarraba de la parte de arriba, una cosa de locos y les ganaba a todos. Jugaba con las manos atadas a unos 7 centímetros de las dos muñecas, como si estuviera rezando, y los bailaba” recordó, aún con admiración.
“Era un gran tipo, siempre nos estaba enseñando, pero entraba a una cancha y no le gustaba perder a nada. En el 74 ó 75 se fue a España a jugar pelota de cuero. Nada que ver con lo que jugamos nosotros acá, en canchas de 26 hasta 28 metros. Allá se juega en canchas de 40 metros. Es uno de los deportes más populares del País Vasco, se apuesta como en las carreras de caballos, y fue un ídolo impresionante”, resaltó “Cachi” Pardo.
Muy enfermo, luego de vivir mucho tiempo en México, Jorge Utge decidió regresar a la Argentina en 2022. En Azul lo abrazaron los amigos de aquellos inolvidables años en los trinquetes y su vida se apagó el 23 de agosto de 2023.
La información no tardó en cruzar el Atlántico. “Noticias de Gipuzkoa” recordó al “pelotari argentino que dejó una imborrable huella en Bilbao, donde entre las décadas de los 70 y los 80 del pasado siglo se convirtió en una de las grandes figuras de una modalidad que, en aquellas épocas, vivía tiempos dorados alrededor del Club Deportivo”.
“No sabía sacar. No tenía ni idea de lo que era nuestro juego, pero su sabiduría, su habilidad innata para cualquier juego de pelota y su gran amor propio hicieron que aprendiera todos sus secretos” valoró en su necrológica Jesús Azurmendi, “un erudito en la historia del leño” según este medio vasco.
Años antes, Jorge Utge había engalanado al deporte de Olavarría, caminó las calles de la Ciudad, dejó amigos, se hizo inolvidable como maestro de sus discípulos e imborrable en la memoria de quienes lo vieron jugar en el trinquete del Parque Carlos Guerrero.
Su nombre y su genialidad merecen ser rescatados de las garras del olvido, siempre cruel, más aún con el paso de los años.
