Daniel Lovano / Infoeme.com.ar
Casi al mismo tiempo que el volcán chileno Puyehue empezaba a desplegar su langa lengua de cenizas volcánicas por la mayor parte del territorio argentino, de la zurda de Leo Vitale partía un fierrazo que después de chocar contra la axila del arquero de Boca de Río Gallegos iba a metere en el arco para permitir a Racing acercarse un pasito más al lugar de privilegio que hoy ostenta en el fútbol argentino.
Fue alrededor de las 15 de aquel sábado 4 de junio de 2011 cuando se abría una fisura en el cordón volcánico Caulle, junto al volcán Puyehue. En el mismo momento que en el estadio de Defensores del Carmen se ponía en marcha la revancha entre Boca y los chairas, por una de las semifinales del campeonato Argentino B 2010/11.
En la ida había ganado Racing 3-1, en la revancha los auriazules 2-0 con goles de José “Pepe†Quiroga y debieron recurrir a una definición por penales, cuando en la gélida tarde de Río Gallegos casi no quedaban rastros de los rayos solares.
Los locales ejecutaron mejor una serie que se encaminaba hacia el infinito, pero en el décimo penal Del Río mandó la pelota al travesaño, y a Leo Vitale se le abrió una puerta en la gran historia del fútbol olavarriense.
Pero Leo reconoce lo que es Racing, y aunque lo recuerda como un momento único, reconoce que con el chaira nunca se sabe. “Acá en Racing uno siempre debe estar preparado para vivir cosas mejores. Lo de este año en el Argentino fue muy importante, también vivimos cosas inolvidables, como jugar con Argentinos Juniors en Salta, lograr primero la clasificación, llegar a las instancias finales. No me sacude especialmente ese recuerdo, porque sé que en Racing voy a seguir viviendo estas cosas, y mejores tambiénâ€.
La charla con Vitale fue apenas terminado el clásico de este domingo con Estudiantes, y justo pasaba a su lado Diego Barzola, con una auténtica pieza de museo en sus manos: los botines que utilizó Leo aquella tarde en los confines de la Argentina.
“Es de esos momentos que uno nunca va a olvidar. Patear un penal definitorio, que todos me vengan a abrazar, uno queda como el héroe, pero fue un trabajo de equipo porque para que llegara yo hasta ese lugar fue necesario que antes convirtieran nueve compañeros†subrayó.
Cuando Del Río falló el disparo previo Leo pensó que se había terminado la serie. Fueron Baroni y García Lorenzo quienes lo devolvieron a la realidad; el “Chueco†puso la pelota en sus manos y le aconsejó: “Tocala suave a la izquierda, que el arquero se va a jugar por el fierrazo cruzadoâ€.
Leo escuchó, fue, pero le pegó con alma y vida al medio del arco. “Quedábamos los últimos, los que nunca queremos patear, Sieracki y yo. Antes había mandado a Keko (Scasserra), y no me quedó otra que ir. Cerré los ojos, le pegué fuerte y cuando vi que entraba fue una de las alegrías más grandes de mi vida. Cosas que a uno lo marcan, como el ascenso después con Deportivo Rocaâ€, recordó Leo.
“Ojalá que el próximo ascenso no sea necesario llegar a los penales†bromeó y acotó: “Ese campeonato fue de lo más sufrido que puede haber; siempre debíamos entregar algo más, algo más que por sufrir, porque de lo contrario nos quedábamos afuera, y lo sacamos adelante con un grupo que era como una familiaâ€.
El nombre del volcán Puyehue ya empieza a perderse de la memoria; aquel zurdazo de Leo Vitale en Río Gallegos permanecerá indeleble por siempre.
