Genes chairas en el banco de suplentes de Alvarado

Por Redacción

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Daniel Lovano / Infoeme
Foto: deportemarplatense.com

Nada parecía unir a Roberto Oliver, el actual técnico de Alvarado de Mar del Plata con Racing, pero los anaqueles de la historia futbolera suele deparar algunas muy agradables sorpresas.

Pese a que Roberto nunca estuvo antes en el Parque Olavarría, ni la vieja cancha ubicada detrás del gimnasio, ni en el mucho más moderno “José Buglione Martinese”, sentado en el regazo de su padre habrá escuchado de muchas historias con la camiseta de la estrellita

Alfonso Miguel Oliver fue jugador de Racing entre 1940 y 1944, e integró el equipo campeón de 1941. Más precisamente, aquel centrojás (albañil de profesión) debutó en la primera de Racing el 27 de octubre de 1940 (derrota 1-0 en la cancha de Ferro) , y jugó su último partido el 27 de agosto de 1944, cuando el equipo chaira goleó como local 6-1 a Calera Avellaneda.

En el medio, fue campeón en 1941 con este equipo que le ganó la final1-0 a San Martín, tras haber igualado en 16 puntos al cabo de las 8 fechas del torneo: Ismael Rodríguez; Enrique Vázquez y Pablo González; Isaac Cascallares, Alfonso Oliver, Cotti; López, Raúl Balado, el gran Arturo Rivara, Benigno De Vega y Salvador Barresi.

El único gol de aquel desempate, jugado el 27 de julio, lo hizo Enrique Rivara (con el tiempo, también presidente chaira).

Alfonso Oliver (quien también vistió la camiseta de la selección de Olavarría) tenía otros cinco hermanos, de apellido Egozcue.

Alejado del fútbol, con más de 30 años se radicó en Maipú, donde conoció a Marta René Annesi, su mujer de toda la vida, y construyeron la vida junto en Mar del Plata, donde nació Roberto Oliver, el hoy director técnico de Alvarado.

Don Alfonso tampoco volvió a ver un partido de Racing desde que dejó la ciudad, a mediados de los ’40, aunque siempre lo tuvo muy presente, y no se cansaba de recordarle a su hijo que los grandes equipos de Loma Negra en la década del ’80 jugaron aquellos recordados partidos a pocos pasos de donde desarrolló su carrera futbolística.

“No siempre estuve a tanto de Racing, pero era uno de los equipos que más me llamaba la atención y cuando vi el video del último partido con Liniers me generó una gran emoción” confesó Roberto Oliver, desde Mar del Plata, a horas de pisar al mismo Parque que durante tanto tiempo caminó su padre 7 décadas atrás.

Lo más cerca que estuvo de Olavarrúa fue cuando el “Negro” Artero le propuso venir a Estudiantes, la década pasada, negociación que al final no se pudo cerrar.

Este es su tercer ciclo en Alvarado, llegado de la primera local para reemplazar a Vendakis; antes lo había hecho como sustituto de Abel Moralejo en 2002; y en otra época estuvo cuatro años al frente de un gerenciamiento de las divisiones inferiores sostenido por empresarios panameños. También pasó tres temporadas en el Deportivo Madryn.

Alvarado siempre aparece a los ojos foráneos como un hierro caliente para cualquier DT, pero Oliver le encuentra su encanto: “Es un club lindo para dirigir por historia, y por la hinchada que tiene, que representa a la gente más humilde de una ciudad donde el 50 por ciento es hincha de este equipo”.

“Estamos creciendo de a poquito; los jugadores están entendiendo lo que uno les pide” dijo sobre el presente, y reconoció que en la primera fecha Ferro “constituyó una grata sorpresa; sabía que había contratado un DT inteligente, de la llegada de buenos refuerzos y a nosotros tal vez nos mató un exceso de confianza”.
“Estábamos al tanto perfectamente cómo iban a jugar ellos; arrancamos bien, pero dos errores nos dejaron abajo en el marcador. Después manejaron muy bien la pelota y cuando quisimos reaccionar era tarde” recordó.

A Racing lo tiene como “un equipo muy ordenado, con jugadores de mucha experiencia: a Uranga lo conozco de Madryn; Pereyra ex veloz, potente, de esos delanteros que no dan una pelota por perdida; y Martens maneja la mitad de la cancha. Por lo que vi, le cuesta mucho más jugar de local que de visitante”.

Pero, reconoció que “tiene una localía muy fuerte, es un rival muy importante. Nosotros venimos de jugar con dos de los mejores equipos de la categoría: ante Grupo Dios nos premió con el triunfo sobre el final y el domingo fuimos netamente superiores a Liniers, llegamos 13 veces contra 4 de ellos y no la pudimos embocar”.

Oliver sabe de antecedentes que marcan partidos tan cerrados como friccionados en Olavarría, y aunque la historia lo dejó marcado, el presente le exige otra cosa: “Esperemos que este no sean tan apretado; que de una buen vez por todas dejemos de sufrir, y que sea este partido con Racing”.