Gemelos

Por Redacción

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Daniel Lovano / Infoeme.com.ar

En los días que corren, los puentes de comunicación entre Racing y Ferro parecen rotos o con serios problemas estructurales por torpezas ajenas al mundo de la pelota, pero una noche apareció un zurdito, dio una mediavuelta, dejó un tendal en el camino y la clavó allá bajo.

En ese instante mágico apareció el flashback y, lo que otros se encargaron de desunir, lo reconcilió la pelota. Como una línea mágica encargada de llegar los extremos de la última década; Rodrigo Lamardo de Ferro en 2012 es Adrián Rodas en Racing de 2002.

No sólo los une una zurda que seduce a primera vista; su origen en la liga azuleña, la llegada a escondidas casi sobre el cierre del tiempo para presentar las listas de buena fe y una irrupción con todas las luces. Debutaron en la misma cancha, con un gol y en el mismo arco.

Porque Rodrigo Lamardo se puso a los hinchas de Ferro en el bolsillo con sus chispazos y el golazo a Defensores de Salto por la Copa Argentina; Adrián lo había precedido a fines de septiembre de 2002, cuando apareció allí mismo y aseguró la victoria sobre Independiente de Gonzales Chaves.

Cayeron como “peludo de regalo”; uno dejó la huella, el otro apunta a seguir sus pasos. “A mí me trajo el Purre Cardoso; también me dio una mano un técnico de Azul que era amigo de (Luis) Barbieri, y me había visto jugar en River por el torneo local. Acá no me conocía nadie, y de a poquito me fui ganando un lugar en el equipo” recordó.

Dicen que Rodrigo tiró líneas, gastó el crédito de su teléfono celular por una prueba en Ferro o en Racing, y las respuestas eran como los cartelitos de los kioscos “hoy no se fía, mañana sí”. Hasta que intercedió un pizzero de Tapalqué, se puso en contacto con el dueño de una cadena de carnicerías en Olavarría (Cristian Vicente) y bajo su absoluta responsabilidad apareció en la Pringles.

El no quiso confirmar, ni rechazar la versión. Sólo se limitó a decir: “Estaba en Tapalqué, parado desde hacía varios meses, buscando club, cuando salió esto de Ferro, y me vine porque a mí lo único que me interesaba era jugar. Si me hubiesen ofrecido un sanguche y una coca, habría arreglado igual”.

Curriculum no le faltaba a Lamardo. Diez años en las divisiones inferiores de Vélez; dos meses en Argentinos Juniors, de donde se fue por el uso de la patria potestad; una temporada en el Burgos de España (Segunda B); el salto al Olhianense de Portugal, con el que ascendió a primera división, y a través de los Pirineos para jugar en el Persignan Canet, de la tercera división francesa.

La próxima paternidad retuvo a Rodrigo en la Argentina y este viernes sabrá el sexo del heredero. Como Rodas en sus años de Racing, sus características hacen complicado el encasillamiento: no es delantero, pero puede jugar de mediapunta; no es enganche, pero puede moverse con eficacia a espaldas del volante central adversario; no es volante por afuera, pero puede hacer la banda.

“Siempre tuve ese problema; porque puedo correr, pero se me complica el retroceso: he jugado de enganche. Para mí, la posición ideal es la de mediapunta, sin correr mucho, fresco para los últimos metros” aclaró el chico de Tapalqué.

“A mí me costaba volver, cuando jugaba en Racing. Si bien soy corredor, se me hacía complicado correr para atrás y creo que Fatiga Russo fue el técnico que me encontró el puesto, cuando me dio libertad para jugar detrás de los delanteros en el Argentino A con Miguel González” opinó Adrián, quien sigue lamentando “esa lesión en la rodilla contra Brown de Madryn, cuando estaba en mi mejor nivel. Creo que desde ese momento no volví más a ese rendimiento”.

El Chueco Malvestitti la tiene clara. “El creo que vio dónde me puede sacar el mayor jugo. Me ha puesto de volante, y tal vez llegaba cansado a los últimos metros, y se dio cuenta de que donde más rindo es al lado de Martín (Carrillo), como doble enganche” confesó.

No son pocos los jugadores azuleños de buen pie que han aparecido en los últimos años de la Liga de Azul; muchos más que en Olavarría. Adrián y Rodrigo son dos muestras, Agustín Farías es otro, el pibe Nicolás Castro de Tiro Federal (aunque su pase pertenece a rival), podría sumarse a la lista.

“Para mí salen porque salen; creo que allá se trabaja mucho menos que acá, y sin embargo hay más jugadores de Azul que de Olavarría jugando en los distintos campeonatos” consideró Rodas. “Yo lo veo en Ferro, se le da mucha más bola a las divisiones inferiores que en Azul” comparó Rodrigo.

El “Gordo”, que viene de ser figura en la Liga de Pehuajó y está en semifinales del torneo azuleño con su River de siempre, aceptó la invitación para darle un consejo a su espejo tapalquenero: “El otro día a un pibe le dijeron que a los 20 años ya era viejo para pensar en un progreso, y no es así. A Rodrigo le puedo decir que le meta para adelante, que estos torneos son vidriera y que en cualquier momento puede aparecer una gran oportunidad”.

Lamardo reconoció su sorpresa con el Argentino B. “Me impactó el orden que tiene todos los equipos, nadie regala nada, todos están bien entrenados. Después, claro… forma parte del fútbol argentino; para mí el fútbol acá está pasando por un mal momento, y se ve hasta en Primera División. Lo vi en Europa, inclusive en el ascenso; en una tercera división española se juega muy bien, lo mismo en Portugal, y en Francia no se juega mal, pero tiene más preponderancia lo físico” comentó.

Habilidad, cambio de ritmo, la zurda picante, gol. Características que identifican a Rodrigo Lamardo (bautizado “la Pulga” en Francia por razones obvias) y al “Gordo” Rodas.

Dos que llegaron desde el fútbol azuleño y están unidos por el mismo ADN futbolero.