Angélica Diez (*)
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Estamos al filo del 2011 “entre puertas†con el 2012, es cuestión de abrir y entrar pero antes es necesario “el balance†de lo que nos oprime y de lo que nos libera.
Escribía sabiamente el Beato Juan Pablo II: “En este paso de un año a otro, tenemos que reconocer que estamos oprimidos por tres enfermedades: somos seducidos fácilmente, somos débiles en la acción y frágiles en la resistencia. Si queremos discernir el bien del mal, nos engañamos; si tratamos de hacer el bien, nos falta la fuerza; si nos esforzamos por resistir al mal, somos derrotados y vencidos. Era necesaria, por tanto, la venida del Salvador, y es necesaria la presencia de Cristo entre los hombres oprimidos, por eso la Navidad celebrada se convierte en fiesta del Amor, fiesta de responsabilidad, fiesta del Amor de Dios hacia los hombres y fiesta de nuestra caridad hacia los hermanos para liberarnos de lo que nos oprime y lanzarnos en esperanza ante el nuevo año porque Dios continua derramando su amor en nosotros. Y nuestra esperanza y confianza se acrecienta si miramos a la Madre de Dios a quien hoy celebramos. La Iglesia venera el primer día del año la maternidad de María a ella le pedimos: Madre de la paz implora con nosotros la paz y la justicia en el mundo; permanece con nosotros en todo momento. Haz que este nuevo año sea año de paz en virtud del nacimiento y la muerte de tu Hijo†(Enero 1979).
A 33 años de distancia, el papa Benedicto en su Mensaje del 1º de Enero, Jornada Mundial de la Paz, nos trae una oleada de esperanza manteniendo la misma línea de su venerado predecesor: “El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz. ¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianzaâ€.
¿Cón qué actitudes “cruzaremos el umbral del 2012?; es cuestión de discernir: “Todo me está permitidoâ€, pero no todo es convenienteâ€. “Todo me está permitidoâ€, pero no me dejaré dominar por nada†(1 Corintios 6,12).
El papa Benedicto sigue enunciado, en su mensaje, aquellos impedimentos que pueden frenar nuestro entrar y pasar al nuevo año: “Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día. En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanzaâ€.
(*) Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe.
