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La Dos Océanos (primera y segunda etapa)
La Dos Océanos (tercera y cuarta etapa)
La Dos Océanos (quinta y sexta etapa)
Si algo le faltó a la carrera deportiva de casi 20 años de los Emiliozzi, eso fue el merecido reconocimiento por gran parte de la prensa capitalina.
El trabajo en silencio, un bajísimo perfil y por sobre todo, que tamañas figuras no salieran deportivamente de Capital Federal, fue el motivo para que comentaran sus triunfos a regañadientes.
Jamás una excusa cuando perdían, ni una reacción ante una mala crítica.
Ejemplos deportivos por dónde se los mire, al no poder atacarlos por sus actitudes, muchas veces se puso en duda las cualidades en el manejo para minimizarlos.
Salvo raras excepciones, casi nadie reflejó que Torcuato, hizo solo, sin ayuda, el motor de válvulas a la cabeza antes que el mítico millonario Henry Ford, quien tenía cerca de 500 ingenieros trabajando para él, con ese fin, pero sin obtener resultados.
Muy pocos rescataron que cuando ganaron el primer campeonato argentino tenían 46 y 50 años respectivamente, en tiempos en que, esa edad significaba estar jubilado para el deporte.
Y tampoco se mencionó que la propia Ford les “sugirió†que dejaran La Galera, porque ese vetusto, modelo 39, provocaba la vergüenza en los nuevos autos de la marca.
Estos, con una tecnología muy superior, no podían superar a los Emiliozzi y... claro, si los gringos los seguían “apaleando†con la vieja cupé, iba a ser difícil promocionar las nuevas “joyasâ€.
En fin. Vamos a dejar que el amigo Jorge Briozzo cuente las muchas cosas que el periodismo no dijo y cierre esta brillante entrega de cinco capítulos de la “Dos Océanosâ€, que como ya les dije, es para imprimir y guardar.
REFLEXIONES DE 47 AÑOS
Por: Jorge Luis Briozzo
Mail: jlbriozzo@hotmail.com
LO QUE SE DIJO DEL FALCON POR TODOS LOS MEDIOS:
Que el Falcon estaba en clara desventaja con el TC tradicional por su menor cilindrada y potencia.
LO QUE TAMBIÉN SE DEBIÓ DECIR:
Frente a las cupé tradicionales, el Falcon era menos robusto de suspensión, tren delantero, etc., lo cual le hizo perder valiosos minutos a Rodolfo de Álzaga en la primera etapa al romper esos elementos en una zona muy poceada. Relativamente no fue tanto, porque La Galera también perdió varios minutos por falta de frenos en esa etapa.
El Falcon era más liviano que las cupé, tenía su centro de gravedad más bajo; era más aerodinámico, tanto frontal como lateralmente; traía suspensión delantera independiente frente a los elásticos delanteros transversales (tipo carro), que tenía la querida Galera y algunas otras cupé. Las cubiertas del Falcon sufrían menos que las de las cupé y “perdonaban†algo más los excesos en el manejo.
El Ford 59 AB (Galera) y el Chevrolet de 4.000 cm3 eran más potentes pero también y por esa razón, perdían más caballos de fuerza que el Falcon en la altura.
Las fuertes pendientes en subida (Villavicencio y Cristo Redentor a la ida; Juncalillo; Juncal y El Cristo de vuelta) acentuaban los kilos demás de las cupé frente al Falcon; a lo que había que agregar la distinta distribución de pesos entre eje delantero y trasero.
Porque tampoco se dijo que las cupé Ford en particular sufrían el mayor peso del V-8 59 AB frente al Falcon 6 cilindros, que en las curvas las “hacía seguir derecho†aún con el volante girado; cuanto más cerradas eran las curvas, peor. Y ya recordamos cuántas hubo en este Gran Premio, mayormente del tipo “retomeâ€, con 180 grados de giro.
En los caminos de tierra y barro esto era desventajoso; pero se hacía mucho más peligroso sobre el ripio de la cordillera, sobre el cual la cubierta va “en el aireâ€. Lo escribo y lo afirmo al haber tenido la oportunidad de hacer estas experiencias por motivos de trabajo en esa zona y con ese ripio; tanto sobre camionetas F-100 doble cabina como manejando Ford Falcon, de tres y cuatro velocidades; aún en la nieve.
En las bajadas las cupé no sólo exigían más sus frenos sino que debían comenzar a frenar antes que el Falcon, por el riesgo de seguir de largo desbarrancándose o pegándole a la montaña.
El mismo Dante Emiliozzi mostró, también en Viña del Mar, la brutal honestidad y humildad de toda su vida; confesaba al periodismo lo dura que había sido la tercera etapa, sin inventar excusas ni problemas mecánicos inexistentes en La Galera. Y también lo aún más dura que le parecía la cuarta etapa; con las empinadas y continuas cuestas chilenas por venir, que no estaba seguro de poder superar.
También dijo que le había resultado más sencillo y rápido transitar la cordillera con un Falcon standard mientras estudiaba el Gran Premio semanas antes.
La Galera era un auto que llevaba 15 años corriendo y 26 desde su fabricación, mientras que el Falcon corría dentro del equipo oficial de la fábrica Ford, que tenía como estrategia mostrar internacionalmente las bondades de su nuevo producto. Los Emiliozzi, muy lejos de aquello, tenían detrás de ellos su propio trabajo y una noble escudería que mostraba calidades y humildades humanas entregadas por completo a una pasión incondicional.
No hay que olvidar que en la segunda etapa y en la quinta, que no fueron sobre montaña, las actuaciones de Álzaga fueron mucho más sorprendentes que las muy buenas, pero previsibles, de la tercera y cuarta. Dante Emiliozzi, Juan Manuel Bordeu y Hugo Gimeno respectivamente, anduvieron en aquéllas entre 180 y 210 km/h.
Y también lo hizo el Falcon; porque podía y porque los tiempos no mienten.
En la segunda llegó a 40 seg de Emiliozzi y 10 de Bordeu, mientras que en la quinta llegó tercero a 2 min. 40 seg. de Gimeno y a 1 min. 42 seg. de Emiliozzi.
Se habló y se escribió hasta el cansancio sobre la diferencia de cilindrada y de potencia; que sí existían. Pero estas dos etapas muestran claramente que no le faltaba tanta velocidad al Falcon; sobre todo en zonas ventosas como éstas, donde la mejor aerodinamia de su carrocería también pesaba y lo podía llegar a favorecer.
En definitiva, el Falcon ganó indiscutiblemente las “etapas de montaña†pero está muy claro que tampoco desentonó en esas dos etapas veloces (segunda y quinta), como debería haber sido si su desventaja ante cupés como La Galera hubiese sido tanta.
Tanta como lo indicaban su diferencia de cilindrada, la opinión de muchos aficionados y del periodismo que se ocupó del tema.
ALGO SOBRE EL MANEJO:
1. La Galera:
En este punto quiero comenzar aclarando que este Gran Premio Dos Océanos fue una carrera que tuvo una variedad y cantidad de escenarios casi ideal: dos tramos veloces llanos; otros dos medianamente veloces entre sierras y dos tramos extremadamente difíciles con precordillera y cordillera.
Ése Gran Premio ganó Dante Emiliozzi; con un “auto antiguoâ€, “vetustoâ€, alto, etc., según el decir de una buena parte del periodismo. También por entonces hubo que leer que ganó convenciendo “el señor del cálculo que no emocionaâ€; que si no era por esto o por aquello hubiera ganado un Falcon, que si no se quemaba con agua hirviendo ganaba Bordeu, etc., etc.
Dante Emiliozzi estuvo corriendo y pasó por los mismos lugares que transitaron todos los corredores y durante los mismos días; lo hizo en menos tiempo que cualquiera de los demás y con ese “auto vetustoâ€.
Pero por lo visto mejor preparado y muy bien manejado, porque no sufrió problemas que lo retrasaran de manera irremediable como les pasó a la mayoría de sus competidores.
Lo inexplicable es que ese mismo periodismo que comparaba a La Galera con una diligencia tirada por caballos, al mismo tiempo exigía que Dante la manejara como el campeón mundial de la Fórmula 1. Que frene “más cercaâ€, que haga “colear†más al auto, que corra en autódromos, etc.
Personalmente, hasta tuve que leer un título en la tapa de una revista semanal de automovilismo que planteaba la perversa pregunta: “Los Emiliozzi, ¿saben manejar?â€.
Con un fastidio sobre el tema, que ya lleva 47 años y que ese tiempo no pudo eliminar, hoy tengo y aprovecho la oportunidad para responder lo siguiente:
El título de tapa ni siquiera había sido pensado; era malintencionado y equivocado desde su primera letra, porque “olvidaba†que sólo Dante Emiliozzi era el conductor del auto (o en todo caso, el que “no sabía manejarâ€).
No eran “Los†Emiliozzi quienes manejaban o no sabían manejar; fueron conocidos como “LOS†por la solidaridad, confianza y admiración mutua que se tenían, por su trabajo continuo y esforzado codo a codo, por la humildad que compartían; por el respeto y cariño de hermanos que no dejaron de mostrar en vida y continuó luego Torcuato manifestando por su hermano después de perderlo.
Dante Emiliozzi sabía MANEJAR y mucho; escrito así intencionalmente con mayúsculas; pero manejaba aquellos autos y corriendo aquellas carreras. No corrió en Fórmula 1.
Se inició corriendo con los Ford T en pequeños circuitos de tierra, para lo cual había que tener una sensibilidad y coraje especiales; lo hizo ganando y peleando la punta en todo momento.
Más adelante, con casi 40 años de edad, corrió a velocidades fantásticas en TC con el motor válvulas a la cabeza, pudiendo controlar a La Galera sobre aquellos precarios caminos cada vez que explotaba sin aviso alguno de los no menos precarios neumáticos que se utilizaban porque no aguantaban su ritmo de marcha. Y nunca se accidentó por eso.
Era velocísimo en la tierra y el ripio según su propio hermano; con seguridad y cuidado en el barro, actitud más que comprensible por respeto al auto “alto y antiguo†que aquel periodismo no se olvidaba de adjetivar cada vez que podía y con no poco sarcasmo. Ese auto que era el fruto de sus propias manos y que, si lo inutilizaban en un accidente, no había otro para reemplazarlo, como sí tenían los pilotos de equipos oficiales.
Pero a ese periodismo, además, no le gustaba que Dante ganara como lo hacía; dando ventaja con “ese auto†pero compensando con un gran motor, corriendo inteligentemente y aprovechando al máximo a La Galera donde más rendía; cuidándola, cuidándose él y a su hermano donde, con las limitaciones del auto, asumir riesgos peligrosos podía malograr toda una carrera; de varias horas de duración y muchos días de preparación propia.
Pretendían que Dante ganara como ellos querían; con el auto vetusto pero doblando como un Falcon; corriendo con “La Diligencia†pero encarando caminos sinuosos a la par del Chevytú; con la edad de Dante pero también la adolescencia de Luis Di Palma o la juventud de Cupeiro.
La Galera era un auto concebido y adecuado para las carreras de TC que se disputaban en esos años; fue casi perfecto durante 1963 y 1964; acorde con las reglas de juego vigentes que los campeonatos exigían cumplir. Dante corría con ese auto para sumar los puntos estipulados reglamentariamente que finalmente permitían a un corredor llegar a ser Campeón de TC.
Sus competidores tuvieron el mismo Reglamento y corrieron por los mismos caminos.
La técnica del suave derrape controlado que mostraba Dante y atestiguan muchas fotos, era sólo dominada por unos pocos elegidos. Uno puede recordar por ejemplo a Juan Gálvez y a Juan Manuel Fangio haciendo lo mismo, nada menos...
“Ganar andando lo más despacio posible†era una frase común de ambos.
Hago cuentas y qué casualidad! ; Ellos dos más Dante ganaron en 26 años lo siguiente:
5 campeonatos mundiales de F-1.
15 campeonatos de TC.
10 títulos de sub-campeón de TC.
2 títulos de sub-campeón de Fórmula 1.
Luis Rubén Di Palma en los años 90 aconsejaba a sus hijos que no se desesperaran entrando fuerte a una curva; que para no perder tiempo en derrapes excesivos debían entrar despacio a una curva para salir fuerte de ella. En definitiva les estaba pidiendo que no manejaran “dando espectáculoâ€.
Y quien lo decía era el mismo Luis Di Palma que en su juventud “doblaba para la tribuna†haciendo “las delicias†del público y el periodismo; pero no lograba terminar la mayoría de sus carreras, muchas veces por esos excesos. Los años le hicieron aconsejar lo contrario.
Volviendo a la Dos Océanos, en ella Rodolfo de Álzaga cumplió una actuación brillante, incluyendo una actitud que lo elevó como deportista y hombre; sin duda alguna. Una carrera que lo marcó más que el Campeonato de 1959; que ganó apenas por un punto y con un solo triunfo en el año sobre Juan Gálvez y justo al final; en Gran Premio de TC.
Pero faltaba decir que tenía 14 años menos que Dante; que no debía trabajar en un taller ni conocer de mecánica; que era un incipiente y precursor piloto profesional, teniendo como preocupación casi exclusiva manejar. Otro ejemplo era Juan Manuel Bordeu, 18 años menor que Dante con La Coloradita; un auto que Marcos Ciani había comenzado a construir en 1961, más perfilado y con mejores suspensiones que las de La Galera. También podría decir lo mismo del Baufer de Pairetti, el Chevytú, etc.
Más de una vez me pregunté qué hubiese pasado si Álzaga corría la Dos Océanos con La Galera (no preparada por Los Gringos) y Dante Emiliozzi con un Falcon, pero preparado por ambos hermanos en Olavarría.
Seguramente los resultados hubieran sido distintos. No me animo a detallarlos ni a cambiar las posiciones que dio la carrera tal como se corrió; pero sí sé que, aún aceptando lo anterior, como mínimo las diferencias de tiempo hubieran disminuido en la montaña.
El equilibrio de Dante manejando y Torcuato liderando la preparación del auto fue su gran estrategia en el Gran Premio. El Campeón una vez más, administró de la mejor manera posible ese auto que tenía para manejar sobre aquellos caminos que tenía que transitar.
Seguramente algún desinformado viendo la clasificación general también habrá dicho que Dante Emiliozzi ganó porque “no corría nadieâ€.
Al comenzar la Dos Océanos sus rivales salieron más rápido que él; algunos con motores más modernos. Y yo le recuerdo que estuvieron todos los mejores, salvo las tres excepciones comentadas oportunamente.
Pero lo cierto es que quienes quisieron ganarles no duraron mucho; porque no se prepararon adecuadamente, subestimaron la carrera, la corrieron a todo o nada o una mezcla de todo eso.
Por otro lado, Los Emiliozzi no tenían tiempo ni recursos para participar en más carreras que las muchas que corrían en el año; tampoco vivían en la Capital, con las desventajas de todo tipo que siempre tuvo este “defectoâ€.
Ir a correr a un autódromo, para sumar 3 puntos sólo si se ganaba, era algo impensado para personas equilibradas y serias como Los Gringos e imposible con un auto pensado y preparado para otras carreras. Ellos en cambio, inteligentemente, utilizaban ese tiempo trabajando en su taller para llegar a participar en la mayoría de esas otras carreras, que le permitieron 4 títulos de campeón, 1 de subcampeón, 2 terceros y 2 cuartos puestos y 1 quinto puesto en diez torneos de TC.
Y ¿por qué no ?; a lo mejor querían estar un poco con su familia.
2. El Baufer y el Halcón:
Finalmente, traigo de mis recuerdos tres carreras muy posteriores a la Dos Océanos y simplemente como muestra; una con cada uno de los tres autos que Dante utilizó después de La Galera y que, con más de 50 años de edad, supo también MANEJAR:
Gran Premio TC 1966:
Con el hermoso Baufer original, de cola larga, Dante punteó la primera etapa luchando con José Manzano hasta que un pájaro le rompió el parabrisas; luego llegó el barro sobre lo ya roto. Con escasa o nula visión Dante se las arregló para llegar sexto y tapado de barro.
En la segunda etapa y sobre caminos de ripio en el sur, Dante hizo volar al Baufer y lo llevó derecho como por sobre una vía. Tanto que descontó todas las diferencias con los de adelante y hasta llegó a tomar la punta de la clasificación general hasta que una piedra que sobresalía en la ruta le perforó el carter al Baufer luego de volar alto por un lomo de burro y caer sobre ella.
Vuelta de Allen (Río Negro) 1967:
Luego del Gran Premio 1966 Los Gringos modernizan aún más al Baufer en el verano dejándolo como hoy luce en el Museo de Balcarce. Debuta en la segunda carrera de 1967, con el n° 3; ganado en prueba de clasificación; compitiendo contra los flamantes Torino del Equipo Oficial de Fábrica preparados por Oreste Berta.
Dante corrió, otra vez dando ventajas con su auto y sin apoyo de fábrica, segundo a segundo contra Héctor Gradassi y su flamante Torino, que había debutado ganando en la Vuelta de San Pedro unos días atrás. Se fueron repartiendo las vueltas entre ambos en forma sucesiva y sin tregua.
El circuito era corto (35 km) y las vueltas 15 (de aproximadamente 12 minutos cada una). Dante se llevó el récord de vuelta en la n° 11 para en la 12° perder injustamente el triunfo a muy poco del final por romper el cardan. Poco antes, Gradassi había abandonado al romper su Torino contra un cordón peleando al límite los segundos que Emiliozzi le llevaba. La carrera fue para Eduardo Casá.
200 minutos de TC (San Nicolás) 1969:
Primera carrera con el Halcón: Dante cerca de los 54 años de edad demostraba, como creo nadie en el mundo, que podía MANEJAR desde un Ford T hasta este modernísimo auto que con sus líneas aún hoy, 43 años después, parece recién diseñado. Sin disponer de tiempo para acostumbrarse ni probar semejante auto; colocó un motor F-100 olavarriense que ya en 1969 no se rompía; confió en el resto del auto que, por primera vez no venía elaborado desde Olavarría; cumplió con las pruebas de clasificación y logró el cuarto mejor tiempo a pesar que la 2° velocidad saltaba.
Luego, para la carrera hizo cambiar la caja por otra pero ahora en ésta saltaba la 3° velocidad. Aún así largó, punteó en “la pista†de San Nicolás donde se tardaban unos 4 minutos y medio por vuelta y anduvo muchas vueltas mano a mano peleando con los Torino Liebre III, los autos de ese momento.
Cuando la carrera parecía que iba a ser de Dante, en uno de las tantas veces que saltó la tercera velocidad, el motor en vacío se pasó de vueltas, se rompió una válvula y luego un pistón. Esa carrera quedó para Carlos Pairetti, que le había peleado la punta segundo a segundo varias vueltas a Dante y su Halcón.
Heriberto Pronello; creador del Halcón; elogió a Los Gringos por el motor que prepararon y lamentó no haber tenido tiempo para ponerle a punto el auto a Dante como para correr en autódromo. También lamentó las fallas de la caja, no tener un diferencial adecuado ni las cubiertas que usaban las Liebres y también reconoció que Dante tampoco tuvo tiempo de subirse a ese auto desconocido y probarlo antes de las pruebas de clasificación.
En esas condiciones manejó y punteó Dante Emiliozzi.
Quería decir todo esto; quise decirlo desde entonces, para que alguna vez quedara escrito lo que nunca hasta ahora leí ni escuché de un periodismo que debió haber sido más objetivo, más analítico y menos comercial.
Finalmente, quiero contar que, luego de esta carrera, el TC y por sobre todo Dante y Torcuato Emiliozzi, me atraparían para siempre. Nacía entonces mi admiración incondicional por ellos, aún sin haber vivido conscientemente sus campañas entre 1950 y 1963.
Paralelamente a partir de la Dos Océanos y en un otoño joven nacía también gente tan buena como Los Gringos; que con los años demostraría ser muy generosa y noble porque, sin haberlos visto o escuchado correr, me consta que hoy los admira y defiende incondicionalmente; hasta bastante más que muchos que sí los vieron o escucharon.
Como los Gringos, esa gente también puede contar incondicionalmente conmigo.
