Cuando el río suena, suena

Por Redacción

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Las historias tienen el mismo patrón. Se trata de delincuentes superpesados que escapan como si nada de los penales bonaerenses. Por lo general, las fugas fueron comunicadas de forma tardía y por lo general, la versión que dieron los penitenciarios de cada escape, parece pueril, inverosímil.

El caso de mayor notoriedad fue el de Marcelo Segovia, apodado Monguito. El 13 de julio lo habían condenado a 29 años de cárcel por participar del secuestro y asesinato del rehén Emiliano Martinó en Ramos Mejía. El 20 de julio, es decir siete días después, se escapó de manera escandalosa de la cárcel de Florencio Varela, de la Unidad Penal 23, de máxima seguridad. La excusa oficial fue que lo hizo disfrazado de mujer vulnerando seis controles. La sospecha judicial es que pagó a uno o varios penitenciarios para que lo dejaran ir. Por este caso, relevaron de su cargo a cinco penitenciarios. Escándalo total.

Esta fuga se conoció cuando todavía no está resuelta otra fuga escandalosa: la de Poxy. Es el delincuente que en los ·90, baleó al periodista Enrique “Turco” Sdrech cuando cubría la noticia de la muerte de Sopapita Merlo, uno de los delincuentes más pesados de la zona.

En 2008, Poxy, tomó rehenes en Hurlingham y casi mata a un policía. Lo detuvieron y al tiempo nomás escapó de la cárcel con un oficial judicial trucho. Increíble, pero real.

Este año, lo recapturaron. Afrontaba un juicio donde lo esperaba una condena a unos 35 años de cárcel por aquella toma de rehenes. Se volvió a escapar de manera insólita de la cárcel de Campana.

La explicación que dieron los penitenciarios también fue insólita. Dijeron que Poxy, o Gustavo Maciel Villaverde, montó un esquema de teatro que incluyó un falso patrullero penitenciario y otro falso oficio judicial para irse otra vez. En este caso, la justicia se enteró de la fuga 17 días después de ocurrida. Suena a escándalo.

Nadie lo dice claramente, pero lo concreto es que estas fugas sólo son posibles plata mediante, es decir, algunos penitenciarios cobran dinero para dejar escapar asesinos. Después hacen su descargo como si se tratara de actos negligentes. A lo sumo, los suspenden, nunca les prueban nada.