Cinco testigos protegidos parece mucho

Por Redacción

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

No es común el uso de tanto testigo protegido para resolver un caso. Por lo general, los testigos que no se animan a dar su nombre aparecen cuando el caso es complejo y hay miedo de declarar. El caso Candela puede ser uno de esos casos. Pero también los testigos de identidad reservada pueden aparecer para embarrar la cancha, para “empiojar”.

En este crimen puntual, uno de los testigos reservados que el fiscal usó para ordenar las primeras seis detenciones del caso, sonó a inverosímil. Hay quienes sostienen que dijo algunas verdades y otras tantas mentiras, con lo cual, rápido de reflejos, Matías Morla, el abogado de uno de los acusados, el carpintero Néstor Altamirano pidió su detención por mendaz y hasta exigió que se revele su identidad y se lo ponga preso.

Habrá que esperar la decisión judicial. Parece exagerado que, por la sola declaración de los testigos de identidad reservada se mande a detener gente. El fiscal debe tener sí o sí prueba que sostenga los dichos de los testigos y recién ahí, se tratará de indicios suficientes para sostener detenciones.

En este caso puntual como hay silencio de radio desde hace rato y ni siquiera la mamá de la nena puso abogado, ni habla, clamando justicia, se nos hace difícil saber si el fiscal tiene pruebas o sólo dichos de testigos malintencionados o direccionados. A esta altura, a tres semanas del hallazgo del cuerpo de la nena hay nueve personas acusadas de integrar un verdadero clan para matar a la nena. Insisto, suena a demasiada estructura.

El fiscal sostiene gran parte de su acusación en el famoso ADN de Candela detectado en la supuesta casa del cautiverio que pertenece a Gladys Cabrera, una de las presas. El fiscal se encargó de demostrar la confiabilidad del estudio genético que le permitió incriminar a dos de los acusados, Cabrera y el carpintero, más allá de los dichos del testigo protegido.

Todavía ni sabemos cómo desapareció Candela, cuál fue el motivo del crimen, qué pruebas hay contra los acusados. Y lo peor de todo, es que el caso huele tan mal desde el principio, que dudamos de todo, incluso del inquietante silencio de la mamá. Algo raro pasa y pasó. La verdad real parece lejana.