Casi ángeles

Por Redacción

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Los delincuentes ya emprendían la retirada y en ese preciso momento escucharon la queja: “¡Me están dejando seco!”. Inmediatamente uno de los ladrones se apiadó y antes de irse le devolvió cien pesos al hombre, quién sabe si con la intención de menguar la culpa. La situación, de suma tensión para los dueños de casa, se tornó aún más irrisoria. Los delincuentes le regalaron a una de las víctimas un atado de cigarrillos y encima le aconsejaron dejar de fumar porque le haría mal al corazón. El consejo lo daban ellos que habían hecho sobresaltar al hombre con problemas cardíacos y a su mujer a las tres de la madrugada, cuando ambos estaban durmiendo plácidamente.

Esto pasó. Las escenas son reales. Ocurrió en uno de los últimos robos consumados en viviendas donde los moradores son mayores de 60 años. Y no sería la primera vez que los delincuentes de turno entran sin armas a una casa, son amables con sus víctimas, hasta simpáticos en algún punto.

Infoeme hurgó en otros casos anteriores y descubrió detalles insólitos en la conducta de los delincuentes que vuelven risibles momentos de puro nerviosismo, los cuales nos incitan a abrir un interrogante: ¿serán los mismos ladrones?

Existen sospechas sobre los autores, pero nada concreto todavía para ordenar alguna detención. Mientras tanto surgen estos pormenores que la mayoría de las veces trascienden cuando un delito se transforma en anécdota si no pasó a mayores.

Todos los casos examinados coinciden. Los ladrones no roban con armas, ingresan en horas de la noche, en casas donde viven personas mayores, son educados y no utilizan la violencia. Usan linternas y gorras; se cubren el rostro. Casi siempre salen por la puerta de adelante.

A veces, mientras están robando, asisten a sus víctimas, les ofrecen agua. En un hecho ocurrido la semana anterior consta que el delincuente la besaba en la cabeza a una anciana para que se tranquilizara.

En otro episodio, comieron peras y tomaron gaseosa como si estuvieran de visita.

Algunos damnificados, dicen, terminan sintiendo compasión por las personas que después de todo las despojan de sus pertenencias, muchas veces de valores irrecuperables.

¿Estaremos ante una nueva especie? Delincuentes buenos en Olavarría, casi ángeles. Nada más antagónico.