Daniel Lovano / Infoeme.com.ar
Fotos: Jorge Scotton
En su andar silencioso y su figura diminuta perdían este fin de semana en el Parque Carlos Guerrero la presencia de un monstruo del deporte argentino, ganador de 25 medallas en competencias internacionales, que incluyen dos títulos panamericanos, dos subcampeonatos del mundo y un diploma olímpico en Sidney 2000.
Javier Correa no se perdió detalle de la Copa Argentina que cubrió las aguas del arroyo Tapalqué, y lo hizo en su condición de presidente de la Federación Argentina de Canoas, cargo que asumió un par de años atrás en reemplazo de Ariel Arbó.
La inserción de los grandes deportistas en las estructuras dirigencias ha sido una vieja demanda, que en Correa tiene su respuesta. “Días atrás tuvimos la oportunidad de asistir al campeonato mundial de mayores, y una de las cosas que se están planteando como problemática mundial a nivel deportivo es la búsqueda de estrategias para que los deportista que se retiran queden vinculados a la actividad, porque los estados nacionales invierten durante los 15 años que lleva la formación de un competidor de elite y los atletas se retiran llevándose consigo toda una carga de conocimientos desde su visión que no se pueden desaprovechar. El sistema debe tener la inteligencia de saber cómo aprovechar ese conocimiento†explicó.
Abajo del bote y detrás de un escritorio en el último año y medio, Correa confesó que se trata “un trabajo donde hay más de un ex atleta. Sinceramente seguimos aprendiendo, obviamente con más confianza que al principio, pero vemos que día a día todavía hay mucho trabajo por hacer. Me gusta; el único problema que tienen la mayoría de las federaciones en la Argentina, salvo las que manejan un presupuesto importante, es la falta de una estructura administrativa; de sueldos para gente que tiene una montaña de tareas, no para nosotros los dirigentes. Esto les quita proyección, porque esta sobrecarga de tareas termina desgastando a la gente, y se empiezan a ver casos de ex deportistas que ante el desgaste optan por dejarâ€.
Referente de un deporte amateur, tan dependiente siempre del apoyo estatal, Correa refirió que “hubo un avance importante a partir de la existencia del Enard, un ente autónomo generado por ley que maneja un volumen de dinero a partir de un porcentaje a la telefonía celular. Eso generó un presupuesto que inyecta dinero al deporte, que es una de las problemáticas. Hay gente con mucho poder que ha podido instrumentar esto, para darle vía relativamente rápida a las necesidades de los deportes. Si bien las iniciativas, el énfasis, las ganas tienen que estar, hay cosas que sólo se arreglan con plataâ€.
Su condición de presidente de una Confederación lo hace partícipe de las decisiones del Comité Olímpico Argentino, que sale de una larga noche con el Coronel Rodríguez, y ahora preside el empresario Gerardo Werthein, vicepresidente de Telecom y propietario de la aseguradora La Caja, entre otras cosas.
“Es otro tiempo, se ha modificado el sistema de trabajo, le ha dado otra agilidad, hay un feedback importante con los deportistas. Nos sentimos muy tenidos en cuenta por esta condución del COA†resaltó.
Desde su lugar de máximo referente histórico de su deporte, se refirió a la actualidad del canotaje. “Justamente estamos hablando con la gente de la Secretaría de Deportes y el Enard para dedicarle algunos años al desarrollo y es lo que nos va a dar proyección como deporte a mediano y largo plazoâ€.
En esa proyección hay un olavarriense, Agustín Vernice, de quien opinó que “es una de las promesas deportivas. Este año logramos insertarlo dentro de un programa que le brinda una asistencia a atletas de este tipo, que son para chicos que todavía no ingresaron en la categoría juvenil y que lo pueden hacer a nivel internacional. De hecho este año participaron en un campeonato del mundo, con resultados muy interesantes con vistas a futuroâ€.
“Es muy prematuro proyectar; quizás el K2 que integra Agustín siga funcionando, pero para nosotros el objetivo olímpico es Río de Janeiro 2016 y la edad y la proyección le dan justas, y por su edad para 2020 también. Estamos hablando de tres ciclos olímpicos, que hoy parecen muy lejos pero es como se debe trabajar a este nivel. A mí me pasó lo mismo: yo hice tres Juegos Olímpicos, y al principio no me lo imaginaba. Volviendo a Agustín, creo que como proyección tiene todas las cualidades†agregó.
En la primera cita autorreferencial de la nota, Correa dio lugar para hablar de sí mismo y de lo cerca que estuvo de lograr una medalla olímpica. “Estuve cerca; de hecho por mucho tiempo de la competencia me sentí campeón olímpico y a pesar de que no pudo ser lo recuerdo muy bien. Me bajé del bote con la satisfacción de no haber ahorrado fuerzas ni para llevarlo hasta el hangar, y eso creo que es muy importante, y es lo que hablamos hoy con los deportistas. Lo peor que le puede pasar a un atleta es terminar una competencia sabiendo que se había quedado alguna opciónâ€. reflexionó.
Para el final, una enseñanza para lo que empiezan en el canotaje: “Este es un deporte que requiere algunas cuestiones fundamentales. Lo primero tiene que ver con la voluntad y el empeño que uno le pone al entrenamiento. El canotaje es un deporte de entrenamiento, si bien hay una cuestión de habilidad técnica, acá funciona el que está entrenado y eso depende de los meses y años de trabajo que le pongas encima. Después el físico es la herramienta que uno utiliza y en función de eso uno desarrolla su técnica, usa su remo, su bote y otros factores que puede adaptar a su condición. Esto da la posibilidad de que un atleta de no tanta envergadura, como pueden ser los europeos, esté en los primeros planosâ€.
Estuvo Javier Correa en Olavarría, un visitante ilustre para la Ciudad, aunque por su perfil pasó casi inadvertido entre la muchedumbre que se volcó el pasado fin de semana a ambas márgenes del arroyo Tapalqué.
El curriculum de un monstruo. El máximo palista en la historia del deporte argentino obtuvo 25 medallas en competencias internacionales: 21 de oro, 1 de plata y 2 bronce obtenidas en Juegos Sudamericanos, Campeonatos Sudamericanos y Juegos Panamericanos registradas entre el año 1994 y 2003.
Lo más detacado fueron el subcampeonato mundial en Polonia 2001 y España 2002; la medalla de bronce en Hungría 1998 y Polonia; dos medallas dorada y una plateada en los Panamericanos de Santo Domingo 2003. Además consiguió el quinto puesto y diploma olímpico en los Juegos de Sydney 2000 y la octava colocación en Atenas 2004 en K1 500 metros.
