“El caso Ángeles se vive como un reality”

Por Redacción

---------------------------

Enrique De Rosa es psiquiatra forense y especialista en medicina legal. Por su particular mirada y su capacidad de análisis, habitualmente es consultado desde los medios nacionales ante hechos delictivos de notoria repercusión pública. De visita en Olavarría, habló con Infoeme y se detuvo en dos temas de actual relevancia social: los hechos de violencia de género y el caso Ángeles Rawson.

Para el especialista, el caso Ángeles y su mediatización “impactó como ningún otro caso en la Argentina de los últimos años” algo que “no pasó así en el caso Dalmaso o el caso Candela” opinó.

Como primera hipótesis para comprender esta repercusión social consideró que “la propia gente construyó un reality” y que “los medios respondieron a esa demanda” como un modo de “defenderse de estos temas que forman parte de algo con lo que hay que vivir” pero “que no podemos abordar si no se los coloca en un lugar de imaginario colectivo, con un reality, donde es más fácil verlo ahí, que en otra parte”.

Para De Rosa, el caso Ángeles es como si “hubiese instalado una especie de nueva modalidad comunicacional respecto a estos temas. Evidentemente algo tocó porque uno pensaba que después de una semana no volvía a aparecer y no era que los medios sólo lo instalaban, sino que básicamente había esa demanda de la gente” sostuvo.

En este sentido, analizó el papel de los distintos personajes que entraron en escena en relación con el crimen de la joven: “En este caso aparecen cada vez más personajes. El cartonero, los taxistas, como si todo el mundo no quisiera dejar de formar parte de una gran escena. Gente del área de la medicina, la psiquiatría, sin tener ningún conocimiento de causas judiciales opinaban y era sorprendente e incluso iba en su detrimento, pero opinar les daba el lugar de partícipes”

“Aparecen testigos y falsos testigos. La figura de falso testimonio está creada para gente que quiere torcer una causa en su favor con algún fin económico dentro de la causa. No estaba creada para gente que quiere aparecer en lo mediático. Y cuando uno empieza a ver, aparecen sujetos que quieren figurar. Hay dos causas: una real y otra el reality. Ellos creen que en participan en las causas y que pueden decir cualquier cosa porque nada es cierto pero el sujeto no ve la repercusión en el mundo real. De hecho hay una persona procesada y son penas que implican hasta la cárcel y sin embargo lo hacen con impunidad. Viven una especie de fantasía” advirtió.

Dijo que en esta reconstrucción imaginaria, propia del reality en “la primera semana el que estaba nominado era el padrastro. Porque tenía justamente para la gente un aspecto y un discurso raro, ‘lombrosiano´ y eso lo transformó inmediatamente en culpable. De hecho el famoso viernes en que van a los canales, el epígrafe decía ‘el padrastro preso’ que lo tuvieron que cambiar volando y reconstruir el show porque aparece Mangieri preso” contó.




Seguidamente dio algunas claves para comprender el perfil de un delincuente sexual: “Son personas con serias perturbaciones psicológicas, no son sujetos con enfermedades mentales tradicionales- un esquizofrénico, un demente, un depresivo- pero sí sujetos con una patología de índole sexual. A esos se le agregan trastornos de personalidad que le hacen factible no tener los frenos inhibitorios. Todos podemos tener fantasías pero las limitamos. En estos personajes el peligro hacia ellos mismos – autodefensa- o a la sociedad desaparecen y son puro impulso. La hipótesis que teníamos desde el comienzo que en un juego sexual o en una idea de sometimiento sexual este hombre se ve frustrado y es como que entrara en una especie de pendiente de su propio estímulo sexual de dominación. Y al no poder desencadenarse lo que él que quiere agrede físicamente y en esa agresión mata” describió.

La violencia de género desde la perspectiva de la psiquiatría forense

De acuerdo a la perspectiva del psiquiatra forense hay dos áreas que hay que redefinir: “Una es la criminología, que es entender el crimen en su contexto amplio, no solo quien genera o recibe el crimen. Y la otra es la victimología, algo en lo que estamos trabajando. Mientras no se entienda que la díada víctima-victimario, es esa unión entre las dos personas, el contexto familiar que lo rodea y el contexto social se seguirá trabajando en una línea unidireccional: una víctima que padece” consideró.

Desde esta mirada, un sujeto “con tendencia a ocasionar un femicidio o a practicar violencia de género es un sujeto con una fuerte intolerancia a la frustración, con una fuerte tendencia del pasaje al acto sin frenar sus impulsos. Pero al mismo tiempo, está inserto en un contexto en el que se descargan una gran cantidad de conflictos y frustraciones e historias vitales en ese contexto”.

“No es algo que nace de la nada, ni solamente de la relación entre ese hombre y esa mujer. Hay una especie de normatización de la violencia, como modo de diálogo que existe de ambos lados y que no se ve mucho y hasta es de mala prensa decirlo. Y al no decirlo estamos no pudiendo resolverlo. En general, las parejas violentas son violentas de ambos lados y a veces se supone que la víctima recibe unidireccionalmente esto y sin embargo participa, aunque sea de forma inconsciente. Esto no la hace responsable pero nosotros para entenderlo tenemos que poderlo ver desde ese otro ámbito” destacó.




De acuerdo a esta visión profesional, “la mujer maltratada cree siempre que esos episodios no son dignos de alarma y la mujer permanece en una especie de omnipotencia que lo va a poder resolver” fundamentó.

“A veces lo notifica a un psicólogo o psiquiatra o asociación que le da una serie de sugerencias respecto a fortalecerse. Y eso aislado del contexto a veces empeora el cuadro. Sino se entiende la dinámica de eso, y que ese hombre está sometiendo a la víctima a una especie de encerrona y en medio de eso al victimario- que ha desencadenado una serie de cuestiones agresivas y frustrantes de su vida en esa mujer- la mujer que le hace frente de golpe eso puede empeorar la situación. No es una regla general, cada una de las situaciones son muy diferentes y las respuestas deben ser diferentes” observó Enrique De Rosa.

“Hay que trabajar con los hombres violentos, porque en una situación que él cree que le es desfavorable entiende que la única respuesta que tiene es atacar. Y tiene que aprender que puede irse de una situación no solamente atacar. Cuando hablamos del stress básico hablamos de tres posibles respuestas: la parálisis, el ataque o la huída. En general en cuestiones de género el hombre no entiende que puede huir de una situación.

Por último, consideró que las medidas judiciales para prevenir la violencia de género como restricciones de acercamiento o la implementación de botones antipánico “están bien de lo formal pero no soluciona gran cosa. La lógica es si afuera hay un perro rabioso avisen cuando está por atacar. Pero es habitual que este se vuelva más rabioso porque hay una instalación desde lo legal en demonizarlo. Y estoy lejos de justificar a esta gente, pero lo que hay que tratar es como solucionarlo y no ver quien es el bueno y el malo. Al transformar todos estos dilemas en morales nos olvidamos en el punto concreto que es como se evita todo esto. Si la sociedad actuara no como excepción sino como norma tomaría medidas mucho más preventivas” finalizó.