Oscar Avendaño: “Todos los días me despierto pensando en Jessica y su familia”

Por Redacción

--------------------------------
Cobertura conjunta Infoeme / programa “En línea Noticias” con Jorge Scotton

Sobre el cierre de la rueda de testigos, el único imputado por la muerte de Jessica Migliavacca, Oscar Avendaño, prestó declaración el último jueves en forma voluntaria ante el juez Héctor Torrens y se sometió a las preguntas de la fiscal Susana Alonso y los abogados Meiller Castro y Salerno.

Momentos de tensión se habían vivido en los días anteriores, durante los encuentros de la familia de Jessica y el propio Avendaño en los pasillos de los Tribunales de Azul. Nunca hubo intercambio de palabras, pero eran inevitables las miradas, que lo decían todo.

Desde el comienzo del juicio, el imputado llegaba a cada audiencia manejando su auto, acompañado por su familia directa en otro vehículo. Ingresaba a la sala acompañado por el abogado y ex fiscal Francisco Tourné y la mayor parte del proceso judicial lo hizo escuchando los testimonios y mirando el piso.



Hasta los propios abogados de la familia Migliavacca y de Urrutia creían que Oscar Avendaño no iba a prestar declaración. Estaban convencidos que, con las pruebas presentadas, era hasta contraproducente para su situación someterse al interrogatorio de la fiscal y los abogados de las víctimas.

El jueves 24 de noviembre, a las 10:36, una vez finalizada la declaración de un ex compañero de trabajo del imputado, el juez Torrens escuchó al abogado Francisco Tourné pedir que Avendaño preste declaración aún faltando un testigo.



Avendaño comenzó su relato diciendo que tras cerrar el boliche Finocchio, cuya sucursal estaba abierta en Olavarría, fueron a llevar a la casa de Marcos Arramón la recaudación y se volvieron al centro para reencontrarse con los demás chicos que trabajaban en su local, en Mister X.

El imputado relató que permanecieron en el lugar por el transcurso de dos horas, tomando y bailando entre todos. “Los chicos de a poco se fueron, nosotros nos quedamos solos con Jessica bailando hasta el cierre y decidimos irnos”, contó en un relato que parecía una declaración armada y estudiada.



Avendaño dijo que cuando bajaron las escaleras con Jessica se encontraron con Antonella Veneciano quien estaba “llorando porque le habían pegado. La abrazamos y la llevamos hasta el auto”.

En su testimonio el imputado dijo que “cuando llegamos al VW Gol estaba el espejo colgando y la puerta pateada y ella que gritaba quien había sido. Ella decía que era un chico de “la 104, que era peligroso”, que la estaba esperando en la puerta de la casa. Ahí decidí llevarla a la casa, me fui a mi casa porque ella me decía que era peligroso, que podía estar armado”, continuó contando.

“En mi casa agarre el arma que tenía (la 12/70 Maverick), que me la habían dado después de fallecido mi cuñado con una bolsa de cartuchos, todos con sal. Agarro la escopeta y salimos rumbo a lo de Veneciano, en el camino, en las calles del centro, veo un auto blanco que ella (por Veneciano) decía que era un Taunus. Antonella empezó a los gritos: “es ese, es ese”.

“Yo venía a más velocidad y me pasó de largo, doy la vuelta de manzana, freno del otro lado de la calle y le pregunté por qué me había roto el vidrio del auto, que yo no lo conocía. Y segundo, por qué le había pegado a Antonella. El se viene con un fierro en la mano, yo me bajo y empezamos a pelear. Forcejeamos y salió el disparo, él me sigue pegando y se tira al piso y después del disparo se me pone la mente en blanco”.

“Empecé a pegar vueltas adelante del auto hasta que un vecino me pega un grito y me alerta y yo estaba con un cuchillo en la mano, es lo que recuerdo. Vuelvo al auto y me doy cuenta que algo le había pasado a Jessica”.

Avendaño en un llanto incontenible empieza a contar que Jessica “ya estaba herida, tenía sangre en la cara, automáticamente me di cuenta que algo le había pasado y salí a todo lo que daba hacia el Instituto Médico, iba todo el tiempo hablándole, gritándole, cuando llegamos al Instituto Médico Antonella gritaba, entré con Jessica hasta adentro, la deje en una camilla, ella no respondía, yo estaba en un estado nervioso, empecé a pedir ayuda, salí fuera del Instituto, agarré el arma, me quise gatillar y no salió el tiro”, confesó.

“Después llegó la policía y yo no me acuerdo mucho más”, culminó diciendo y se produjo un largo silencio en la sala que sólo se interrumpió con el llanto del propio Avendaño.

“Yo no quería hacerle nada a nadie, ni siquiera al otro chico que ni conocía, que conocí acá, ni siquiera sabía como era su cara”, dijo en referencia a Maxi Urrutia.



“Yo estaba seguro que los cartuchos eran de sal”, relató tras otro silencio interrumpido por el llanto del imputado. El juez Torrens le preguntó: “¿Hay algo más que quiera decir?”, y Avendaño terminó su desahogo: “No tengo palabras para el papá y la mamá de Jessica, la familia de ella”. Y repitió: “No tengo palabras, no tengo palabras. Yo nunca quise hacer eso”.

“Todos los días de mi vida me despierto pensando en ella y en su familia, es todo lo que tengo que decir”. Fue lo último que dijo y el silencio ganó la sala.

Pero no fue todo. La declaración del imputado resultó menos inesperada que la escena que se vio al cabo de las audiencias de testimonios.

Afuera de los tribunales, Avendaño le volvió a pedir perdón a la mamá de Jessica, Ana María Volonté, y ambos se abrazaron por largos minutos en la imagen más fuerte del juicio.