“La medicina no se puede pensar de manera aislada”

Raisa Guerra Barrueta es peruana, finalizó la semana pasada los cuatro años de residencia en Medicina General y Familiar en el Hospital Municipal Héctor Cura y el CAPS 7. Repasó una etapa marcada por el aprendizaje, los vínculos y los desafíos de la profesión.

Miércoles, 26 de agosto de 2026 a las 17:18

Por Redacción

 

Culminar una residencia médica significa cerrar una etapa de intensa formación, pero también abrir una nueva instancia dentro de una profesión en la que el aprendizaje nunca termina. Así lo vive Raisa, médica que completó cuatro años de residencia en Medicina General y Familiar en el Hospital Municipal Héctor Cura y el CAPS 7 de Olavarría.

 

“Terminar estos años de residencia significa cerrar una etapa importante de formación”, expresó. En ese sentido, describió el recorrido como “cuatro años de desafíos constantes, intensos, de mucho cansancio pero también de poder vivir momentos inolvidables para nuestra profesión”.

 

Para Raisa, la residencia no implica solamente adquirir conocimientos médicos. También supone aprender a trabajar con otros, tomar decisiones, escuchar y acompañar. “Cuando uno empieza una residencia sabe que va a formarse en una rama específica de la medicina, pero también nos formamos como persona y aprendemos a trabajar en equipo, a escuchar, a tomar decisiones y a acompañar a otros”, explicó.

 

Durante estos cuatro años, el Hospital Municipal y el CAPS 7 se transformaron en espacios fundamentales de su formación. “Representan nuestro segundo hogar, nuestro lugar de crecimiento”, señaló, y remarcó que el aprendizaje también estuvo en los pacientes, sus familias, compañeros, docentes y todas las personas que formaron parte del recorrido.

 

En ese sentido, destacó la importancia de que Olavarría pueda sostener espacios de formación profesional. “Si el Hospital no abriera sus puertas y no apostará a la formación de residentes, hoy no tendríamos residencias médicas en la Ciudad”, sostuvo.

 

Agregó que la posibilidad de que profesionales egresados de la Unicen puedan formarse en la Ciudad, cerca de su comunidad y de la realidad sanitaria local, “tiene un valor enorme para la educación, la salud pública y el futuro de sus profesionales”.

 

Aprender con otros

 

Uno de los aspectos que más valoró de la residencia fueron los vínculos construidos con sus compañeros y con profesionales de otras especialidades.

 

“Aprendí que una residencia nunca se transita sola”, afirmó. Según explicó, sus compañeros de residencia y de las demás especialidades fueron “una parte fundamental de estos cuatro años”, especialmente durante los momentos más difíciles.

 

La experiencia también le permitió incorporar el valor del trabajo colectivo. “Aprendí el valor de trabajar en equipo, de saber pedir ayuda y de estar para el otro cuando lo necesite”, contó.

 

Para Raisa, justamente esos vínculos son uno de los grandes aprendizajes que deja la residencia: “Una de las cosas lindas que nos deja la residencia que se construyen día a día”.

 

También destacó el rol de los médicos de planta, coordinadores y docentes que acompañaron el proceso. “Una residencia no solo se construye desde los libros o clases, sino principalmente con el ejemplo de quienes están todos los días trabajando a nuestro lado, marcándonos el camino”, explicó.

 

En ese recorrido, aseguró que cada profesional dejó una huella. “De alguna manera, una parte de lo que somos hoy como profesionales también tiene que ver con ellos”, expresó, y agradeció especialmente “su paciencia y su vocación para la docencia”.

 

La posibilidad de compartir la formación con distintas especialidades también fue central. “La medicina no se puede pensar de manera aislada”, sostuvo. Para la médica, trabajar junto a profesionales de diferentes áreas permite “ampliar la mirada” y brindar al paciente una atención más integral.

 

El valor de la salud pública

 

La finalización de la residencia también la llevó a pensar en su futuro profesional. Raisa manifestó su deseo de continuar vinculada al sistema público de salud de Olavarría y puso especialmente en valor el rol de los Centros de Atención Primaria. 

 

“Para mí el sistema público tiene un enorme valor y me gustaría seguir formando parte de él”, afirmó. Durante estos cuatro años, explicó, pudo conocer de cerca las necesidades de la comunidad y comprender que la Medicina General y Familiar tiene un impacto que “va más allá de una consulta”.

 

En ese marco, destacó el papel de los CAPS como puerta de entrada al sistema sanitario y como espacios donde se construyen vínculos sostenidos con la comunidad. “Son espacios en donde no solo se brinda atención integral sino también en donde se construyen vínculos y se puede realizar un verdadero seguimiento y acompañamiento”, señaló.

 

Su nueva etapa profesional la encuentra con entusiasmo y también con responsabilidad. “Me genera mucha ilusión pero también mucha responsabilidad”, contó. Además, anticipó que su intención es continuar formándose en cuidados paliativos y devolver, desde su lugar, parte de lo aprendido durante estos años.

 

Una historia atravesada por la educación pública

 

La historia personal de Raisa le otorga un significado particular a ese compromiso. Es oriunda de Perú y llegó a Argentina para estudiar Medicina. 

 

“Yo soy de Perú y tuve la posibilidad de venir a Argentina, estudiar Medicina y después continuar mi formación a través de una residencia en el sistema público”, relató.

 

Por eso, al hablar de educación pública, lo hace desde una experiencia que considera transformadora. “La educación pública me abrió una puerta que cambió mi vida”, afirmó. Le permitió acceder a una formación universitaria, crecer profesionalmente y alcanzar una meta que había imaginado durante años.

 

“Que una persona, del lugar que sea, pueda tener acceso, formarse, encontrar un lugar y desarrollarse profesionalmente habla del enorme valor que tiene un sistema educativo y sanitario público que abre sus puertas”, sostuvo.

 

También destacó la generosidad de Argentina como parte de ese recorrido y expresó un profundo agradecimiento hacia la universidad, el hospital, los CAPS, docentes y todas las personas que acompañaron su formación.

 

“Terminar estos cuatro años también implica para mí un profundo agradecimiento”, afirmó. Pero ese agradecimiento también se transforma en compromiso: “Poder devolver, desde mi lugar como médica, un poco de todo lo que recibí”.


 

Para quienes recién comienzan la carrera de Medicina y sueñan con acceder a una residencia, Raisa tiene un mensaje basado en su propia experiencia: perseverar y no perder de vista el motivo por el que eligieron ese camino.

 

“El camino es largo y hay que ser perseverante y nunca perder de vista el por qué decidió empezar”, aconsejó.

 

Reconoció que tanto la carrera como la residencia tienen momentos difíciles, marcados por el cansancio, las extensas jornadas y la responsabilidad de trabajar con la salud de otras personas. Pero también invitó a disfrutar del recorrido y de los vínculos que se construyen.

 

“Definitivamente se hace más liviano todo cuando es compartido”, afirmó.

 

Y dejó una reflexión sobre el verdadero significado de completar una residencia: “Llegar a una residencia no es solamente alcanzar una meta. Es el comienzo de otra etapa de aprendizaje”.

 

El final tuvo su momento de reconocimiento durante el acto de culminación, una instancia que Raisa definió como profundamente movilizante.

 

“Después de cuatro años pensando tantas veces ese día, que finalmente llegó, fue muy difícil no emocionarse”, recordó.

 

Para ella y sus compañeros, la ceremonia permitió dimensionar todo el camino recorrido. Escuchar sus nombres, recibir el reconocimiento y mirar alrededor para encontrar a familiares, compañeros, docentes y personas que los acompañaron durante estos años convirtió al acto en mucho más que una formalidad.

 

“Fue una manera de ponerle un cierre a todo el recorrido”, expresó.

 

Ahora comienza una nueva etapa. Cada uno seguirá su propio camino profesional, pero los cuatro años de residencia quedarán como una experiencia compartida y fundante.

 

“Nos vamos siendo especialistas, y aunque cada uno tome ahora su propio camino, hay una parte de estos cuatro años que llevaremos para siempre con nosotros”, concluyó.