Adultos mayores parados contra la pared o sentados y dispuestos a largas esperas es el paisaje que muestra este jueves la oficina local del PAMI, reflejo de los ajustes implementados desde el Gobierno nacional que han reducido considerablemente el personal y ello ha afectado de sobremanera la atención al público.
La queja llegó hasta la redacción de este medio (“la oficina del PAMI está detonada de gente” denunciaron), lo que derivó en una visita a las oficinas de la calle Dorrego, donde el espacio estaba atiborrado de gente, mientras no cesaban de ingresar afiliados.
“Es lo que se ve” dijo un integrante del personal, reducido a sólo 4 personas por los últimos achiques, cuyas tareas se han visto además sobrecargadas porque ante el recorte de prestaciones la gente se acerca a preguntar por la suerte de sus necesidades.
La ratificación de la crisis que atraviesa la obra social fue la imagen de la única empleada que atendía en el mostrador, con un teléfono fijo en un oído y un teléfono celular en el otro.
“Cada vez hay menos gente para atender y el jefe (Guillermo Lascano) dicen que no está, por supuesto, como cada vez que venimos y preguntamos por él” se quejó un afiliado.
