José Luis “Mono” Petti, una leyenda entre nosotros | Infoeme
Domingo 05 de Julio 2026 - 19:04hs
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Olavarría

José Luis “Mono” Petti, una leyenda entre nosotros

Fue uno de los futbolistas más talentosos de la década del ‘70. Comparado con Bochini y el “Beto” Alonso, es el mayor ídolo en la historia de Platense, desde hace años vive en la Ciudad y está alojado en el Hogar San Vicente de Paul.

 

Las redes sociales tienen sus pro y sus contra, aunque cada vez que aparece una nota o una referencia sobre José Luis Petti los hinchas de Platense no ofrecen dudas: fue uno de los mejores futbolistas que se han puesto la camiseta del Calamar en toda la historia.

 

“El ‘Mono’ fue mejor que Alonso y Bochini” se puede leer por ahí; otro internauta reportó “yo jugué en inferiores con él; para mí sólo lo superaron Diego y Lionel”; alguien lo calificó como “un virtuoso”; para otro “fue el jugador con más calidad qué tuvimos”; un calamar de los que ya peinan canas sostuvo que “por algo el Diego se lo llevó para jugar con él” y a modo de sentencia final otro hincha confesó: “Tengo 58 años y veo a Platense desde los 7. El ‘Mono Petti’ fue el mejor jugador de la historia del Calamar”.

 

En 2012 “La Voz de Platense” no dudó en titular una nota con Petti “La entrevista a una leyenda”.

 

José Luis Petti es un vecino olavarriense que ha pasado inadvertido por muchos años. Hoy se encuentra alojado en el hogar para adultos mayores San Vicente de Paul, donde disfrutó frente al televisor del primer campeonato de Platense en la categoría superior hace un par de años.

 

Su historia en el fútbol dice que debutó en Platense en el torneo de la Primera “B” de 1973 y que la progresión de su carrera tuvo un freno a los 21 años por una lesión en los ligamentos cruzados.

 

Con la camiseta albimarrón disputó 231 partidos oficiales y anotó 42 goles. Fue subcampeón del torneo Metropolitano 1979 con el Argentinos Juniors de Diego Maradona, pasó un año por Newell’s y llegó al gran Independiente del primer lustro de la década del ‘80.

 

El mismo hombrecito que recorría las calles de Olavarría en una bicicleta desvencijada con un viejo gorro de Platense casi tapándole los ojos y que ya no puede hacerlo porque la salud le jugó una mala pasada.

 

 

Un día se sorprendió al ver a un runner en el Parque Mitre con una casaca blanca con una franja marrón a la altura del corazón y frenó de golpe ante ese raro espécimen en la fauna futbolera local.

- ¿Vos sos hincha de Platense?

-Si.

- Yo soy José Luis Petti y jugaba en Platense.

- ¡¿El “Mono”?!. 

 

 

"Es el ‘Mono’ Petti y su ballet”

Antes de que se encendiera el grabador el “Mono” en el Hogar San Vicente estaba frente a la tele, mirando los informes desde la concentración argentina en los Estados Unidos como el resto de sus compañeros y compañeras del hogar.

 

La primera pregunta fue “cómo llegó a Olavarría” y la respuesta fue “por mi hija, que se casó y se vino a vivir. Yo vine a la fiesta y cuando nació mi nieto hace 15 años me quedé. No hacía nada y justo me había separado de mi señora. También vino mi hijo para quedarse y no le gustó”.

 

Alejandro Fabbri, uno de los mejores y más serios periodistas de la Argentina en este tiempo de la farandulización de la información deportiva, y habitante además de los tablones calamares desde su infancia, describió que “el Mono era mediocampista ofensivo, casi un delantero tirado atrás, con una formidable capacidad para la gambeta y con exquisita visión de juego”.

 

Y el “Mono” coincidió: “Yo jugaba de ‘nueve’. Querían que yo juegue el 10, el 10 tenía que correr. Antes el 8 y el 10 tenían que correr, más que nada los volantes de los costados. No -exclamó- yo de correr ni hablar”.

 

Su inspiración fue el Brasil campeón del mundo en México 70, que del medio para adelante juntó a los mejores “10”: Jairzinho, Gerson, Pelé, Tostao y Rivelino.

 

“Yo en la carpeta tenía pegado a (Angel Clemente) Rojitas. A mí me llevaron a Platense porque habíamos salido campeones con la escuela y el hombre que hacía el equipo tenía un hijo en el club. Me llevó y quedó otro muchacho y quedé yo. A mí me gustan los que jugaban bien: Rubén Paz, la ‘Chiva’ Di Meola. Yo jugaba de nueve y venía a buscarla” describió.

 

Así como recuerda con nostalgias aquellos cracks, el “Mono” rechaza algunas cosas del fútbol actual: “Yo me hubiese ido de la cancha. Acá te obligan a correr; uno ve a Riestra o a Barracas, que defienden y hacen una buena campaña pegándole para arriba. Alfaro juega así, el que está en Córdoba (Zielinski) también, aunque ahora lo obligaron a cambiar un poco con los jugadores que le llevaron, je”.

 

Argentinos Juniors de 1980. De pie De Rigante, Carabelli, Lorenzo Román, José Luis Petti, Ricardo Giusti, Espíndola y Diego Armando Maradona; hincados Domenech, Néstor D’Angelo, Bartolomei y Eduardo Solari.

“Es el ‘Mono’ Petti y su ballet” cantaban los hinchas calamares en la década de 70 y este hombrecito ya entrado en años, tan cabrón como gracioso y verborrágico cuando se encuentra con alguien que puede hablar del fútbol en su mismo idioma, sonríe cuando le mencionan la melodía que tantas veces habrá escuchado del alambrado para adentro. 

 

“No, yo no hablo con estos viejos que no saben nada. Uno dijo que yo jugaba en la época de Rattín y cuando el ‘Rata’ se retiró yo empezaba a jugar en las inferiores de Platense” bromeó.

 

Un socio para Maradona

 

Petti fue protagonista del ascenso de Platense en 1976, tras jugar 5 años en Primera “B” y fue figura descollante en el “Cuadrangular de la muerte” de 1979, del que sólo un equipo salvaba la categoría. Y fue Platense, con sus goles, que mandaron al descenso a Chacarita, Atlanta y Gimnasia y Esgrima La Plata.

 

Tiempos en los que iba a cantar tangos el “Polaco” Goyeneche en los asados del plantel o recibían la visita de famosos hinchas calamares, como el periodista de la farándula Luis Pedro Tony o el mito de “Carburando” “Cacho” González Rouco.

Su brillo le valió el pase al Argentinos Juniors de Maradona, cuando aún no era el clásico picante de hoy en día. “Diego fue y será de otro planeta. Las cosas que vi adentro de una cancha y en los entrenamientos no las voy a ver nunca más en mi vida. El equipo jugaba solo. Había que dársela a él y nada más. Venía a entrenar a un Porsche. Un pibe bárbaro, como cualquiera” rescató el “Mono” de su memoria.

 

De Independiente no le quedaron los mejores recuerdos. “No jugué nunca, porque no estaba bien” mencionó y admitió costumbres que no consideró errores: “Toda la vida fumé, desde los 14 años y nunca fui de cuidarme y nunca fui de aprender, porque se puede seguir aprendiendo. A Diego le veía hacer cada cosa y yo le preguntaba ‘de dónde sacaste eso’. Una cosa increíble, que sólo él podía hacer”.

 

“No me arrepiento de nada, porque cada uno hace lo que en el momento le parece. Ahora mismo si pudiera ir al casino sería el día más feliz de mi vida, porque a mí me gustaba el juego. Iba a las carreras y jugaba al peor caballo para ver si podía ganar. No pensaba en la plata; después sí llega un momento para pensar” admitió.

 

En aquel fútbol argentino en el límite de los 70 y los 80, de su paso por Newell’s le quedaron bellos recuerdos: “El mejor lugar que fui. En la concentración me decían ‘¡eh, dale, vení!’ Y me llevaban a una pieza donde tenían botellas de Cinzano, fernet, mortadela. Entonces yo no me puedo arrepentir porque nadie me obligó a hacer eso, lo hacía con gusto. Hoy en día no hay ninguno que sea un vago, porque no podría jugar”.

 

“Yo apagaba el pucho antes de entrar a las prácticas y lo volvía a prender cuando me iba. Cuando tuvimos de técnico al Polaco Cap me decía ‘vaya a comprarme un atado de cigarrillos y cómprese uno para usted. Y si nos salvamos del descenso le compro un cartón’. Un fenómeno” reportó el “Mono”.

 

“Mi hijo a veces me dice ‘pensar que hoy podrías ser millonario’ y yo le contesto que no me interesaba. No sé lo que es ser millonario, porque yo con lo que tenía era feliz. Uno piensa como pobre. Ojo, cuando fui a jugar a Independiente a los tres meses me compré un Peugeot 504 cero kilómetro. Cuando tuve plata tenía tres casas, dos terrenos, una lancha y me iba a pescar. Lo perdí todo. Esa era nuestra vida; lo hacía Diego, que se iba a pescar a Esquina” sumó a su rosario de anécdotas.

La referencia al pueblo correntino desde donde partieron los padres de Maradona no es casual. El padre del “Mono” Petti también nació en Esquina, su madre en Entre Ríos y se instalaron en Ituzaingó, en el Conurbano bonaerense

 

Petti compartió aquellos equipos de Newell’s con “Chirola” Yazalde, Botín de Oro como máximo goleador europeo jugando para el Sporting de Lisboa. “Cuando quería volver a Buenos Aires después de los partidos él me llevaba en avión. Yazalde tenía cadenas de oro por todos lados” contó.

 

Pidió un vaso de agua antes de seguir la charla y habló del problema de salud que lo ha maltratado peor que los duros marcadores centrales de su época: “Tuve dos o tres ACV, todos chiquititos, hace 7 años y de eso te salvás con suerte, como te puede tocar la mala o más o menos”.

 

Toda la charla fue con la compañía de Alejandra, una de las trabajadoras del Hogar. “Yo nunca había vivido en un lugar así. Son re buenos… A mi hija, que es mi amiga, mi confidente, todo, yo le digo ‘son re buenos acá’ y ella me contesta ‘tienen que ser buenos para tratar bien a la gente que vive ahí’ y no tiene nada que ver. Son muy buenos, me tratan muy bien Alejandra, la chica que viene al gimnasio, el muchacho que trabaja con nosotros” valoró el “Mono” Petti.

 

Vivió varios años en Mar del Plata, pero una de las mayores alegrías que le dio el fútbol después de que colgó los botines la vivió dentro del Hogar San Vicente de Paul y fue la histórica vuelta olímpica de Platense en primera división, un club que en la elite del fútbol argentino coqueteó por casi dos décadas con el abismo del fondo de la tabla.

 

“Nosotros sufrimos de verdad el descenso y cuando Silvana, la señora que cocina me carga ‘eh, este año se van al descenso’ yo le digo ‘vos no sabés lo que estás diciendo’. Se baja de categoría, te conocen menos, te pagan menos, si te pagan. Es un drama, es algo muy triste y verlo campeón fue una locura. Vos no sabés cómo gritaba los goles acá adentro” confesó.

 

“Cuando eliminamos a Racing acá hay un hincha de Racing y me decía ‘hasta acá llegaron’; después eliminamos a River y mi hijo me decía ‘con esto estamos hechos’. Las chicas que estaban a cargo del piso estaban tan contentas como yo. Yo no siento gritar los goles, pero el día que salimos campeones fue impresionante” celebró el “Mono” Petti.

 

Pasó mucho tiempo, mucha vida desde la última vez que José Luis Petti -el desconocido vecino ilustre de Olavarría- se puso la camiseta de Platense y quedó de un lado y del otro este amor para toda la vida.

 

 

 

 

 

 

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