“Hay que cuidarse hijo, no queda otra” dijo un vecino mientras circulaba en su bicicleta con un barbijo. En un kiosco, pusieron un nylon “protector” que separa a los trabajadores de los clientes. Los barbijos se ven con mayor habitualidad y las colas de dos metros que separan a las personas, casi una costumbre. Olavarría cambió 180 grados su escenografía y si bien hubo movimiento, la tarde fue mucho más tranquila en comparación con la mañana.
Los espacios verdes completamente vacíos. Algunas personas sacan a sus mascotas a hacer las necesidades pero nada más (recuerden llevar bolsitas para los desechos). Imagen distinta a la que se veía en la cuarentena voluntaria con dichos lugares repletos de olavarrienses. Esta vez la situación fue otra.
Mismo caso negocios que se mantuvieron completamente cerrados, a excepción de los de primera necesidad. Allí, las medidas sanitarias se cumplen de forma positiva y las colas de dos metros de distancia entre clientes se respeta a rajatabla.
De todos modos, persiste el enojo y el pedido de mantenerse en sus casas sobre todo con la importante afluencia de vehículos que circularon por la ciudad durante todo el día. Si bien fue día de semana, se cree que desde este sábado la situación puede mermar, mucho más si tenemos en cuenta que comienza el fin de semana y las actividades bajarán de forma considerable.
Los barbijos, tanto en negocios como en la misma calle fueron una postal nueva pero más común en esta Olavarría en cuarentena. Es el primer día, restarán diez más y sin contar una posible prórroga.
