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Apogeo y final del Molino “La Clara”, la primera industria de Olavarría

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Walter Minor / Especial para infoeme.com

www.historiasdeolavarria.blogspot.com - walterhistorias@gmail.com

Hace pocos días pasaba por la costa del arroyo y aproveché la ocasión para acercarme a ver los carteles del paseo antropológico colocados como información de la zona fundacional de Olavarría. No voy a decir lo que me parece, porque no es el motivo de la nota, solo puedo contar que me pareció necesario hablar un poco más acerca de una obra que allí se asentó como base de la industria local.

Me refiero al molino “La Clara”. Muy mencionado pero bastante desconocido en cuanto a sus antecedentes y forma. Para enterarnos algunas cosas más, voy a tomar como base un fascículo que realicé hace varios años y que contaba por primera vez la historia de nuestras compuertas hasta el año 2000. Muchos fueron quienes se nutrieron de estos antecedentes para escribir sobre el molino, pero nadie citó las fuentes, más allá de que esto de apropiarse del trabajo ajeno ya lleva muchos años aquí.

Pero vamos a dejar estos temas de lado para poder compartir, como siempre, otra historia, que espero sea del agrado de todos ustedes: El Molino “La Clara”. Primera industria de Olavarría

En 1879 -a diez años de la fundación-, se formaba en Olavarría la Corporación Municipal que regiría los destinos del novel pueblo de forma independiente. Hasta allí, todo respondía a lo que se decidiera en la ciudad de Azul y lo poco que allí se gestaba giraba en torno al tema poblacional. Ninguna Industria había entonces y por lo tanto, con el único medio de transporte, compuesto por carretas y caballos, alcanzaba para cubrir las pocas necesidades de traslado que existían. Hacia 1881 la población total rondaba –estimativamente- en los 10.000 habitantes.

Aquel antiguo pueblo que tuvo en su etapa primaria un ensayo de siembra emprendido por Alvaro Barros y sus soldados, había borrado rápidamente de su mente aquel intento progresista y siguió apostando a la ganadería. Así, los viajeros que transitaron por aquellos tiempos, definían a la localidad como un lugar sin siembra, ni siquiera de de hortalizas y legumbres.

Este modelo empezó a cambiar con la llegada de los Rusos Alemanes o Alemanes del Volga, quienes apenas establecidos a sus colonias, emprendieron la agricultura de forma febril, llegando incluso a sembrar en las calles.

Estos laboriosos extranjeros lograron cosechas formidables, pero chocaban con el problema del transporte para llevar el grano hacia las moliendas de Azul.

El tren estaba pronto a llegar, pero mientras tanto, el problema necesitaba de una urgente solución.

Ante la urgencia de contar con un establecimiento que evitara estos inconvenientes post cosechas que encarecían los costos, Pastor Hernández solicita permiso para instalar un molino en Sierra Chica en 1879. Pasa el tiempo y la adjudicación se demora, ante el fastidio de quién reclamaba una definición, llegando incluso a intimar a la Corporación desde el gobierno Provincial.

Aspecto primitivo del molino, antes de 1900.

Mientras esto sucede, el señor Julián Games, componente Municipal, solicita autorización al H.C. Deliberante para construir un molino hidráulico sobre la margen derecha del arroyo Tapalqué, el 1 de enero de 1881, según consta en el libro de actas Nº 1 a fojas 52 y 53 que se transcribe textual:

“Diose a lectura a una solicitud de Don Julián Gamez pidiendo permiso para establecer un molino hidráulico sobre el arroyo Tapalqué desviando el agua del cauce natural de este en una distancia de dos a tres cuadras próximamente para mover el motor volviendo después de recorrido este trayecto a su cauce natural y a condición de no poderse establecer otro molino a una u otra margen del arroyo a una distancia que al servirse de las aguas entorpezca o impida las funciones de su establecimiento ya sea por disminución del agua si se situarse mas arriba o ya por las represas que obstruyendo su corriente natural las aglomerase e impida la libre salida del agua en la rueda del motor del mismo. Que así mismo pide le sean adjudicadas en propiedad las manzanas Nros. uno y dos señaladas en el plano y el sobrante de tierra que existe entre estas y la barranca del arroyo. Tomada en consideración esta solicitud y en mérito del adelanto que trae tras si el establecimiento de esta clase en pueblos nacientes se acordó conceder el permiso solicitado en las condiciones indicadas debiendo dejar expeditas lasa vías públicas que en los terrenos que se le conceden existen ya”.

Y el milagro sucede. Lo que Hernández, habitante común, reclamaba hacía dos años para Sierra Chica, se hace realidad en solo dos meses en Olavaria para un componente de la clase política.

La obra se hace realidad el 3 de marzo de 1881, al quedar inaugurado oficialmente el molino en el extremo Sur Oeste de la planta urbana del pueblo (hoy Plaza Agüado).

Compuertas de piedra

Aquella concesión incluyó entre las diversas obras, la construcción de un tajamar de mampostería y tres compuertas móviles, cuyo borde superior quedó fijado a 1m 30 sobre el nivel del fondo del arroyo, coincidiendo su fondo medio con el de la acequia de alimentación de la turbina.

Dicha acequia era conocida popularmente como “el gusano” y se trataba de un canal angosto que costeaba la rivera derecha del arroyo, desde el lateral de las compuertas hasta la entrada de la turbina del Molino, que todavía no se llamaba “La Clara”

Las compuertas que embalsan las aguas del club Estudiantes, pertenecieron en un principio a esta industria harinera, aunque muy lejos están de parecerse a las que se aprecian ahora.

El molino fue una obra de gran envergadura para aquel momento, donde todavía no existían siquiera los edificios públicos.

En lo que respecta a las compuertas, estas se mantuvieron firmes durante casi veinte años de vida y aguantó las sucesivas crecientes del arroyo, hasta que a fin del siglo XIX, tras cuatro crecientes consecutivas y anormales, en frecuencia e intensidad de las lluvias, este se desmoronó el 19 de septiembre de1900.

La industria perteneció primeramente a Julián Games. Posteriormente fue adquirido por los señores Gutiérrez, Reboyras y Cía y desde el 5 de mayo de 1884, Eduardo Zimmerman y Cía. Fueron los propietarios. Estos efectuaron una serie de mejoras que aumentaron su eficacia y lo bautizaron “La Clara”.

Fue sin duda la primera obra hidráulica efectuada sobre el arroyo Tapalqué y el comienzo de algunas modificaciones posteriores en el cauce del mismo.

Nuevas compuertas para el molino

Teniendo en cuenta los altos valores a los que se comercializaba el carbón mineral, el modo hídrico era sin duda la forma más barata de producir energía minimizar costos. Por este motivo, ni bien se derrumbó el tajamar de piedra, la firma propietaria Zimmerman y Cía. se abocó de inmediato a lograr el permiso del Gobierno provincial para construir otra represa, en el mismo lugar de la anterior, pero esta vez de madera, y con catorce guillotinas automáticas, que se abrirían solas cuando el nivel de agua las sobrepasara, provocando la presión justa para un eficaz funcionamiento.

El trasporte, ubicación y medidas eran los mismos que figuraban en el viejo plano extraviado de 1881, con pequeños cambios en el trayecto del canal de alimentación de turbinas, que en esta oportunidad iba en línea mas recta.

Un expediente descriptivo para conocer el molino La Clara

A menos de un mes de la caída de la vieja represa se envía al Ministerio de Obras Públicas un proyecto de reconstrucción con sus respectivos planos.

La trascripción textual de esta memoria descriptiva y antecedentes -firmado por el Ingeniero Civil Carbone-, nos lleva a conocer en profundidad como era el Molino La Clara, mediante este relato:

“MOLINO “LA CLARA”

Olavarría: 17 de octubre de 1900.

PROYECTO DE RECONSTRUCCION DE LA REPRESA SOBRE EL ARROYO TAPALQUEN DEL MOLINO DE E. ZIMMERMANN&CIA. OLAVARRIA

MEMORIA DESCRIPTIVA ANTECEDENTES

El importante establecimiento industrial de lo s.s. E. Zimmermann y Cia. fue fundado el 3 de marzo de 1881, a orillas del arroyo Tapalquén en el extremo Sur Oeste de la planta urbana del pueblo de Olavarría.

La concesión Incluía la construcción de un tajamar de mampostería y tres compuertas amovibles. El borde superior de aquel quedó establecido a 1m 30 sobre el nivel del fondo del arroyo, coincidiendo su fondo medio con el de la acequia de alimentación de la turbina, ulteriormente el establecimiento mereció el apoyo de la región e impulsó su desarrollo agrícola.

En los diecinueve años de vida, las sucesivas crecientes ordinarias y extraordinarias del arroyo en nada afectaron la solidez del tajamar, hasta que en este año tras cuatro crecientes verdaderamente anormales, dada la enorme frecuencia e intensidad de las lluvias, aquel cedió al empuje de la creciente acaecida el 19 de septiembre ppdo.

Este hecho ha venido a afectar hondamente al propietario industrial, asimismo perjudica los intereses del público consumidor y productor como se podrá juzgar por los datos que se refieren a la magnitud del establecimiento.

Sus actuales propietarios los s.s. E. Zimmerman y Cia, han introducido de un tiempo a esta parte grandes mejoras en él, colocándolo a la altura de los más importantes establecimientos similares de Capital Federal.

Molino La Clara y personal.

Consta de cuatro pisos, posee una turbina “Hércules Progrés” que desarrolla hasta 80 caballos de fuerza con el máximun de altura de agua que suministra el arroyo Tapalquén.

Cuenta el molino con cinco porcelanas dobles de la patente Wegmann, seis pasajes de acero Nº 9 sistema Sanz con sus cernideros sasoves y centrífugas correspondientes. El establecimiento está alumbrado a luz eléctrica y provee de esta a una parte del pueblo y edificios públicos.

Posee dos grandes depósitos, uno para diez mil bolsas de harina y otro para setenta mil bolsas de trigo.

Su propiedad y maquinaria calcúlase en un valor aproximado de doscientos mil pesos de curso legal..

Además del motor hidráulico, posee una maquinaria a vapor sistema Rawson de cincuenta caballos y una caldera “Balcock y Wilkok” para ayudar el trabajo de la turbinas en las épocas de seca o de reparaciones. Pero como muy bien puede concebirse, el trabajo económico industrial se basa sobre el motor hidráulico. Hoy mas que nunca, desde que el costo del carbón mineral se ha triplicado, a razón de 20 $ oro la tonelada en esta plaza, lo que imposibilita la existencia de los establecimientos de esta naturaleza.

El personal de la fábrica se compone de 35 hombres casi todos con familias, a los que se les proporciona habitaciones confortables y económicas. Además sostiene alrededor de 40 familias pobres dándoles bolsas a lavar, remendar y coser.

El establecimiento contribuye de una manera eficaz al desarrollo progresivo de la agricultura en el partido, por cuanto facilita a los agricultores semillas, maquinarias y dinero sin cobro de intereses, granero gratis y aún les permite vender sus cosechas en la época que lo crean mas conveniente, cosa que no pueden hacer de manera alguna los acopiadores por cuanto en ello estiba su negocio.

Se elaboran de setenta a ochenta mil fanegas de trigo anuales y sus principales mercados son el Azul, Tapalquén, Lamadrid, Laprida, C. Suárez, Saavedra y otros.

Para la elaboración de trigos patentes fiscales y municipales, contribución directa etc. etc se abonan ocho a diez mil pesos anuales.”

Algunos detalles posteriores a la reconstrucción

De este modo quedó concluido el trámite, construyéndose en poco tiempo el nuevo tajamar. Como dato extra, concluimos que el molino fue también el primer generador de energía eléctrica, incluso para buena parte del pueblo.

Reconocida unánimemente como una industria vital para al adelanto de la localidad, también fue centro de la polémica cada vez que una inundación se apropiaba de las calles olavarrienses, porque los ojos se volvían acusadoramente hacía el tajamar, vinculándolo al desastre. Y era tanta la presión ejercida por la gente, que para tratar de descomprimir la situación, los dueños del molino, luego de consultar con quienes reclamaban, hicieron un canal aliviador que, arrancando desde el zanjón de Del Valle (a la altura de calle Lavalle), desagotaba detrás de las compuertas. Una obra inútil a todas luces, pero que dejaba tranquilos a los pobladores.

Plano levantado por el Ing. Carbone en 1900. Referencias: 1 Canal aliviador realizado por la empresa “La Clara”; 2 Trayecto del viejo canal de agua para mover la turbina del molino; 3 Trayecto del nuevo canal de agua para mover la turbina del molino; 4 compuertas; 5 Molino “La Clara”; 6 Puente de hierro.

El 9 de julio de 1919, luego de una formidable inundación, gran cantidad de gente se reunió en la plaza principal para escuchar al señor Collinet proponiendo el levantamiento del tajamar del molino “La Clara”.

Luego de leer un telegrama del gobernador Crotto, que le fue entregado por el comisario Duhalde, en el cual se anunciaba un envío de 10 mil pesos para socorrer a las víctimas de la inundación, los manifestantes se dirigieron a la Casa Municipal para expresar su deseo de derribar la obra de contención a las autoridades. Al ser día feriado, el lugar se hallaba cerrado, lo que irritó aún más al grupo y se dirigieron y al tajamar.

El nerviosismo aumentó al igual que la concurrencia y se decidió hacer volar con dinamita la obra. Aunque el comisario Duhalde proponía que se aguardaran 8 días para gestionar la eliminación de las compuertas, los directores del movimiento no accedieron.

Fue así que luego de algunos incidentes, colocaron explosivos en las compuertas, y tras estallar varios cartuchos la obra siguió firme, culminando todo en un intento fallido.

El final luego de dos incendios

El 10 de diciembre de 1904 (No 1902 como dice el cartel del paseo arqueológico), el fuego se apoderó del molino. A pesar de sufrir grandes pérdidas, el mismo pudo ser recuperado para seguir con las su importante función.

Poco mas de 10 años pasaron y otra vez el fuego que causa estragos, aunque esta vez los daños fueron menores.

En 1926 hay grandes reformas que costaron más de 150.000 pesos.

Incendio y final del Molino como industria cerealera (1929).

Así continuó con su contribución, hasta que el lunes 16 de septiembre de 1929, a las 15:15, se inició un fuego en una manga de filtros ubicada en el segundo piso. De inmediato la estructura interna en la cual predominaba la madera empezó a arder, destruyendo en poco tiempo la casi totalidad de las máquinas, pisos y techos.

Aunque se salvaron 5.000 bolsas de harina, 15.000 de trigo y toda la documentación, el molino vivió ese día, el último de una trayectoria de 48 años de servicios.

Las pérdidas en productos alcanzaron los 24.000 pesos, pero sumados a los daños edilicios, esa suma se elevó a los 160.000 pesos.

A pesar de que la empresa se hallaba asegurada en la firma aseguradora Don Boc, Hssfmann y Cia, de la Capital Federal, sus dueños decidieron que ya era suficiente y decretaron el final de la primera industria que se fundó en Olavarría.

Si quieren opinar o agregar algún dato, mi blog está siempre abierto a las inquietudes, así que podrán ir a www.historiasdeolavarria.blogspot.com, que esta historia se mantendrá allí.

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