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Las mil historias de aquel pibe debilucho que a fuerza de gimnasia se convirtió en un deportista exitoso y múltiple

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Walter Minor (wminor@ubbi.com) / Especial para infoeme.com

La historia de Alberto Arouxet es casi una película de autosuperación ante la adversidad física, sobre la base del deporte: de un bagaje corporal escaso, este olavarriense se convirtió en un dotado a pura gmnasia. Al punto que llegó a la competencia internacional en pasajes que son para rememorar y disfrutar.

Alberto Eduardo Arouxet nació el 3 de noviembre de 1931 en Olavarría. Hijo de Eduardo Pablo Arouxet y Edelmira Gervasia Alvarez, forma un grupo filial de hermanos, del cual él es el mayor: Omar José y Osvaldo José son los otros dos varones y Amanda Dora la única representante femenina.

De su matrimonio con Liria Emma Dietrich nacieron dos hijas; María de la Cruz Arouxet (Médica) y María Gabriela Arouxet, quien le dio los dos nietos: Juan Matías y Esteban Tomás Iturralde.

Desde pequeño, Alberto no podía desarrollar una vida normal, debido a las malas pasadas que le jugaba su salud. Pero con extraordinaria fuerza de voluntad y basándose en las actividades gimnásticas, fue de a poco erigiéndose en un atleta múltiple, en un profesor respetado y en un docente calificado.

Jubilado en 1991, puede afirmarse que en su paso por las diferentes actividades que desarrolló no pasó inadvertido y quedan, además de los importantes logros deportivos, el fruto de un compromiso social constante, que se expresó en variadas realizaciones como fundador y pionero.

-¿En que zona de Olavarría nació?

-En un campo que estaba en el viejo camino a Sierras Bayas, por donde está el aeropuerto, propiedad de mi papá. A él se lo había dejado mi abuelo, un inmigrante francés, que al morir legó una herencia en tierras para repartir entre los hijos.

-O sea que su abuelo fue el primer Arouxet en OlavarríaÂ…

-Uno de los primeros, porque mi abuelo vino a la Argentina con dos hermano y un primo. De los tres, un hermano se fue. Casualmente, los dos que quedaron se llamaban Juan. Uno era Juan María, o sea Jean Marie, pero al pronunciarlo, aquí le decían “yamarí”. De él nació una parte de la rama de los Arouxet y de parte de mi abuelo la otra, en la que estaban el doctor Arouxet y Alfredo, que tuvo la casa ganadera y vive en la calle España.

-¿Su abuelo y su abuela eran del mismo país?

-Sí. Yo no recuerdo quién era de cada zona cuando inmigraron, pero uno era de los Altos y otro de los Bajos Pirineos, no sé si la abuela o el abuelo. A mi abuela no la llegué a conocer, falleció antes que yo naciera.

-¿En que escuela comenzó los estudios?

-Vine de pupilo a la Escuela de Rosario cuando tenía siete años. Tenía muchos problemas de salud en esos tiempos. Era muy enfermo. Nunca supe cuál era el problema mío, pero recuerdo que me hacían aplicaciones de rayos ultravioletas y me atendía el doctor Figueroa, un salteño que habitaba dónde funcionaba el Instituto Médico.

En esos dos años en Nuestra Señora del Rosario, fui el único varón que había. A mediados de año, cuando estaba en segundo grado, mis padres se vinieron a vivir a Olavarría, a la calle Vicente López 255, dónde estaban los transportes de Lovecchio, que tenían los micros que viajaban hasta Azul.

-La numeración era distinta a la de hoy.

-Claro, los números empezaban en cero en Del Valle y de allí de 100 en 100 hasta Colón, así que yo, con el 225, vivía a dos cuadras y media de Del Valle, frente a dónde estuvo el doctor Márquez y luego el doctor Cohendoz.

Nunca hizo las inferiores de un Club, pero el día que lo pusieron de arquero

fue figura. Aquí el partido del campeonato: Ferro 4 - San Martín de Sierras Bayas 2.

-Al dejar de ser pupilo ¿cambió de escuela o continuó en Rosario?

-Cambié. Fui a la Escuela Nº16, hoy Escuela Nº 1, que estaba en Sargento Cabral y Vicente López, haciendo cruz con lo que fue después la cochería Méndez. Allí hice y terminé la primaria.

-¿Y el secundario?

-Cuando empecé, el colegio se llamaba Instituto Incorporado Coronel Olavarría y funcionaba en la calle Rivadavia entre Velez Sársfield y Avenida Del Valle, pegada a donde está ahora la Jefatura Distrital de policía, pero a los 6 meses se oficializó y pasó a ser Colegio Nacional y entonces se lo trasladado a la Escuela Normal.

-Usted practicó varios deportes. ¿Con cuál se inició?

-Empecé en el atletismo cuando iba a sexto grado. Era un torneo inter-escolar que organizaba la Comisión Distrital, compuesta por Rodolfo Díaz, empleado de Vialidad, el profesor Mario Ruiz e Iram Bensabath. El encargado de ese evento que se hizo en Racing era Horacio Victorino Páez, el primer profesor de educación física que tuve.

En primer año cumplía la función de profesor de educación física Héctor Nicolás Amoroso, que también era el director del colegio. Después, cuando yo estaba en segundo, vino Enrique Mario Caldironi, y él fue el que me entusiasmó para el salto en alto, el que más me enseñó.

-¿Qué le aportó el profesor Caldironi?

-Yo saltaba el estilo tijera y el me enseñó el barrel roll. En esa época estaba el barrel roll y el western roll, eran el paso al costado y el paso montar a caballo. De los dos, me dijo que me convenía hacer el montada a caballo, o sea barrel roll y así que comencé con ese estilo. Nos entrenábamos dos o tres días. Los días que tenía educación física entrenábamos en Estudiantes, temprano cuando estaban los juegos intercolegiales y el resto de los días a la noche.

De noche íbamos al velódromo de Racing, que era el único lugar que tenía luz. En el medio del velódromo estaba ubicada la cancha de básquet y sobre la calle Cerrito, dónde ahora están los juegos, había un cajón para salto en alto y la corredera de salto en largo. Ahí usábamos el saltómetro. Y corríamos alrededor de la pista. Por ahí había algunos problemitas con los que hacían ciclismo, pero nos llevábamos bastante bien.

Una postal de lo duro que era saltar en alto en otros tiempos. Al caer, el

atleta tenía que luchar con un piso de arena o de tierra removida a pala.

-¿Cómo eran las olimpíadas intercolegiales?

-Antes de las olimpiadas eran torneos intercolegiales. Hasta 1955 eran organizados por los propios colegios. Cada departamento de educación física del colegio planeaba el evento, que siempre se hacía en el club Estudiantes. Una vez lo organizaba NYCO, otra vez la escuela Normal, otra vez la Agropecuaria. Antes eran cinco escuelas y artes y oficios la otra.

Es lamentable que hayan sacado los departamentos de educación física de las escuelas. Más que Departamento de Educación Física, le llamaban el Club Colegial, que ahora son las Asociaciones Estudiantiles.

-Usted en 1946 ganó la competencia intercolegial de salto en alto con una marca de 1.67 metros, que fue récord. ¿era más problema la caída que el salto en sí mismo?

-Y... sí. Los cajones de salto eran de arena Montevideo, no como ahora que tienen colchones. En el primer torneo ahí en Racing, ni siquiera hubo arena, era la misma tierra punteada con una pala para aflojarla.

-Si colchonetas no había, supongo que garrochistas tampocoÂ…

-¡¡Sí que había!!

-¿Eran garrochistas o suicidas?

-YÂ… casi. Rodolfo “El Paraguayo” Guanes caía de tres metros, Carlos Panosetti de unos pocos centímetros menos. Eran duros los golpes.

-¿Cuál fue su actuación más destacada en atletismo?

-El campeonato argentino de salto en alto que logré en Buenos Aires el 30 de octubre de 1954. El torneo era para atletas libres y fue organizado por la FECSYDA . Mi profesor era Jorge Kinstenmacher, quién fuera luego preparador físico de Estudiantes de La Plata y Boca, entre otros. Esa vez llegué y Jorge me preguntó que había hecho desde que me levanté a lo que respondí que a la mañana había estado en la pileta. Entonces me tomó del hombro y me dijo que diera dos vueltas a la pista haciendo “saltos de rana” para volver a endurecer los músculos de las piernas.

Ese día salté 1,75 metros y superé a Bártoli, un atleta que con el tiempo saltó los dos metros. Fue el mayor logro que obtuve hasta que abandoné la práctica en 1955.

-¿Dónde hizo el profesorado de Educación Física?

-En el Instituto San Fernando de Buenos Aires. Era el único que había en esa época. Después habían algunos que estaban en la Universidad. Por ejemplo, tenía instituto de Educación Física Tucumán y el otro que había estaba en La Plata. En San Fernando estuve becado durante los tres años, 1953, 1954 y 1955.

-¿Qué otro deporte practicó durante su estadía en Buenos Aires?

-Rugby. Jugué en San Fernando, en el torneo oficial. Después, cuando ya estaba recibido y ejercía en Olavarría, los alumnos del Colegio Nacional me pidieron practicar este deporte e hicimos el primer partido que se realizó en Olavarría en junio de 1957 entre dos equipos que denominamos rojos y azules. Yo jugué para los rojos, que ganaron 9 a 6. Practicábamos todos los lunes en Estudiantes

Arouxet con su familia, hoy. Epoca de disfrutar y de recordar.

-¿En que año comenzó a trabajar como profesor en Olavarría?

-Me recibo en 1955 y el 2 de enero 56 empiezo a trabajar en Ferro Carril Sud, donde yo jugaba al básquet. Hacía la preparación física del fútbol, director técnico de básquetbol. El 14 de mayo, cuando se iniciaron las clases ese año, por el problema de la revolución del 55, empecé con seis horas en el colegio Normal y seis horas en el colegio Nacional.

-En 35 años de actividad debe haber pasado por varios establecimientos.

-Fui profesor fundador de Cáneva, donde trabajé como dos años sin percibir haberes, fui profesor del Colegio José Manuel Estrada y profesor fundador del Colegio San Antonio de Padua. Cuando se hizo la parroquia de Fátima, yo vivía a media cuadra de allí, en la calle España, que antes era Moya. Alquilaba un departamento a don Roque Serazo. Allí se quedaba a cenar el padre Vicente Aducci cuando volvía de trabajar en los cimientos de la parroquia.

El Instituto de Educación Física comenzó a funcionar en Olavarría en la década del 70Â’ y ahí también estuve como profesor. Primero como profesor de handball, después como profesor de básquetbol, atletismo y didáctica.

¿El "charro" Arouxet? Toda la estampa de los días en

que lo hicieron pasar por basquetbolista mexicano.

-¿Cómo empezó su relación con el básquet?

-Empecé a jugar al mismo tiempo que hacía atletismo. Había una canchita auxiliar en Racing, donde practicaban las divisiones inferiores y ahí jugábamos. Después tuve un problemita, ¡cosa de muchachos!, yo quería jugar, iba, iba y no me ponían, así que un día aparecí en Ferro y ahí estuve muchos años.

Yo jugué en el único año que Ferro salió campeón. El 4 de abril se cumplieron 50 años. El 4 de abril del año 58, le ganamos a Estudiantes en la cancha de Ferro por 50 a 48 y definimos el título. En Estudiantes jugaban Alberdi, Ernesto Casemayor, Carlitos y Jorge Pellicioni. Fue la única vez que Ferro salió campeón en primera.

-¿Se acuerda cómo formaba aquel equipo campeón?

-¡Sí, como no me voy a acordar! Néstor “Pocho” Salas, era un muchacho de Lamadrid que falleció muy joven, en una cancha de bochas, jugando en Jorge Newbery de Lamadrid. Después estaba Orestes Andrés Baltrachini, que era de Azul, muy buen jugador. Estuvo primero en Azul, después vino a Olavarría, después se fue a Coronel Suárez, de ahí a Pigüé. Era electricista. En Pigüé llegó a ser senador provincial. Se mató en un accidente de auto, cerca de Saladillo. Después estaba “Bolita” Sbardolini, radicado en Mar del Plata. José Manolio, carpintero de Pueblo Nuevo; Washington Rodríguez, que vive en La Plata; Ernesto Brienzo de Sierras Bayas, que tiene 81 años y estaba Francisco Bileni, que también falleció y yo.

¿Que posición ocupaba en la cancha?

-Atrás. Antes la única formación que había era dos, tres o dos uno dos. Primero se hacía la marcación hombre a hombre, después vino la combinada, que eran dos, dos y un volante que marcaba al hombre mas peligroso.

-¿Fue profesor en otra institución?

-En el año que mataron a Kennedy, no me acuerdo si fue 1962 ó 63, me fui a Loma Negra. Tenía a cargo natación, fútbol, básquetbol y el Club de Niños. Allá encontré que había todavía un plantel de jugadoras de básquet, dirigidas por las hermanas Riveras, tías de “El Negro” Rivera, que jugara al fútbol allí.

-¿Cómo hacía para descansar con tanta actividad?

-Y... yo salía temprano de acá y había veces que mi señora mantenía a las nenas despiertas para que pudiera verlas. De Olavarría me iba a las 6 de la mañana y a veces regresaba a las 11 de la noche. En ese entonces vivía en la calle Moya (hoy España), pasando Colón, media cuadra.

-Cerquita de uno de los tantos zanjones que tenía cada avenida.

-Claro... de hecho, el zanjón más grande estaba en la avenida Sarmiento, de ahí se salía para la ruta de Sierra Chica. Era inmenso. Y además sucio. Ahí se tiraban vendas, gasas y otros descartes del hospital.

Sumale a eso toda la mugre que aportaba la zanja del ferrocarril. Por suerte, a esos zanjones los terminaron entubando, aunque algunos siguieron provocando problemas, como el de avenida Trabajadores, que cedía el suelo.

-Eso y los varios cauces temporarios rellenados, como el que pasaba por debajo de la Escuela Normal, trajo inconvenientes en muchos lugares.

-Te cuento que cuando yo vivía con mis padres, en Moreno, frente al negocio de Baterías Canevello, por ahí pasaba un arroyo. Había también un nogal que no lo podíamos abrazar entre dos personas. Mi papá lo tuvo que cortar porque creaba muchos problemas en los techos de los vecinos. Ese arroyito formado por la inclinación natural del suelo que pasaba por mi casa luego fue rellenado.

Con el Ferro campeón de 1958. Néstor “Pocho” Salas, Orestes Andrés Baltrachini, “Bolita”

Sbardolini, José Manolio, Washington Rodríguez, Ernesto Brienzo, Francisco Bileni.

-Volviendo al deporte. En el año 1957 usted aparece como arquero de Ferro Carril Sud en 6 oportunidades y según las notas de la época, cumpliendo buenas actuaciones Incluso derrotan en una oportunidad al campeón, San Martín por 4 a 2, en una de las dos únicas caídas que sufrio el poderoso equipo serrano. ¿Usted hizo todas las inferiores en Ferro?

-No. Yo nunca había jugado al fútbol oficialmente, sólo lo hice algunas veces en la escuela y el instituto, pero esa vez, Ferro se había quedado sin arquero y yo para salvar la situación atajé algunos partidos, pero nunca había jugado oficialmente.

-Hay un recorte sacado de diario “El Líder”. ¿Era del peronismo la publicación?

-Sí. Y fijate vos que lo que dice es mentira.

(Se titula “Instructores de atletismo” y dice: “Excelentes profesores de educación física están al servicio de las posibilidades deportivas de los afiliados a la U.E.S. En la foto aparecen algunos de ellos, especializados en atletismo, posando especialmente para El Líder. De izquierda a derecha son: Emilio Chiozza, Eduardo Machicote, Luis Tebes, Jorge Perinotto, Roberto Azcurrain, Alberto Arouxet y Rogelio González.)

Dice “destacados profesores” y yo no me había recibido todavía. Nos obligaban a ir a trabajar a la U.E.S. y si no íbamos nos sacaban del Instituto. Como antes, cuando estaba en el secundario. Nos obligaban a escuchar los planes quinquenales, a estar tres horas parados, entre gente que se desmayaba del cansancio. ¡Te aclaro que yo no soy políticamente de ningún partido!

-¿Conoció otras personalidades, además de Perón?

-Tuve la suerte de conocer al boxeador Luis Angel Firpo. Cuando le di la mano, daba la sensación de agarrar un pedazo de carne de vaca, parecía que no tenía huesos.

Conocí a Pelvetti, el levantador de pesas, al boxeador Martiniano Pereyra, a Luis Elías Sojit y a “Córner”, dos hermanos que eran periodistas... en fin, a varios.

¿ Algún hecho insólito que lo haya tenido como actor?

-En el año 1954 se realizaron las cuartas olimpíadas universitarias en el Balneario Norte y estaba de director en ese momento, Enrique Mario Caldironi, que era de Olavarría. Yo cuidaba la delegación de Tucumán que había traído en el tren algunos chivos, ¡y los tenían en el dormitorio!. No sabés el olor que había.

Nos turnábamos, porque éramos alumnos de tercero que teníamos un profesor encargado. Un día me mandan a descansar, entonces voy y me acuesto en la primera cama del primer cuarto que había. Estaba durmiendo, cuando veo que abren la puerta y entra Perón, con Méndez San Martín y la custodia. Pegue un salto y así, como estaba, en calzoncillos me paré y le di la mano. No tuve tiempo ni de ponerme los pantalones

-¿Un hecho gracioso que recuerde en su paso por Buenos Aires?

-Una vez jugué al básquet para México, porque les faltaba uno. Yo estaba dando clases en el U.E.S., entonces vienen algunas personas con uno de los que decidían y me hacen sacar las ropas y me empiezan a vestir con la del equipo mexicano, entonces yo, sorprendido, les digo “¡Che... no me van a perder la ropa mía!”, a lo que me contestan que me quedara tranquilo, que no iba a pasar nada pero me advirtieron que “cuándo lo salude Perón, usted no diga una palabra... no hable, agache la cabeza, usted es de México, es un mexicano más”. Así que formé con el equipo y cuando pasó Perón hice lo que me pidieron. Le di la mano, agaché la cabeza y no hablé. Jugué un rato, con Perón en el palco y Méndez San Martín, que siempre estaba con él, después apareció el jugador que faltaba, se hizo el cambio y yo a escondidas me fui, me cambié y seguí dando clases.

¿Una actuación inesperada?

-En el teatro Gregorio de la Ferrere, que estaba en la UES. Estaban Perón y toda la comitiva y faltó el animador, entonces se acerca una profesora que me quería mucho, Maruja Ramosanta de Rapella, y me dice “Usted me tiene que salvar”. Entonces le pregunto el motivo y me dice, “usted tiene que hacer de anunciador” Y yo:“¡No!, que me voy a meter, está el presidente Perón, están todos! ¡Yo no me meto ahí!. Pero me insistió pidiéndome que le hiciera ese favor porque íbamos a quedar mal y que se yo cuántas cosas más. ¡Al final terminé conduciendo el acto ahí! Era la segunda presidencia de Perón y yo actué como locutor

¿El recuerdo especial?

-Saludé cinco veces a Perón, pero la que recuerdo por lo insólita, es cuando le di la mano estando en calzoncillos

¿Tiene esa foto para publicarla?

-¡Nooo! (risas). Vas a tener que confiar en lo que te digo.

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